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Isabel II: 70 años. Carlos, el heredero. Segunda parte

De su natural timidez e inseguridad, se fue transformando en una figura más estable y confiable, pieza clave de la familia real, dice Leonardo Kourchenko.

El estilo personal del Príncipe de Gales se ha ido forjando al paso de los años. De su natural timidez e inseguridad, se fue transformando en una figura más estable y confiable, pieza clave de la familia real.

A lo largo de 72 años de vida, y de más de 50 en el ojo público, ha pasado de su inestable y conflictuado matrimonio con Diana Spencer, a una relación mucho más estable, apacible y funcional para la monarquía.

Diana murió en el trágico accidente automovilístico del Puente de las Ánimas de Paris en 1997. Tuvieron que pasar más de 7 años, para que Carlos -técnicamente no su viudo, puesto que ya estaban divorciados- pudiera relanzar su figura como Príncipe heredero al trono, intentar recuperar algo de su muy dañada reputación pública y, además, volverse a casar.

Los años juveniles de Carlos, entre sus 30 años de edad y sus 45, no estuvieron exentos de controversias y polémicas. A diferencia de su madre que es absolutamente incapaz de un comentario fuera de lugar o con un ligero tono de discordancia, Carlos asumió en varios casos y temas, posiciones de controversia, casi desafiantes.

Uno de ellos fue el rol parecido al defensor de la arquitectura clásica londinense, sus edificios de ladrillo rojo, techos a dos aguas y múltiples chimeneas que definían el paisaje urbano de la capital inglesa. Estuvo en contra de la construcción de grandes rascacielos en La City, el centro financiero de Londres, cuyo perfil es retratado por esos edificios. De forma notable el de Sir Norman Foster, que asemeja un cohete al espacio.

Carlos, a juicio de algunos, de forma imprudente expresó libremente su defensa de la cultura inglesa, al señalar que tales construcciones eran discordantes al Londres más emblemático y menos moderno.

Otro de sus habituales temas de confrontación fue el ambientalista y ecológico. El Príncipe de Gales es un consumado defensor del medio ambiente, impulsor de nuevas energías y crítico de las petroleras inglesas.


En términos objetivos fue un precursor de estos temas, cuando nadie hablaba de ellos ni estaban, como ahora, de moda en todo foro internacional. Mérito por cierto, que nadie le reconoce.

Su relación familiar más cercana fue siempre con su hermana, la Princesa Real Ana, a quien lo ha unido una larga complicidad de comprensión mutua. Ana fue, a lo largo de las décadas, un canal de comunicación entre la Reina y el Príncipe Felipe con su hijo, especialmente en temas delicados e íntimos, como su tormentoso matrimonio, sus hijos, y su rol como heredero.

La comunicación directa con su madre la Reina, siempre dominada por asuntos oficiales y con poco espacio para el encuentro y la intimidad familiar, ha sido muy formal e institucional. Con su padre el Príncipe Felipe, mucho más complicada. No sólo por el estilo antagónico de sus personalidades, sino porque Felipe de Edinburgo quiso mantener un férreo control en la vida de su hijo hasta muy entrados los 20 años de edad de Carlos.

Esto provocó siempre tonos discordantes entre ambos, y después, cuando llegaron las presiones para que se casara y produjera herederos a la corona.

Fue el Príncipe Felipe de hecho, quien aprobó el matrimonio con Diana e impulsó a su hijo a comprometerse. Después vinieron los desencuentros, las distancias y los llamados “años oscuros” en la propia descripción de la Princesa de Gales.

La relación con sus hermanos menores, Andrés y Eduardo, ha parecido siempre distante y lejana. La primera causa evidente es la diferencia de edades y personalidades, pero sobre todo, la de responsabilidades. El peso, la carga y la formación del heredero al trono, el nivel de compromisos y de escrutinio público a que está sometido, era en aquellos tiempos, muy superior para Carlos, que para Andrés y Eduardo. Hoy, las redes sociales y su catarata incesante de mensajes, seguidores y aprobaciones volátiles, han multiplicado y extendido su observancia en las vidas y actividades de todos por igual.

Este caso pudiera aplicar a las diferencias entre los Príncipes Guillermo y Enrique . Mientras que Guillermo posee una personalidad más reservada e inclinada al cumplimiento de las normas y las funciones de cada integrante de la familia, sus responsabilidades como segundo en la línea de sucesión, son mayores que para su hermano. Sin embargo esas diferencias se ven agudizadas por el estilo más libre e independiente de Enrique. Sus excesos juveniles, fiestas y parrandas además de su controversial matrimonio con la actriz divorciada Meghan Markle, terminaron con una ruptura familiar cuyo antecedente y semejanza se remonta a las crisis del 1937, con la abdicación de Eduardo VIII.

