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La informalidad impulsa el reinado del efectivo en México

La informalidad, el miedo a pagar impuestos y la desconfianza en los bancos mantienen al efectivo como el gran protagonista de la economía mexicana.

Efectivo en México
La mayoría de los mexicanos prefiere manejar todo con billetes y monedas. (Alejandra Rajal)

Cuando Uber llegó a México hace 13 años, se encontró con un problema inesperado. Había suficientes personas con smartphones para descargar la app, pero pocas estaban dispuestas a pagar con tarjeta bancaria: no tenían una o simplemente no querían usarla.

En pocos años, el gigante de transporte por aplicación introdujo la opción de pago en efectivo, y hasta hoy más de la mitad de sus usuarios en el país siguen pagando así.

Esa cifra refleja un patrón más amplio: en México, el auge en la oferta de productos financieros ha chocado con una persistente dependencia del efectivo. En muchos sentidos, la conveniencia digital no ha logrado imponerse frente a actitudes culturales arraigadas sobre el dinero y a una alta evasión fiscal, especialmente fuera de las grandes ciudades.

En papel, el país es uno de los mercados fintech de mayor crecimiento en América Latina, con más de 800 empresas operando, frente a menos de 200 hace una década. Los pagos electrónicos han crecido a tasas de doble dígito a medida que cientos de millones de dólares en capital de riesgo han fluido al sector, y cerca de ocho de cada diez mexicanos ya cuentan con al menos un producto financiero, según datos del gobierno mexicano.

Efectivo en Uber
Uber La app de Uber permite pagos en efectivo en México. (César Rodríguez)

Y aun así: más de la mitad de las tarjetas de débito en el país no se utilizan y casi la mitad de las tarjetas de crédito permanecen inactivas, muestran datos del gobierno. En parte, esto se debe a que bancos y fintech están colocando estos productos en clientes que nunca los solicitaron.

En muchos casos, esos esfuerzos no han funcionado. Incluso con la expansión de herramientas digitales, el efectivo sigue dominando la vida cotidiana: alrededor de 85 por ciento de las compras pequeñas se realizan en efectivo y más del 90 por ciento de los adultos lo utilizan de alguna forma, de acuerdo con cifras oficiales.

Roberto Negrete, un consultor de construcción de 33 años, es un ejemplo. Maneja casi todo su dinero en efectivo, una práctica heredada de su padre.

Cuando recibe su pago, Negrete acude a Banamex, donde tiene una cuenta de cheques. Pero en lugar de depositar el dinero, cambia su cheque por efectivo y lo guarda en una caja fuerte en casa. Usa su cuenta bancaria de forma limitada, principalmente para gastos como Netflix o Apple Music, que requieren pago electrónico.

“Todavía prefiero manejar todo en efectivo porque es más simple y fácil que tener que declarar mis ingresos, lo cual sería tedioso” y “confuso”, dijo. “No me gusta depender de una institución financiera para resguardar mi dinero. Prefiero hacer las cosas con mis propias manos”.

Negrete, como muchos mexicanos, utiliza el sistema financiero cuando es necesario, pero se resiste a depender de él. En el centro de esta visión está la gran economía informal del país, junto con una desconfianza persistente en las instituciones, heredada de una crisis bancaria ocurrida décadas atrás.

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Roberto Negrete maneja la mayoría de su dinero en efectivo. (Alejandra Rajal)

Alrededor del 54 por ciento de la población ocupada opera fuera del sistema formal, lo que moldea la forma en que las personas ganan, gastan y guardan su dinero. El efectivo ofrece anonimato, mientras que los pagos digitales dejan un rastro que puede exponer a los usuarios al pago de impuestos.

“La razón más importante por la que la gente no se digitaliza es el miedo a la fiscalización”, dijo Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México, en entrevista.

Por eso muchos consumidores prefieren pagar en efectivo y muchos comercios prefieren recibirlo.

“El efectivo es el círculo vicioso que alimenta desde la evasión fiscal hasta las actividades ilícitas”, añadió Romano.

