Madrid.- Rusia volvió a tensar la cuerda este viernes en el flanco oriental de Europa: dos países de la OTAN, Estonia y Polonia, denunciaron incursiones de aviones militares rusos en su espacio aéreo.
Esto ocurrió apenas una semana después de que Varsovia derribó 19 drones rusos que cruzaron sin autorización su frontera.
De esta manera, Vladimir Putin aumentó la presión en el mar Báltico y está a prueba la capacidad de respuesta de la Alianza Atlántica.
La guardia fronteriza polaca informó que dos cazas rusos irrumpieron en la zona de seguridad de la plataforma de perforación Petrobaltic, en aguas del Báltico. Se trata de un área clave para la seguridad energética regional.
Horas antes, en Estonia, tres aviones MiG-31 entraron en su espacio aéreo durante 12 minutos. Lo hicieron sobre la isla Vaindloo, en el golfo de Finlandia, muy cerca de la capital, Tallin.
La primera ministra de Estonia, Kristen Michal, denunció la incursión como un acto “totalmente inaceptable” y confirmó que su país invocó el Artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, que prevé consultas de emergencia entre aliados en caso de amenaza.
Más duro fue el ministro de Asuntos Exteriores, Margus Tsahkna: “Rusia ya ha violado el espacio aéreo de Estonia en cuatro ocasiones este año, lo cual es, en sí mismo, inaceptable. Pero la incursión de hoy, en la que tres aviones de combate han entrado en nuestro espacio aéreo, representa una brutalidad sin precedentes”.
Según la radio pública de ese país, ERR, los cazas rusos iban sin plan de vuelo, con los transponedores apagados y sin comunicación con el control aéreo estonio, lo que hizo sonar las alarmas en la región.
La respuesta fue inmediata. Cazas F-35 italianos que patrullan el Báltico como parte de la OTAN, despegaron para interceptar a los MiG-31. Según la Alianza, los aviones rusos fueron “obligados a huir”.
La portavoz de la OTAN, Allison Hart, confirmó que el Consejo del Atlántico Norte se reunirá al inicio de la próxima semana para analizar los hechos.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, anunció el lanzamiento de la operación Centinela Oriental para reforzar la vigilancia en la zona. Dinamarca, Francia, Alemania y Reino Unido participarán con aviones de combate.
España también enviará cazas, un avión de transporte y un radar.
En el flanco diplomático, la Unión Europea reaccionó a través de la Alta Representante para la Política Exterior, Kaja Kallas, quien afirmó que “la violación del espacio aéreo de Estonia por parte de la aviación militar rusa es una provocación extremadamente peligrosa. Putin está poniendo a prueba la determinación de Occidente. No debemos mostrar debilidad”.
Las provocaciones rusas, o sus “tanteos de terreno”, no se limitan a Estonia y Polonia. Rumania, otro miembro de la OTAN, denunció recientemente que un dron ruso sobrevoló su territorio durante casi 50 minutos.
Así es que en menos de una semana, Rusia ha hostigado a tres países de la OTAN.
La señal parece clara: el Kremlin busca medir la capacidad de reacción de Occidente en plena guerra de Ucrania.
Y, lo más grave, es que Rusia está dispuesta a cruzar todas las líneas, y la OTAN no puede permitirse mostrar debilidad.







