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⁠¿Quién fue Vicente López? El hombre que comenzó La Costeña preparando chiles en una tienda de abarrotes

La Costeña nació con unos chiles preparados en una tienda de Tlatelolco y pasó de las latas hechas a mano a vender en más de 70 países.

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Antes de crear el negocio de chiles, el fundador de La Costeña, Vicente López Resines, ofrecía chiles para ponerles a las tortas que vendía en su tienda de abarrotes. [Fotografía. Shutterstock, ChatGPT, La Costeña]

Antes de llenar los anaqueles de tiendas y supermercados mexicanos con latas de chiles, frijoles y conservas, los productos La Costeña solo estaban disponibles en una pequeña tienda de abarrotes de Tlatelolco. Ahí, su fundador Vicente López Resines preparaba chiles en vinagre para acompañar las tortas que vendía, sin imaginar que aquella receta terminaría convirtiéndose en el origen de una de las empresas de alimentos más grandes del país.

La historia de aquel negocio vuelve a cobrar relevancia tras el fallecimiento de Vicente López Rodea, hijo del fundador y presidente del Consejo de Grupo La Costeña. La Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN) informó sobre su muerte y recordó su participación como consejero, socio y fundador de la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias.

Para entender cómo un pequeño negocio terminó por convertirse en una de las empresas de conservas más grandes de México, hay que regresar a 1923, cuando Vicente López Resines comenzó a preparar chiles detrás del mostrador, envasarlos a mano y venderlos en las tiendas de la esquina.

¿Cómo pasó La Costeña de la trastienda a una fábrica?

Antes de dedicarse por completo al negocio de las conservas, Vicente López Resines tuvo una tienda de abarrotes en Tlatelolco. El comerciante español llegó al país después de pasar una temporada en Estados Unidos, donde trabajó para distintas empresas dedicadas al envasado de salsa de tomate, experiencia que más tarde aprovechó en su propio establecimiento.


El producto que terminaría por transformar el negocio comenzó como un acompañamiento para las tortas. Vicente López Resines preparaba chiles jalapeños y serranos en vinagre que ofrecía a sus clientes junto con los alimentos. “Él preparaba los chiles solo, en la trastienda”, comentó Rafael Celorio, director general de La Costeña durante décadas.

La aceptación de la receta abrió una oportunidad que iba más allá de las tortas. Los clientes comenzaron a comprar los chiles por separado y López Resines amplió su distribución hacia otros comercios.

Los colocaba en latas de 3 kilos para que las tiendas los despacharan a granel en vitroleros de cristal, una práctica habitual antes de que existieran las presentaciones individuales.

En aquellos primeros años, el proceso todavía era prácticamente artesanal. El propio López Resines “empezó a fabricar sus propias latas, las cerraba a mano y salía a venderlas”, relató Celorio en una entrevista con la periodista Cristina Pacheco.

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La primera fábrica de La Costeña se ubicó al norte de la CDMX. (Foto: Imagen generada con IA Gemini/Wikimedia Commons).

¿Dónde instaló Vicente López Resines la primera fábrica de La Costeña?

La trastienda de Tlatelolco comenzó a quedar pequeña. La demanda de los chiles creció y Vicente López Resines necesitó un espacio que le permitiera producir más allá de los métodos artesanales con los que inició el negocio.

Primero trasladó sus operaciones a la zona de Calzada de Guadalupe y después encontró en la colonia Estrella, al norte de la CDMX, el lugar para instalar la primera fábrica, en 1937.

A diferencia de las grandes plantas que décadas después formarían parte de la compañía, aquella operación comenzó con apenas 15 trabajadores, quienes acompañaron a López Resines en la transición de un pequeño negocio familiar hacia una empresa dedicada a la producción de conservas.

El crecimiento obligó a transformar también la forma de envasar los productos. Las latas que López Resines llegó a fabricar y cerrar a mano dieron paso a procesos mecanizados.

En 1951, La Costeña incorporó una línea automática para producir envases de 3 kilos y, cuatro años después, añadió maquinaria para las presentaciones de 105 gramos.

La fábrica de la colonia Estrella pronto quedó pequeña ante el aumento de la producción y la expansión de la distribución a más puntos del país. Para responder a esa demanda, La Costeña volvió a ampliar sus instalaciones y, en 1971, trasladó sus operaciones a Ecatepec, Estado de México.

La planta de Ecatepec alcanzó una superficie de 40 hectáreas y se convirtió en una de las principales instalaciones de La Costeña, muy lejos de aquella primera fábrica donde 15 personas ayudaban a producir los chiles que dieron origen a la compañía.

¿Cómo creció La Costeña y qué marcas forman parte del grupo?

Con el paso de los años, los chiles dejaron de ser los únicos protagonistas. La Costeña amplió progresivamente su catálogo con productos como elote dorado, ensaladas de verduras, chícharos, pimientos y salsas, mientras su infraestructura continuó creciendo.

En 1990, la compañía inauguró una planta en Guasave, donde desarrolló un sistema para envasar puré de tomate mediante ultrapasteurización en envases de cartón. De igual forma, incorporó el sistema abre fácil en las latas de chiles y conservas.

La diversificación continuó en 1996 con una planta dedicada a la producción de frijoles. Un año después entró en operación otra instalación en San Luis Potosí, donde se elaboraron productos como chiles en frasco, nopales, moles y tamales.

Incluso, la expansión de La Costeña se extendió a otros negocios de la industria alimentaria. En 2000, Grupo CLC, empresa vinculada con La Costeña, inició la adquisición de acciones de Sabormex, que conservó su identidad y un portafolio que incluía marcas como La Sierra, Clemente Jacques y Café Legal.

El crecimiento llevó los productos de la compañía fuera de México, hacia mercados como Estados Unidos, China y Australia. Actualmente, La Costeña reporta presencia en más de 77 países y un portafolio de más de 300 productos, mientras su infraestructura incluye tres plantas de producción en México, dos en Estados Unidos y una en Sudamérica.

La compañía también diversificó su portafolio mediante la incorporación de distintas marcas de alimentos y botanas, entre las que se encuentran Doña Chonita, Rancherita, Totis, Pap’s, Cacahuates Nipón y Zak’s.

Con más de un siglo de historia, La Costeña pasó de preparar chiles en la trastienda de una tienda de Tlatelolco a construir un negocio cuyos chiles jalapeños, salsas, verduras y demás productos se pueden encontrar tanto en las tiendas de la esquina como en los supermercados.

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