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Así funciona el Banco de Alimentos en CDMX: Almacenes, fábrica de tortillas y comedor comunitario

En el último año, la Red de Bancos de Alimentos ayudó a rescatar más de 200 mil toneladas de alimentos en el país, los cuales de otro modo habrían terminado en la basura.

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Aunque el Banco de Alimentos logró rescatar miles de toneladas en un año, esa cantidad representa menos del 1 por ciento de los alimentos que terminan en la basura. (Foto: Cecilia L. García)

Imagina un almacén lleno de estantes con bolsas de frijoles, aceite, azúcar, litros de leche y latas; cajas repletas de fruta y verdura en perfecto estado, así como productos de higiene personal.

Ahora piensa que una parte de esos productos, incluso cuando todavía son aptos para el consumo, termina en la basura. Es un panorama que parece irreal, pero ocurre todos los días en México.

Mientras 44 millones de personas viven en inseguridad alimentaria —es decir, en incertidumbre o incapacidad para obtener suficientes alimentos—, cerca de 30 millones de toneladas de comida se desperdician cada año en nuestro país, de acuerdo con la Red de Bancos de Alimentos de México.

“México no tiene un problema de escasez de comida, tiene un problema de distribución. Todos los días hay alimentos en buen estado que se pierden (...) mientras a unos kilómetros hay familias que no completan sus comidas”, indica Mariana Jiménez, directora general de la institución.


Para evitar que estos productos terminen en los vertederos, en 1995 nació la Red de Bancos de Alimentos, una organización que no solo busca impedir que la comida llegue a la basura, sino también distribuirla entre las comunidades que la necesitan.

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En el Banco de Alimentos de la CDMX se tienen tres almacenes en los cuales se colocan los alimentos. (Foto: Cecilia L. García)

¿Qué es el Banco de Alimentos? Así funciona la red en la CDMX

El bullicio de los comerciantes, la música que acompaña otra jornada de trabajo y el ir y venir de compradores en busca de frutas y verduras frescas forman parte del paisaje de la Central de Abasto de Iztapalapa, uno de los principales puntos de abastecimiento de la Ciudad de México.

Sin embargo, pocos saben que en la periferia de este enorme mercado, al que acuden propietarios de restaurantes, comerciantes y compradores al menudeo, se encuentra el Banco de Alimentos de la Ciudad de México.

La fachada puede pasar desapercibida, pero el trabajo que se realiza dentro no. Tan solo durante el año pasado, la Red —compuesta por 59 bancos distribuidos por todo el país— logró rescatar más de 200 mil toneladas de alimentos.

A esta cifra contribuyó el Banco de Alimentos de la Ciudad de México, que está lejos de ser una pequeña bodega para almacenar comida: tan solo en un mes logra rescatar cerca de 2 mil toneladas.

Para ello, el recinto se divide en tres grandes almacenes, donde se colocan productos perecederos y no perecederos recuperados de tiendas de autoservicio y centrales de abasto.

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El Banco de Alimentos rescata frutas y verduras que de otro modo terminarían en la basura. (Foto: Cecilia L. García)

Dentro, grandes estantes se extienden desde el suelo hasta el techo, llenos de semillas, legumbres, latas de verduras, productos de higiene personal y hasta galletas. Las bodegas también se llenan de color con las frutas y verduras que son recolectadas.

Son productos listos para consumirse, cocinarse o utilizarse en conservas, mermeladas y otras preparaciones, pero que, por diferentes motivos, terminarían en la basura.

“Es producto de muy buena calidad, pero quizás cuando llegan (a las centrales, mercados o centros comerciales) no tuvieron quien se los comprara o no fue el precio que estaban esperando, entonces prefieren tirarlo a la basura”, explica Claudia Sánchez, líder de Pacto por la Comida.

Es ahí donde entra la labor del Banco de Alimentos. Antes de que todo termine en un vertedero, se recupera: “Los alimentos que no tenían el color que quería o que ya casi se iba a madurar, en lugar de que lleguen a un bote de la basura, llegan a comunidades que lo requieren”, indica Claudia.

