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Más allá de Washington, el mercado que México aún no mira

México concentra su comercio en EU, mientras Emiratos Árabes Unidos emerge como un polo de capital, tecnología y logística que exige a las empresas construir confianza antes que negocios.

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Durante más de tres décadas, la brújula económica de México ha apuntado hacia el norte. En 2025, el 83 por ciento de las exportaciones mexicanas tuvo como destino Estados Unidos. La integración productiva de América del Norte es una de las mayores fortalezas del país, pero también ha estrechado su mapa mental: para muchas empresas, internacionalizarse todavía equivale a cruzar la frontera, antes que a explorar nuevos polos de capital, tecnología y consumo.

Mientras Washington y Beijing concentran la atención, otro actor ha construido en silencio una de las estrategias económicas más ambiciosas del siglo XXI. Emiratos Árabes Unidos ha desplegado una estrategia para consolidarse como centro de inversión, logística, tecnología e inteligencia artificial. Para México, sin embargo, ese mercado sigue siendo, en gran medida, un territorio desconocido.

El marco institucional para profundizar la relación comenzó a tomar forma en junio de 2025, cuando los gobiernos de México y Emiratos firmaron un memorándum de cooperación en materia de inversión acordaron crear un consejo empresarial conjunto y establecieron los términos para negociar un Acuerdo de Asociación Económica Integral. Durante el acercamiento se identificaron oportunidades en sectores como energía, tecnología avanzada y seguridad alimentaria.

Pero la distancia entre ambos países no es solamente geográfica. En México, Emiratos todavía suele asociarse con petróleo, rascacielos y lujo, aunque su estructura económica ya cuenta otra historia: las actividades no petroleras aportaron una proporción récord de 77.3 por ciento de su PIB real durante el primer trimestre de 2025. El comercio, los servicios financieros, la manufactura y la construcción sostienen una diversificación promovida desde el Estado y ejecutada mediante una política activa de atracción de empresas, capital y talento.

En 2024, Emiratos recibió 45 mil 600 millones de dólares en inversión extranjera directa, lo que lo colocó entre los principales destinos mundiales del capital internacional. Además de ser un mercado para vender, funciona como un centro desde el cual se financian proyectos, se establecen empresas y se conectan regiones que pocas veces coinciden en la agenda comercial mexicana.

“La diplomacia económica se construye con base en relaciones de mutua confianza”, dice Alesh Ancira, fundador de la consultora Eclectic Strategy, quien desde hace más de una década trabaja en proyectos y vinculaciones empresariales con Emiratos y recientemente se reunió con Ayman Al Afifi, empresario e inversionista emiratí vinculado con iniciativas de diplomacia cultural y promoción de la tolerancia. Para Ancira, los acuerdos entre privados pueden avanzar con mayor flexibilidad que aquellos gestionados por canales institucionales, pero exigen algo que suele chocar con la cultura de la negociación inmediata: tiempo.

“Ahí nunca vas a sentarte a hablar de un negocio sin haber hablado al menos dos o tres horas de cualquier otra cosa”, explica. Antes del proyecto vienen el café, la familia, las tradiciones y la observación mutua. Solo cuando la contraparte marca la pauta comienza la conversación empresarial. No se trata de una demora protocolaria, sino de una forma de determinar si existe confianza suficiente para construir una relación de largo plazo.

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Alesh Ancira.

Ese código resulta relevante porque México suele evaluar otros mercados con criterios estadounidenses: rapidez, transacción y retorno inmediato. Emiratos exige otra lectura. “Siempre recomiendo que exista un interés más allá de lo económico. Si no existe una propuesta de apertura, una propuesta de diálogo y una propuesta de interés genuino, la parte económica se ve truncada”, afirma Ancira quien también ha desarrollado el protocolo Trust Passport para verificación de identidad algoritmica y tiene acuerdos de colaboración con Seed Group la oficina privada de uno de los miembros de la Familia Real de Dubai.

Las oportunidades, sin embargo, son concretas. La relación ya posee una base industrial: en 2024, los automóviles fueron la principal exportación mexicana a Emiratos, mientras el aluminio en bruto encabezó las compras procedentes de ese país. La agricultura, los servicios corporativos, la logística y la tecnología ofrecen espacio adicional. Las autoridades de ambos países también han señalado posibilidades de cooperación en infraestructura, servicios financieros, seguridad alimentaria y tecnología avanzada.

La inteligencia artificial es el ejemplo más visible de esa transformación. Abu Dabi desarrolla un campus emiratí-estadounidense con una capacidad proyectada de 5 gigavatios, concebido para alojar infraestructura de cómputo a gran escala. En ese complejo se instalará Stargate UAE, un clúster en el que participan G42, OpenAI, Oracle, Nvidia, SoftBank y Cisco.

Ancira considera que programadores, científicos de datos y estrategas mexicanos podrían incorporarse a ese ecosistema incluso sin abandonar el país. “Hay muchísimo talento en México”, sostiene. En su planteamiento, Emiratos puede abrir una ruta complementaria para capacidades que México desarrolla, pero que no siempre remunera ni conecta con la demanda internacional.

El reto consiste en evitar dos extremos: idealizar Dubái como una máquina de riqueza inmediata o descartarlo por prejuicios culturales. “El sesgo a veces es autoimpuesto. Tú mismo no te la crees y dices: ‘¿Cómo va a ser posible que yo lo logre allá?’”, dice Ancira.

La integración con Estados Unidos seguirá siendo el eje de la economía mexicana, y esa fortaleza puede coexistir con una estrategia de mayor alcance. A medida que el capital, la tecnología y las cadenas de suministro se articulan alrededor de nuevos centros de poder, ampliar el mapa de los negocios internacionales constituye una ventaja competitiva.

La relevancia de Emiratos trasciende el volumen actual del intercambio: reside en su capacidad para conectar capital, innovación y rutas comerciales entre Asia, África y Europa.

La mirada hacia el Golfo complementa la relación con América del Norte y permite reconocer que la siguiente etapa de la internacionalización mexicana requerirá más de una brújula.

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