La Casa de Toño cocina a fuego lento una de las negociaciones más relevantes del sector restaurantero en el país, que podría impulsar su expansión en México, Latinoamérica y Estados Unidos. Sin embargo, pocos saben que, antes de convertirse en una de las cadenas de antojitos mexicanos más populares de la Ciudad de México, el negocio llevaba el nombre de Las Dos Poblanas.
La historia comenzó en 1978, cuando un Marco Antonio Campos, conocido como ‘Toño’, decidió vender quesadillas y tacos de guisado para ayudar a pagar sus estudios de Derecho en la Universidad del Valle de México (UVM).
Lo que inició como un puesto de garnachas en la banqueta terminó por transformarse en una empresa con más de 60 sucursales en el Valle de México, que actualmente analiza una posible venta superior a 400 millones de dólares para impulsar su expansión nacional e internacional.
¿Cómo era Las Dos Poblanas, el negocio que dio origen a La Casa de Toño?
El relato de La Casa de Toño comenzó en la calle Floresta, en la colonia Clavería, cuando Marco Antonio Campos instaló un pequeño puesto en la banqueta donde vendía quesadillas y tacos preparados con los guisos que cocinaba su madre.
El negocio recibió el nombre de Las Dos Poblanas como un homenaje a las dos mujeres que preparaban los alimentos: su madre y su abuela, ambas originarias de Puebla.
El éxito del puesto pronto comenzó a llamar la atención de los vecinos. Cada vez llegaban más personas y las filas crecían, hasta que las autoridades ya no les permitieron seguir vendiendo sobre la vía pública.
La solución fue trasladar el negocio al zaguán de la casa familiar, a propuesta del padre de ‘Toño’, ubicada en el número 77 de la calle Floresta. Ahí surgió el primer restaurante bajo el nombre de Las Dos Poblanas.
Muy lejos de la imagen actual de restaurantes amplios y concurridos, Las Dos Poblanas funcionaba dentro de una vivienda familiar.
Al principio había apenas unas cuantas mesas y sillas donde los comensales podían sentarse a comer. Conforme aumentó la demanda, la familia adaptó otras áreas de la casa, como el patio y algunas habitaciones, para instalar más lugares y ampliar la cocina.
El menú también era mucho más reducido. En sus primeros años ofrecía principalmente quesadillas y tacos de guisado. Después llegaron las flautas, los sopes y, finalmente, el pozole estilo Jalisco, platillo que con el tiempo se convirtió en el sello de la casa y que incluso probó la cantante española Rosalía.
Todo el negocio era atendido por la propia familia. Mientras las mujeres preparaban los alimentos, Marco Antonio recibía a los clientes y ayudaba en la operación diaria del restaurante.

¿Cómo fue el cambio de nombre por La Casa de Toño?
El cambio no obedeció a una estrategia de mercadotecnia, sino a la forma en que la gente se refería al negocio de Marco Antonio. Con el paso del tiempo, los amigos y comensales dejaron de decir que iban a Las Dos Poblanas y comenzaron a decir simplemente que iban “a la casa de Toño”, en referencia al joven que atendía el restaurante.
La expresión se volvió tan común que terminó por sustituir el nombre original del negocio. Más adelante, la empresa adoptó oficialmente el nombre de La Casa de Toño, con el que inició su etapa de expansión.
Después de consolidar el restaurante original, Marco Antonio Campos compró la casa donde había iniciado el negocio y continuó ampliándola para atender a un mayor número de clientes.
A diferencia de otras cadenas restauranteras, el crecimiento se dio sin recurrir al modelo de franquicias, ya que la empresa mantuvo el control de sus establecimientos.
Actualmente, La Casa de Toño opera más de 60 sucursales en la Ciudad de México y la Zona Metropolitana del Valle de México, consolidándose como una de las cadenas de comida mexicana más reconocidas del país.

¿Por qué La Casa de Toño analiza una venta por más de 400 millones de dólares?
Después de casi cinco décadas de crecimiento, la empresa enfrenta una nueva etapa marcada por su interés en escalar el negocio más allá del Valle de México.
De acuerdo con información reciente, La Casa de Toño explora una posible venta superior a 400 millones de dólares y contrató a BBVA México como asesor financiero exclusivo para analizar la operación.
Este proceso surge tras recibir de forma reiterada el interés de inversionistas y grupos empresariales que ven en la marca un alto potencial de crecimiento. Entre los posibles interesados se menciona a Grupo Gigante, aunque hasta ahora no existe una confirmación oficial de la operación.
En las presentaciones a inversionistas, la empresa se posiciona como un referente en la cocina mexicana, con un modelo de negocio probado y una base de clientes sólida.
El objetivo de una eventual transacción es obtener capital que permita acelerar su expansión en México, así como dar el salto a mercados como Estados Unidos y otros países de Latinoamérica.
Ahora, La Casa de Toño, un negocio que comenzó como un pequeño puesto de quesadillas y sopes en la banqueta, busca consolidarse como una marca con presencia internacional.







