Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó su guerra contra Irán a finales de febrero, analistas energéticos emitieron sombrías advertencias que apuntaban que los precios del petróleo podrían más que duplicarse durante un conflicto prolongado e instaron a inversionistas y conductores a prepararse para un viaje accidentado.
La guerra sigue en curso y el precio del petróleo continúa siendo volátil. Pero las proyecciones más alarmantes aún no se han materializado a los seis meses de un conflicto que no tiene final a la vista.
El presidente de China, Xi Jinping, quien realizará una esperada visita de Estado a Washington la próxima semana, podría sostener con argumentos creíbles que el mundo debe dar las gracias por la estrategia energética de su país.
No está claro hasta qué punto se abordará el tema de Irán durante la visita, que se produce en un momento en que el Partido Republicano de Trump enfrenta la presión de los votantes por el alza de los combustibles, y en que el colchón de seguridad de China se pone cada vez más a prueba a medida que se prolonga el conflicto en Oriente Medio. Trump, que ha tratado de mantener una frágil tregua comercial con Beijing, ha sido cauto en sus declaraciones públicas sobre las diferencias con Xi respecto a la relación del país con Irán.
“Hemos estado aprovechándonos de Beijing de una manera extraña”, comentó Rosemary Kelanic, directora del programa de Oriente Medio en Defense Priorities, un centro de estudios de Washington. “China lo hace porque entiende que va en el tren que Trump está conduciendo hacia un precipicio. Si los precios del petróleo suben mucho, eso perjudica a la economía global. Si perjudica a la economía global, los perjudica a ellos”.
Reservas chinas ayudaron a Xi a capear la tormenta... por ahora
Beijing invirtió años y miles de millones de dólares para acumular la mayor reserva de petróleo del mundo, con alrededor de unos mil 400 millones de barriles a finales del año pasado, según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Para proteger a China de los riesgos de suministro externo, Xi convirtió la autosuficiencia energética en parte del último plan quinquenal nacional.
Recurrir a sus vastas reservas permitió a China —que es el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo y el principal comprador de Irán— recortar drásticamente las importaciones de crudo una vez que Estados Unidos e Israel iniciaron sus bombardeos y Teherán cerró de facto el estrecho de Ormuz. Además, se vio favorecido por el giro dado en los últimos años hacia los vehículos eléctricos y por recurrir cada vez más a otras alternativas energéticas.
La reducción de las importaciones de China, a su vez, ayudó a aliviar la demanda global, suavizando los efectos alcistas sobre los precios para Estados Unidos, Europa y el resto del mundo.
“Los chinos merecen reconocimiento”, manifestó el contralmirante retirado de la Marina de Estados Unidos Mark Montgomery, analista en la Foundation for Defense of Democracies, un centro de estudios conservador en Washington. “Hicieron en 10 años lo que a nosotros nos tomó 25 después de la crisis petrolera de 1973: construir realmente una especie de reserva estratégica de petróleo que permitiera capear esta situación”.
Pero esa resiliencia enfrenta nuevos desafíos. Los ataques perpetrados este mes por milicias respaldadas por Irán llevaron a Arabia Saudí a cerrar temporalmente un oleoducto crucial lleva el crudo del país hacia puertos en el mar Rojo.
Los rebeldes hutíes de Yemen han tomado dos islas estratégicas en el sur del mar Rojo, reforzando su capacidad para cortar una ruta marítima clave. Las conversaciones en las que las naciones del golfo Pérsico tenían previsto tratar la reapertura del estrecho de Ormuz, que debían celebrarse a principios de esta semana, también se han suspendido.
Antes de reunirse con Xi, Trump tiene previsto verse el martes con líderes del Consejo de Cooperación del Golfo en Nueva York, en un aparte de la Asamblea General anual de Naciones Unidas. El grupo incluye a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Kuwait y Bahrein.
Expertos del sector petrolero: la situación sigue siendo delicada
Analistas de Bank of America pronosticaron la semana pasada que el petróleo estará a 83 dólares por barril la segunda mitad del año “a la vista de interrupciones más persistentes en Ormuz”. Con todo, esperaban que el transporte marítimo a través del estrecho se reanudara de forma gradual.
