Hace unos días se llevó a cabo en Acapulco la reunión de motociclistas conocida como AcaMoto.
Desde hace años, en estas fechas miles de ellos se dan cita en el puerto, provenientes principalmente de zonas urbanas del centro del país.
Los llamados ‘bikers’ se organizan de manera orgánica e informal a través de redes sociales para congregarse en distintos puntos de Acapulco, sin autorizaciones ni permisos de las autoridades.
El evento ha sido altamente polémico y pone sobre la mesa la discusión sobre los beneficios y costos del turismo, pero, sobre todo, los tipos de turismo que en los destinos turísticos conviene promover.
Como en otros casos en la industria turística —ahora suena también el controvertido proyecto ‘Perfect Day México’ en Quintana Roo—, hay posturas distintas respecto a la realización del AcaMoto.
Por un lado, quienes apoyan la realización del evento refieren la derrama económica generada, primordialmente por el gasto realizado en hospedaje, alimentos, bebidas y entretenimiento.
Esto no es menor en el contexto de un destino turístico maduro que ha perdido posicionamiento internacional y que no ha logrado recuperarse del impacto de fenómenos naturales (huracanes y temblores que han causado daños en infraestructura y servicios), de inseguridad y violencia (asaltos, secuestros, extorsiones a negocios, ajustes de cuentas entre delincuentes), así como distintas problemáticas sociales (reflejadas en frecuentes manifestaciones y bloqueos en la Autopista del Sol o la Costera Miguel Alemán).
Por otro lado, el AcaMoto ha generado también severas críticas tanto de sectores empresariales como de la población en general: desorden y caos por cierres viales para arrancones y acrobacias, contaminación por ruido y basura en calles y playas, compra-venta y consumo público de drogas, lesionados y muertos en riñas y accidentes, así como el robo y saqueo de comercios.
Se argumenta que los motociclistas no son un segmento de mercado de alto valor, disrumpen la experiencia de otros turistas, y es preferible dirigir los de por sí limitados presupuestos de promoción hacia otros perfiles de turistas más rentables y que causen menos perjuicios durante su visita.
Ante estos reclamos cada vez más vocales, este año la alcaldesa Abelina López Rodríguez, junto con grupos y cámaras empresariales, anunciaron un rechazo público a la realización del AcaMoto, así como el despliegue de operativos para incrementar la vigilancia en el evento.
Con la coordinación de autoridades de los tres órdenes de gobierno (Guardia Nacional, Policía Estatal y Policía Turística municipal), hace dos fines de semana se implementó el operativo en distintos puntos de Acapulco.
Si bien legalmente no era posible impedir la llegada al puerto de los motociclistas que tuvieran sus documentos y los de sus motocicletas en regla, sí se logró imponer un mayor orden y control que en los años pasados. Aunque no sin numerosos arrestos, altercados y reclamos de uso excesivo de la fuerza, se logró mantener abierto el flujo en vialidades al transporte de vehículos privados y públicos de pasajeros.
Según informes oficiales preliminares, el resultado de la campaña de rechazo al AcaMoto y del operativo realizado fue una afluencia de motociclistas 70% menor este año, así como un afortunado saldo blanco —en 2025 se registraron 8 personas fallecidas durante actividades ligadas al evento—.
De manera anecdótica, la población local manifestó en diversas redes sociales un respaldo general a la acción preventiva de las autoridades.
Esta parece una buena oportunidad para que los encargados de gestionar el turismo en Acapulco lleven a cabo un análisis para decidir si en años siguientes se opondrán y desincentivarán el AcaMoto definitivamente, o bien ponderar la conveniencia de replantear la manera en que este pueda realizarse.
Estos eventos no solo se llevan a cabo de manera ordenada y segura en múltiples lugares de Estados Unidos, sino también en México —Los Cabos, CDMX, Guadalajara, Mazatlán, León—.
Dichas reuniones cuentan con una planeación que involucra a autoridades, organizadores y patrocinadores, en recintos adecuados y seguros, tanto para los motociclistas como para otros visitantes en el destino y residentes locales.
Quizá la experiencia ganada ese fin de semana pueda servir para considerar la posibilidad de mantener en Acapulco ese segmento de mercado, que bien podría aprovecharse como se hace en otros destinos turísticos.
