Salud

¿Cuánto tiempo después se desvanece la inmunidad híbrida contra COVID-19?

La inmunidad híbrida es aquella obtenida debido a un contagio de COVID y de administrar algún biológico como Pfizer o Moderna.

A tres años de que comenzó la pandemia de COVID-19 y de que nadie sabía exactamente cómo se curaba o combatirla, ahora ya hay varias vacunas para contrarrestar los efectos de la enfermedad e incluso las personas han fortalecido su inmunidad al infectarse del virus.

Ahora, los nuevos debates sobre el COVID giran en torno a cada cuándo será oportuno ponerse una vacuna de refuerzo COVID. Con ello también surge la duda de cuánto tiempo dura la inmunidad.

Las y los expertos han encontrado que al parecer la inmunidad híbrida proporciona una protección parcial contra la enfermedad de por lo menos ocho meses.

La inmunidad híbrida es aquella obtenida debido a un contagio de COVID y la aplicación algún biológico como Pfizer o Moderna.

Este tipo de inmunidad también ofrece protección hasta en un 95 por ciento a enfermedades graves y hospitalizaciones, entre seis meses y un año después del contagio.

Caso contrario se registra en las personas solo vacunadas, ya que la inmunidad adquirida se desvanece más rápido.


¿Qué pasa con la inmunidad con variantes COVID como ómicron?

En un estudio, se analizaron las bases de datos nacionales de infecciones de Portugal. Se enfocó en personas vacunadas que se infectaron durante la ola de ómicron BA.1 y BA.2.

El análisis mostró que 90 días después de una infección, esta población tenía una alta protección inmunológica: su riesgo de infectarse con BA.5 era mínimo del de las personas que habían sido vacunadas pero nunca infectadas.

Después de eso, la inmunidad híbrida contra la infección disminuyó abruptamente durante unos meses y luego se estabilizó, brindando finalmente protección durante ocho meses después de la infección.

La inmunidad híbrida brinda cierta protección contra la infección durante al menos siete u ocho meses, y probablemente más. “Eso es bastante bueno”, dice Charlotte Thålin, inmunóloga del Instituto Karolinska en Estocolmo.



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