La corrupción fue durante mucho tiempo una de las principales armas de Javier Milei, presidente de Argentina, contra el movimiento peronista que dominó la política argentina durante décadas. Ahora se ha convertido en una de las vulnerabilidades que erosionan la imagen del presidente libertario y alimentan los planos de regreso de la oposición.
Con la popularidad de Milei en su nivel más bajo en más de dos años, la conversación sobre las elecciones de 2027 domina las reuniones con inversores y los círculos políticos en Argentina. La pregunta es si ha llegado el momento de una tercera vía entre la terapia de shock que caracteriza a Milei y el peronismo derrochador representado por su figura principal, Cristina Kirchner.
“Milei ya no tiene asegurada la reelección”, afirmó Steven Levitsky, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. “Hoy, el peronismo aparece como la alternativa más viable”.
Sin embargo, el propio peronismo debate qué tipo de alternativa quiere ofrecer. Conversaciones con dirigentes del partido y analistas muestran una creciente disputa interna sobre si el movimiento debe prometer revertir el programa de fuertes recortes impulsado por Milei o aceptar sus principales pilares —disciplina fiscal, un Estado más pequeño y cumplimiento de la deuda— incorporándoles un sello claramente peronista.
Acertar en esa estrategia permitiría revitalizar una fuerza política que ha sabido reinventarse durante las últimas ocho décadas y supondría una nueva apuesta para una sociedad que busca recuperar cierta estabilidad económica tras años de estancamiento, alta inflación y sucesivas crisis de deuda.
Una derrota de Milei, convertida en una de las principales referencias ideológicas del movimiento MAGA, también dificultaría el intento del presidente Donald Trump de consolidar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental y ofrecería una narrativa alternativa frente al giro político hacia la derecha en América Latina.
El principal para liderar esa disputa es el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, impulsado por sus dos mandatos al frente de la provincia más poblada del país.
Pero también es quien más preocupa a los mercados. Kicillof fue un estrecho colaborador de las dos veces presidenta Cristina Kirchner al frente del Ministerio de Economía durante el default soberano de 2014, y se convirtió en sinónimo precisamente del tipo de políticas económicas intervencionistas que Milei fue elegida para desmantelar.
“Si se empieza a armar un escenario de nuevo bien binario en el cual es Milei o Kicillof es malo para los bonos, porque el problema es que el mercado le asigna al kirchnerismo una chance de default muy alta”, señaló Iván Stambulsky, economista para América Latina de Barclays.
Un número creciente de argentinos asegura sentirse insatisfecho tanto con Milei como con Kicillof, lo que abre espacio para dirigentes que intentan construir una opción intermedia. Según una encuesta de TresPuntoZero realizada en mayo, cerca del 30 por ciento de los consultados afirma que no votaría ni por Milei ni por Kicillof o está indeciso, frente a aproximadamente un 11 por ciento en 2025.
Las posiciones más extremas siguen dominando las encuestas. Como consecuencia de la fragmentación política, dirigentes, gobernadores y empresarios de distintos sectores analizan la posibilidad de construir una tercera vía: preservar la ortodoxia fiscal de Milei y su compromiso con el pago de una deuda que algunos estiman en 264.000 millones de dólares, pero combinándolos con un Estado más activo en materia de inversión, infraestructura y empleo.
Los mercados, sin embargo, mantienen sus dudas sobre la viabilidad de una alternativa moderada. Los bonos soberanos en dólares bajo legislación local con vencimiento en octubre de 2028 —un año después de las elecciones presidenciales— rinden actualmente un 7.68 por ciento, unos 354 puntos básicos más que títulos similares con vencimiento en octubre de 2027, reflejando la incertidumbre que anticipan los inversores.
“En Argentina, el eje electoral es emisión cero o emisión infinita”, afirmó Emmanuel Álvarez Agis, fundador de la consultora PxQ y exviceministro de Economía durante la gestión de Kicillof entre 2013 y 2015. Para los inversores, agregó, “es suicida ignorarlo”.
Ese debate probablemente habría permanecido en el plano teórico si Milei hubiera conservado el dominio político que exhibía tras su amplia victoria en las elecciones legislativas de octubre. Sin embargo, una serie de errores no forzados ha devuelto impulso a la oposición.
Milei aún no cumple su promesa de bajar la inflación
La principal promesa de Milei —derrotar la inflación— todavía no se ha cumplido plenamente. Aunque había anticipado que la inflación mensual caería por debajo del 1 por ciento a mitad de año, el índice continúa rondando el 3%. Los sectores con mayor generación de empleo siguen mostrando debilidad, el desempleo aumentó y los salarios reales todavía no logran recuperarse de manera significativa.
Al mismo tiempo, las denuncias de corrupción se multiplican alrededor del gobierno. Las investigaciones que involucran a altos funcionarios —y que provocaron la renuncia del jefe de Gabinete Manuel Adorni en junio—, sumadas al renovado escrutinio sobre el papel de Milei en el escándalo de una criptomoneda meme, han contribuido a que la corrupción desplace a la inflación como la principal preocupación de los críticos.
Joaquín de la Torre, estratega político que anticipó correctamente el resultado de las elecciones legislativas, considera que el mayor error de Milei fue interpretar esos cómicos como un respaldo pleno a su gestión y no como un rechazo a la oposición.
“No ganaron ellos, perdió Cristina”, afirmó. “Vos todavía le debes al electorado”.
Para el peronismo, el interrogante ya no consiste únicamente en cómo enfrentar a Milei, sino también en quién encabezará el movimiento tras la condena de Cristina Kirchner a prisión domiciliaria y su inhabilitación para ejercer cargos públicos en junio pasado.
Nadie se ha movido con mayor decisión que Kicillof para ocupar ese espacio. Durante los últimos dos años ha trabajado para posicionarse como el futuro líder del peronismo o, como él mismo dijo en 2023, como alguien dispuesto a “cantar nuevas canciones”. Esa estrategia alimentó una fuerte disputa con los sectores más leales a Kirchner, que siguen viéndola como la principal referencia del movimiento y lo han abucheado en distintos actos, acusándolo de traicionar al espacio político que impulsó su carrera.
El desafío de Kicillof consiste en heredar el kirchnerismo sin quedar prisionero de él. Para controlar el peronismo necesita conservar a su base más fiel, pero para ganar la presidencia debe convencer a los votantes de que representa algo distinto del modelo que rechazaron al elegir a Milei en 2023. Lo que sí ha dejado claro es que no pretende imitar al actual mandatario.