La aversión a los bancos parece intensificarse conforme uno se aleja de los grandes centros urbanos. En Ciudad de México, un hub para las fintech, cerca de la mitad de las transacciones son electrónicas, pero en algunas regiones del sur, más pobres y rurales, el efectivo representa alrededor de 90 por ciento de los pagos.

Un pasado problemático

La desconfianza en el sistema bancario mexicano tiene raíces profundas en la memoria colectiva, marcadas por las crisis financieras de las décadas de 1980 y 1990, cuando los bancos pasaron de manos del Estado a propietarios privados sin experiencia. Esto derivó en el colapso de instituciones y en un rescate masivo financiado por los contribuyentes.

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Una tienda en Tepic con un cartel que dice que las tarjetas son bienvenidas. (César Rodríguez)

El escepticismo hacia los bancos no ha desaparecido por completo. Estudios de gobierno muestran que apenas seis de cada diez mexicanos confían en que las instituciones financieras protegerán su dinero y sus datos, y poco más de la mitad cree que sus quejas serán resueltas.

Algunas personas también temen las transacciones digitales. Grupo Elektra y Grupo Coppel operan tiendas con bancos integrados, lo que les da ventaja frente a las fintech entre la población no bancarizada, gracias a sus miles de sucursales en el país.

“La gente confía en la persona, no en la máquina”, dijo Rubén Coppel, vicepresidente de servicios financieros de Grupo Coppel, el mayor minorista privado de México, y presidente de BanCoppel, el brazo bancario de la compañía.

El costo y la complejidad también influyen. Ingresar efectivo al sistema financiero puede ser engorroso, con comisiones de alrededor de 20 pesos en tiendas de conveniencia solo por hacer un depósito. Y para los pequeños negocios, aceptar pagos digitales suele implicar gastos adicionales y retos logísticos.

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La informalidad en México contribuye a que muchas tarjetas nunca se usen. (César Rodríguez)

Sin embargo, quienes están fuera del sistema bancario pierden la posibilidad de obtener rendimientos sobre sus ahorros. Mientras que las cuentas bancarias tradicionales en México suelen ofrecer poco o ningún rendimiento, algunas fintech –en su intento por atraer nuevos clientes– pagan intereses de entre aproximadamente 8 y 15 por ciento. Al mismo tiempo, el valor del efectivo no bancarizado ni invertido se erosiona con la inflación.

“No hay tanta resistencia una vez que el dinero ya está en las cuentas”, dijo Carlos López-Moctezuma, director general de BanCoppel. “El gran problema es que el dinero nace en efectivo para millones de mexicanos, y digitalizarlo tiene un costo”.

Las empresas enfocadas en mobile enfrentan dificultades para convertir a los no bancarizados. Aunque 63 por ciento de las fintech afirma atender a usuarios subatendidos, solo alrededor de una cuarta parte reporta llegar a personas que antes estaban completamente fuera del sistema financiero, según una encuesta de la Asociación Fintech México.

Pero las consecuencias no son solo individuales, advierte Romano, de la asociación bancaria.

“La formalización de la economía permite el crecimiento económico”, dijo. “Un emprendedor que opera en la informalidad es un emprendedor que no puede crecer, porque tiene que cobrar en efectivo, no puede abrir sucursales, no puede construir un historial crediticio”.

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Tienda Una tienda en Tepic donde no se aceptan tarjetas. (César Rodríguez)

Líderes del sector y autoridades trabajan para cambiar esta dinámica. Las fintech buscan reducir comisiones y hacer sus productos más fluidos, mientras que Romano señaló que los bancos y el gobierno buscan elevar el crédito a alrededor de 45 por ciento del Producto Interno Bruto hacia 2030, desde cerca de 38 por ciento actualmente.

En abril, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció un acuerdo para reducir las comisiones en pagos con tarjeta en gasolineras, el más reciente esfuerzo de su gobierno para disminuir la dependencia del efectivo.

Negrete, el consultor de construcción, ya ve hacia dónde va la tendencia.

“Algún día me volveré digital”, dijo. “No porque quiera, sino porque voy a tener que hacerlo”.

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