La reciente designación de Los Viagras y el Cártel de Juárez como organizaciones terroristas extranjeras, así como las acusaciones contra integrantes de Cárteles Unidos apuntan a un giro clave en la estrategia del gobierno de Estados Unidos contra los cárteles mexicanos.
Más allá de perseguir a sus líderes o desarticular sus estructuras, el foco ahora se dirige hacia los corredores logísticos que sostienen sus operaciones, rutas que abarcan la “infraestructura económica crítica de América del Norte” como puertos, corredores ferroviarios, cruces fronterizos, cadenas manufactureras, sistemas energéticos y exportaciones agroalimentarias.
En su columna 'El mapa secreto de México sobre los escritorios de Washington‘, publicada en El Financiero, el analista en seguridad Eduardo Guerrero Gutiérrez sostiene que las acciones recientes de las agencias estadounidenses permiten identificar cuatro de estos corredores estratégicos:
- El corredor Jalisco-Michoacán-Colima
- El corredor Sinaloa-Sonora-Baja California
- El corredor Tamaulipas-Nuevo León-Coahuila
- El corredor Chihuahua-Ciudad Juárez-El Paso.
Guerrero señala que el cambio de enfoque responde a una realidad: los cárteles en México dejaron de ser estructuras dedicadas exclusivamente al tráfico de drogas y se transformaron en redes con capacidad para intervenir en economías locales, controlar territorios y afectar sectores estratégicos de la economía norteamericana.

Los cuatro corredores que concentran la atención de Estados Unidos
De acuerdo con el análisis de Eduardo Guerrero, estos son los cuatro corredores que permiten entender las prioridades actuales de Washington en materia de seguridad.
Jalisco-Michoacán-Colima: el corredor del Pacífico y la batalla por el territorio
El corredor que conecta a estos tres estados es uno de los puntos más relevantes del nuevo mapa estratégico.
Para Eduardo Guerrero, Michoacán pasó de ser uno de los principales centros de producción de metanfetamina a uno de los nodos más importantes para el comercio entre Asia, México, Estados Unidos y Canadá.
Estos son los cinco factores que, de acuerdo con el analista, explican ese interés:
- Puerto de Lázaro Cárdenas. Dejó de ser visto únicamente como una vía de ingreso de precursores químicos para la fabricación de metanfetamina. Hoy es uno de los principales puntos de entrada de mercancías asiáticas hacia América del Norte, además de abastecer a las industrias estadounidenses.
- Infraestructura ferroviaria. La red que conecta Lázaro Cárdenas con el Bajío y Texas es una de las rutas logísticas más importantes para las cadenas manufactureras del T-MEC. Según Guerrero, cualquier interrupción en este corredor afectaría las cadenas manufactureras de América del Norte.
- Producción agroalimentaria. Michoacán es uno de los principales exportadores de aguacate, berries, limón y otros productos agrícolas hacia Estados Unidos. Para Washington, la extorsión a productores, los bloqueos carreteros o el control criminal de empacadoras ya no son solo un problema local, sino un riesgo para el suministro de alimentos.
- Infraestructura energética. El interés estadounidense también alcanza el robo de combustible y otras actividades ilícitas vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cárteles Unidos, como la extorsión, la minería ilegal, el control portuario y el comercio ilícito.
- Corredor estratégico del T-MEC. Guerrero sostiene que Michoacán forma parte de un corredor logístico esencial para conectar el Pacífico con el centro y norte del país. Por ello, las acciones recientes de Estados Unidos contra el narco apuntan a proteger esa infraestructura crítica.
Sinaloa-Sonora-Baja California: la ruta del fentanilo hacia EU
El segundo corredor está en la zona norte del país y se trata de una franja históricamente vinculada con el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Guerrero señala que su importancia estratégica creció con el auge del fentanilo y otras drogas sintéticas. La zona concentra rutas de producción y traslado hacia los cruces fronterizos con California y Arizona, fundamentales para la economía estadounidense.
También es el principal bastión del Cártel de Sinaloa y de las facciones en disputa de Los Chapitos y La Mayiza, acusadas de narcoterrorismo por Estados Unidos y presionadas a través de sanciones económicas contra operadores y empresas asociadas con el cártel.
Tamaulipas-Nuevo León-Coahuila: la frontera que mueve el comercio bilateral
Este corredor concentra algunos de los principales cruces comerciales entre México y Estados Unidos, como Nuevo Laredo (“el principal puerto terrestre del continente”, señala Guerrero), así como Reynosa y Matamoros, que conectan directamente con algunos de los polos industriales más dinámicos de Texas.
Además, su infraestructura energética y aduanera convierte a esta región en un punto crítico para el comercio bilateral.
De acuerdo con el analista, la designación del Cártel del Noreste y del Cártel del Golfo como organizaciones terroristas extranjeras, junto con el creciente interés de Estados Unidos por el contrabando de combustibles, el tráfico de armas y las redes transfronterizas de lavado de dinero, “sugieren que Washington comienza a observar este corredor como un componente esencial de la seguridad comercial y energética de América del Norte”.
Chihuahua-Ciudad Juárez-El Paso: el eje manufacturero entre México y Texas
El cuarto y último corredor de esta lista se concentra en el norte del país, entre Chihuahua, Ciudad Juárez y El Paso, Texas. Se trata de uno de los cruces fronterizos más importantes por su intercambio comercial y por la integración industrial entre ambos países.
De acuerdo con Guerrero Gutiérrez, Ciudad Juárez ha sido durante décadas un punto clave para el crimen organizado no solo por su cercanía con Estados Unidos, sino porque “forma parte de uno de los complejos manufactureros binacionales más importantes del continente”.
La reciente designación del Cártel de Juárez como organización terrorista extranjera refleja la relevancia que este corredor ha adquirido para Washington.