Carlos logró construir una sólida y confiable relación con sus hijos. Es difícil señalar que esto se consolidó a la muerte de Diana, pero el hecho es que el trágico suceso los unió de forma significativa. Carlos estaba decidido a no tener una relación distante, formal e institucional como la que él mismo tuvo con sus padres. Así que se empeñó en espacios de convivencia fuera del ojo público, fines de semana e incluso fiestas juveniles en la finca de campo del Príncipe de Gales, HIghgrove, donde Enrique y Guillermo tuvieron oportunidad de invitar amigos y dar rienda suelta a sus años juveniles.

Hoy sabemos, por las propias confesiones del Príncipe Enrique, que el impacto por la muerte de su madre lo golpeó severamente durante esa etapa, donde hubo abuso de substancias y consumo excesivo de alcohol. Carlos estuvo presente, ayudó a su hijo con profesionales y lo protegió todo lo posible de la incisiva mirada del público. Hay un incidente grave por esos años, en que asiste a una fiesta de disfraces con un uniforme nazi, le toman una fotografía que aparece en los tabloides de inmediato. Carlos contuvo la crisis, convocó a profesionales y ayudó a su hijo a emitir un comunicado pidiendo disculpas por “la pobre decisión de un disfraz” según el texto.

El Príncipe Carlos se casó con Camila Parker-Bowles -el apellido de su primer esposo- en 2005, con la aprobación y participación de Guillermo y Enrique. En sus propias palabras, lo que más querían era ver a su padre feliz.

La nueva pareja tuvo la delicadeza de no utilizar el título de Princesa de Gales -al que Camila tenía pleno derecho- por respeto a la memoria de la fallecida Diana, al tiempo de evitar una ofensa a la opinión pública por falta de sensibilidad.

El heredero al trono es poseedor de varios títulos, en Inglaterra, Escocia e incluso Irlanda del Norte. Utilizaron uno de ellos, el de Duquesa de Cornwalles, con el que ha desempeñado una activa labor al lado de su esposo los últimos 17 años.

Después de la muerte del Príncipe Felipe, Duque de Edinburgo en abril del 2021, Carlos se ha convertido en el más cercano respaldo de su Majestad. En este año no sólo ha asumido muchas tareas que la reina le ha ido encomendando, sino que sobretodo, se ve hoy más preparado y listo para asumir el trono.

La Reina Isabel II ha enfrentado breves episodios de una salud en decadencia durante 2021 e inicios del 2022. Se supo recientemente del contagio por COVID que la mantuvo en confinamiento por varios días, pero del que, superior a la vida y a la fuerza, salió venturosamente adelante. La indoblegable naturaleza de la reina, la ha mantenido al frente de la institución monárquica por 7 décadas, un récord histórico sin precedente en el Reino Unido.

Después del fallecimiento de su esposo por 73 años, Isabel ha empezado a mostrar signos de fragilidad, y por ello ha delegado muchas funciones en su hijo Carlos.

Recientemente declaró, para sorpresa de muchos “que cuando Carlos sea rey, sería mi deseo personal que Camila recibiera el tratamiento de reina consorte”.

El acuerdo desde la boda de Carlos (2005) anunciado públicamente, es que ella sería la pareja y compañera de Carlos a lo largo de su vida, pero que no asumiría el rol de reina consorte, esposa el rey. Ahora la Reina Isabel II, en un regalo inesperado, hizo esta declaración para blindar a su hijo en la penosa definición del título que su esposa recibirá cuando él suba al trono. Veremos si el Parlamento le concede el título a Camila, Duquesa de Cornwalles.

Carlos está listo, después de una espera de 53 años, cuando su madre lo elevó a la categoría de Príncipe de Gales, heredero al trono británico.

Los muchos rumores en torno a que la reina abdicaría a favor de su nieto el Príncipe Guillermo, saltando a Carlos por su deteriorada imagen pública en los años de la muerte de Diana, han sido disipados por la propia reina al reafirmar lo que la tradición manda: la sucederá el número 1 en la línea de sucesión, Carlos, Príncipe de Gales.

Probablemente sea un reinado corto, de transición, puesto que asumirá el trono arriba de sus 70 años de edad. Como fue el caso de su tatarabuelo, el Rey Eduardo VII, sucesor del largo reinado de Victoria en 1901. Eduardo estuvo en el trono sólo 9 años, hasta 1910.

Lo que es un hecho es que la dinastía continuará y los Windsor, mantendrán el trono después de un siglo lleno de controversias y crisis familiares.