Aunque no se ve ninguna cruz o la imagen de un santo, la vibra al interior del nuevo templo de la Iglesia de Jesuscristo y la calma que transmiten los miembros del recorrido te recuerdan que todo lo que ocurre aquí dentro está centrado en Jesucristo.
Estamos en San Luis Potosí, donde la Iglesia de Jesucristo abre el primer templo de su fase de expansión en México, la cual prevé la inauguración de tres espacios en lo que resta de este 2026, para mostrar la religiosidad de México, país donde viven 1.7 millones de miembros, alrededor de 10 por ciento de la congregación mundial.
La construcción del templo en San Luis Potosí, realizada mediante un sistema modular, tardó 18 meses. A esta apertura le seguirán las inauguraciones de Torreón, en noviembre, y Querétaro, con lo que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llegará a 17 templos en México. Pero ahí no acaba el plan, la congregación ya anunció la apertura de otros 10 para los próximos años.
“Es una muestra de que el mensaje que la Iglesia ofrece a las personas está teniendo eco, que están encontrando algo que les sirve en su vida y están decididas a seguir a Jesucristo, hacer compromisos con él en los templos y seguir adorándole”, asegura Gustavo Ramos, director de Comunicación de la Iglesia de Jesucristo.
La apertura del templo ofrece una oportunidad particular porque una vez consagrado, solo podrán entrar los miembros que cuenten con una recomendación vigente. ¿Qué ocurre detrás de las puertas de un templo de la Iglesia de Jesucristo? El Financiero hizo un recorrido y esto encontramos.
Así es el nuevo templo de la Iglesia de Jesucristo en San Luis Potosí
Un templo no es lo mismo que las capillas que seguramente has visto en tu ciudad. Mientras las capillas albergan los servicios religiosos habituales, los templos están destinados a las ceremonias sagradas de la Iglesia de Jesucristo.
Una de las primeras habitaciones del recorrido es el bautisterio. En el centro se encuentra una pila bautismal sostenida sobre las figuras de 12 bueyes, que representan a las doce tribus de Israel.

A diferencia de las pilas ubicadas en las capillas, este sitio no es utilizado para bautizar a nuevos miembros. “Aquí no se efectúan bautismos por los vivos; este es únicamente por los antepasados”, detalló el élder José Alonso, primer consejero de la Presidencia del Área México.
Los miembros ingresan al agua vestidos de blanco y son sumergidos completamente en representación de familiares o antepasados fallecidos. “Confiamos en que ellos, aunque no están presentes, aceptarán esta ordenanza”, agregó.
Los templos también tienen las llamadas salas de instrucción, donde los miembros reciben enseñanzas relacionadas con el plan de salvación de Jesucristo, además de asumir compromisos religiosos conocidos como convenios.
Otras de las salas está dedicada al sellamiento. Para los miembros, el matrimonio celebrado en un templo no está pensado únicamente para durar en vida: Su doctrina sostiene que el vínculo puede continuar después de la muerte y extenderse a sus hijos.

Pero el ‘corazón’ del templo es el salón celestial, un espacio con sofás, sillones, lámparas y una decoración diseñada para representar, de manera simbólica, la presencia de Dios.
“El salón celestial es el salón más especial que tenemos porque es una representación de cómo sería estar en el cielo, cómo sería vivir en la presencia de Dios”, comentó el élder José Alonso.
¿Por qué no todos los miembros pueden entrar a los templos?
Una vez que concluya el periodo de puertas abiertas y el templo sea consagrado, conocer su interior dejará de ser tan sencillo. Incluso pertenecer a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no garantiza el acceso.
Los fieles necesitan una recomendación para entrar al templo. Para recibirla, los miembros deben demostrar ante líderes de la Iglesia que “viven bajo los mandamientos” que incluyen:
- La ley de castidad: No tener relaciones sexuales fuera del matrimonio.
- Abstinencia de alcohol, tabaco y drogas.
- Estar “libre de cualquier situación que podría poner en vergüenza a la misma persona”.
- El compromiso de seguir a Jesucristo.

“Es también una evaluación personal. Se les pregunta si están cumpliendo con esos requisitos y si se consideran dignos de entrar al templo”, explica el élder José Alonso.
La recomendación tiene una vigencia de dos años, después de los cuales el miembro debe realizar nuevamente el proceso. “No que sean perfectos, sino que sean discípulos de Jesucristo, más que solo obedientes en una serie de reglas”, añadió.
De viajar siete horas a tener un templo en San Luis Potosí
La importancia de un nuevo templo también puede medirse en kilómetros o en horas de viaje. Gisela, convertida a la Iglesia de Jesucristo en 2016, recordó que debía realizar viajes que comenzaban desde la noche anterior para asistir a uno.
“Teníamos que viajar siete horas”, recuerda. Los grupos salían el viernes por la noche para llegar el sábado, realizar las ceremonias durante la mañana y emprender, ese mismo día, el camino de regreso.
Gisela conoció la religión cuando un grupo de misioneros de la Iglesia (sí, esos que van por las calles de camisa blanca y corbata) llamó a su puerta. Comenzó a escuchar sus enseñanzas junto con su madre y meses después decidió bautizarse.
La mujer continuó con el camino que casi todos los miembros: Se fue de misionera. Durante año y medio dejó San Luis Potosí para vivir en Ciudad de México, donde recorrió zonas de las alcaldías Gustavo A. Madero y Azcapotzalco, y Tlalnepantla, en el Edomex.
Ahora, aquel recorrido de siete horas dejará de ser necesario. Con la apertura del templo de San Luis Potosí, Gisela y otros miembros de la Iglesia en la región podrán realizar estas ceremonias sin salir de su ciudad.
Para ella, la religión también marcó otros aspectos de su vida. Tras regresar de su misión, estudió una licenciatura en Educación y actualmente trabaja como maestra de primaria y secundaria. “Trato de que, obviamente, mis creencias no influyan en los temas que doy, pero claro que influyen en mi actuar”, explicó.
Después de año y medio de construcción, el templo comenzará una nueva etapa: Los espacios que durante unas semanas pudieron recorrer visitantes quedarán reservados solo para los dignos miembros después del domingo 1 de noviembre.
Entre los espacios exclusivos estará el salón celestial. Para los fieles que entren después de la consagración, la habitación pretende representar algo más que el final de un recorrido por el templo: La aspiración de algún día regresar a la presencia de Dios.