La mayoría de los productos llegan a través de donaciones de los propios comerciantes de las centrales, así como de grandes empresas que envían lotes que tuvieron una baja rotación.

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Las frutas y verduras son parte de los alimentos que más se desperdician. (Foto: Cecilia L. García)

¿Por qué no es posible rescatar más alimentos?

La labor que realizan los Bancos de Alimentos del país es titánica, pero todavía resulta insuficiente: “Calculamos 30 millones de toneladas las que se desperdician y solo estamos rescatando 200 mil, no es ni el 1%”, dice Claudia.

La diferencia tiene una explicación: “No nos dan las camionetas para ir por las donaciones”, señalan en el Banco de Alimentos de la Ciudad de México. A esto se suma otro reto: el tiempo disponible para distribuir los productos es corto.

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Las verduras y frutas se colocan en los paquetes alimentarios para las comunidades. (Foto: Cecilia L. García)

“Buena parte de lo que puede rescatarse es perecedero y tiene una ventana de horas, no de días”, comparte la Red de Bancos de Alimentos.

Por este motivo, existen complicaciones logísticas. Se necesita realizar la recolección de inmediato, mantener la cadena de frío, almacenar la mercancía y transportarla hasta el punto de entrega. Todo esto limita la cantidad que puede recuperarse y distribuirse.

A pesar de ello, los Bancos de Alimentos buscan llegar a la mayor cantidad posible de comunidades en inseguridad alimentaria, mediante despensas que incluyen productos perecederos y no perecederos para quienes los requieren.

Mermeladas, totopos y tortillas: ¿Cómo funciona el área de producción del Banco de Alimentos?

La recolección no lo es todo. El Banco de Alimentos también cuenta con una zona de producción donde se elaboran tortillas que posteriormente se incluyen en los paquetes destinados a las comunidades.

“Son precocidas, cuando salen de la máquina se enfrían para que se puedan empaquetar y no se echen a perder tan rápido. Duran en el refrigerador una semana”, indican. En esta misma área también se preparan totopos horneados.

Además, para aprovechar las frutas que se encuentran en su última etapa de maduración, el Banco de Alimentos elabora conservas y mermeladas con ayuda de ingenieros agroalimentarios de la Universidad Autónoma de Chapingo.

“Las mermeladas duran 3 meses en refrigeración”, añaden. El proceso permite que esas frutas tengan otra oportunidad de ser consumidas en lugar de terminar en los botes de basura.

La zona de producción también cuenta con un espacio destinado a la elaboración de quesos y yogurt, que se incorporan a los paquetes alimenticios para procurar que estén compuestos por productos nutritivos.

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Las tortillas son precocidas y se pueden calentar en casa. (Foto: Cecilia L. García)

¿Cómo es el comedor comunitario del Banco de Alimentos?

El Banco de Alimentos no solo trabaja para llevar paquetes alimenticios a las comunidades. También prepara comida con parte de las donaciones que recibe de los comerciantes de la Central de Abasto.

Los platillos se ofrecen en el comedor comunitario ubicado dentro de la central: “Es un gran lugar para que haya comunidad, para que podamos atender a nuestros donantes y el costo es de 22 pesos”, indican.

Por esa cantidad, las personas que trabajan o compran en la Central de Abasto pueden disfrutar de una comida corrida nutritiva, acompañada de tortillas y agua o café con refill.

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Algunas ocasiones, empresas acuden al Banco de Alimentos para realizar donaciones. (Foto: Cecilia L. Gracía)

Aunque una parte importante del desperdicio de alimentos proviene de las empresas, desde los hogares también se puede tomar acción. La Red de Bancos de Alimentos estima que cada persona puede llegar a tirar 80 kilos de comida al año.

Una forma de reducirlo es mejorar la planeación al momento de comprar, organizar cómo se consumirán los productos en casa y buscar recetas que permitan aprovechar aquellos que se encuentran en su última etapa de maduración, explica Claudia.

“Cuando se tira comida no se tira solo el producto: se tira el agua, la tierra, el combustible y el trabajo de quien la produjo”, recuerda Mariana Jiménez.

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