Pero si la violencia se intensifica y se mantiene el férreo control del estrecho, el barril de crudo podría llegar a entre 95 y 120 dólares, mientras que los daños a infraestructura energética clave podrían provocar picos de hasta 150 dólares por barril, escribieron los analistas.
El crudo Brent rondó los 69 dólares por barril de media el año pasado y ahora se sitúa en torno a 100. El Brent alcanzó brevemente un récord de 126 dólares a finales de abril.
La forma en la que China ha capeado la volatilidad del mercado petrolero provocada por la guerra de Trump es considerada por Beijing “una reivindicación del último plan quinquenal de Xi y de su enfoque en la autosuficiencia”, explicó Jonathan Czin, exanalista sénior de la CIA que ahora trabaja en la Brookings Institution.
Persisten las profundas diferencias entre Trump y Xi sobre Irán
Se espera que la guerra en Irán —y su impacto en la economía global— figure en la agenda de la cumbre entre los dos mandatarios. Pero las perspectivas de que las dos mayores potencias del mundo logren avances parecen escasas.
Durante el conflicto, la Casa Blanca ha enfrentado resistencia al instar a Beijing a usar su considerable influencia económica para presionar a la República Islámica para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz.
Los funcionarios chinos, que han expresado una fuerte oposición a la guerra de Estados Unidos, también se han mostrado irritados por las recientes amenazas del gobierno de intensificar la presión económica sobre naciones y entidades que aún hacen negocios con Irán.
Los analistas sostienen que hay poco altruismo en la manera en que China llegó a acumular sus enormes reservas de petróleo.
Los expertos creen que la motivación de Beijing pudo ser armar un plan de contingencia ante una posible acción militar para tomar el control de la isla autogobernada de Taiwán, que considera parte de su territorio. Tener que recurrir ahora a las reservas estar lejos de ser ideal para Beijing, pero ver cómo los precios globales del petróleo se disparaban tampoco lo era.
Trump actúa con cautela ante diferencias con China sobre Irán
Los líderes se reunieron por última vez en Beijing hace apenas cuatro meses, y podrían volver a hacerlo en otras dos ocasiones más este año.
Tras las conversaciones de mayo, Trump afirmó que Xi coincidió con él en que un Irán con armas nucleares es una mala idea y en que el estrecho de Ormuz debía reabrirse. Funcionarios chinos no confirmaron ni desmintieron la versión del mandatario estadounidense sobre la conversación privada.
El gobierno de Estados Unidos también ha advertido a China que no ayude a Irán en su esfuerzo bélico. Pero a principios de semana, Trump restó importancia a un reportaje de The Wall Street Journal según el cual entidades chinas habrían suministrado a Teherán imágenes satelitales de una base militar jordana antes de un ataque iraní en julio que mató a tres soldados de Estados Unidos que trabajaban allí.
“Ya sabe, cuando dicen que China nos espía, yo digo que tienen razón, y que nosotros también los espiamos a ellos”, declaró Trump a reporteros.
Cuando comenzó la guerra, Trump dijo que era una “pequeña excursión” que duraría unas semanas.
También ha pronosticado repetidamente que los precios del petróleo caerán rápidamente una vez que termine el conflicto. Antes de que se cumplieran los tres primeros meses, llegó a declarar que “todos estaban equivocados” porque las proyecciones más alarmantes sobre los precios del petróleo no se cumplieron.
La Casa Blanca no respondió a preguntas sobre si Trump atribuye a las acción de China el haber ayudado a evitar que los precios del petróleo alcanzaran los peores niveles posibles.
Pero analistas energéticos atribuyen a la drástica reducción de las importaciones de Beijing el mayor impacto en la moderación de los precios desde el inicio del conflicto. Las importaciones chinas de crudo promediaron apenas 8.1 millones de barriles diarios en el segundo trimestre. Esto es casi 4 millones de barriles diarios, o un 32 por ciento menos que en los primeros tres meses del año, según datos de Estados Unidos.
“Es notable cómo China gestionó el mercado”, afirmó Michael Lynch, presidente de Strategic Energy and Economic Research, una firma que ofrece servicios de consultoría y análisis en la industria del petróleo y el gas. “No entraron en pánico y, al recurrir a sus reservas, mantuvieron el precio bajo para todos”.







