Tech

Algunos regresan a la oficina en la CDMX... pero el futuro quizá esté fuera de ella

La tendencia está potenciando la creación de un lugar de trabajo ‘híbrido’, que sin embargo representa varios retos para las empresas.

logo OPINIÓN
Bloomberg

Desde este lunes, las oficinas de la Ciudad de México pueden abrir las puertas a sus empleados con un aforo máximo de 20 por ciento, tras más de un año de que se decretara el cierre de estos espacios, en marzo de 2020, debido a la pandemia de coronavirus.

Sin embargo, la tendencia está potenciando la creación de un lugar de trabajo “híbrido”, según los expertos, que probablemente permitiría trabajar dos o tres días a la semana de forma remota.

Las encuestas, por su parte, señalan que las personas que tienen la suerte de poder hacerlo esperan poder seguir trabajando desde sus casas después de la pandemia, siempre que no tengan que encargarse de la educación remota al mismo tiempo. Las encuestas también sugieren que los empleadores esperan ofrecer esa flexibilidad.


Aun así, a medida que las campañas de vacunación se aceleran y se reabren las economías, no parece haber mucha claridad entre el concepto de trabajo híbrido con énfasis en volver a la oficina y el de simplemente llevar de regreso al personal a sus escritorios.

En Estados Unidos, la empresa matriz de Google, Alphabet, dijo la semana pasada al personal que se preparara para un regreso a sus escritorios antes del 1 de septiembre y que cualquier persona que desee trabajar de forma remota tendría que obtener la aprobación previa. Amazon.com también pidió un regreso al trabajo “centrado en la oficina”. Mientras tanto, los banqueros de Goldman Sachs Group están regresando a las oficinas centrales después de los comentarios mordaces del director ejecutivo, David Solomon, quien dijo que trabajar desde casa era una “aberración”, que era malo para la innovación y la colaboración, y agregó que no era “la nueva normalidad”.

Por supuesto, algunas grandes compañías han dicho que aceptarán al menos algo de trabajo remoto. Y hay ideas creativas sobre cómo hacerlo, incluidos los planes de la startup europea Revolut para permitir que las personas trabajen en el extranjero hasta dos meses al año. Pero para muchos, el futuro comienza a parecerse mucho a los días previos a la pandemia.

Aunque la demanda de espacio de oficina ha sido aplastada por la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, con un exceso de capacidad en el mercado y un aumento de los niveles de vacancia, se espera que la demanda empiece a repuntar este año. Se prevé que la absorción neta del espacio de oficinas, que se traduce en la diferencia entre el total ocupado por los inquilinos y el total desocupado, vuelva a territorio positivo el próximo año en Estados Unidos y Europa, dice Kevin Thorpe, economista jefe de la compañía de bienes raíces Cushman & Wakefield. En Asia, donde el virus se mantuvo más bajo control, la métrica nunca fue negativa.


Ya sea por el apego a la cultura de la empresa, las técnicas de gestión antiguas o el poder de marca de la oficina en sí, empresas adoptaron un enfoque de esperar y ver qué pasaba en lugar de renunciar a su contrato de arrendamiento o irse de las principales ciudades para siempre. Los contadores corporativos consideran que los bienes raíces son un ahorro de costos futuros y los ejecutivos hablan de la necesidad de dar flexibilidad a los empleados, pero el cambio será gradual.

“Observemos lo que hacen las empresas, no lo que dicen”, sostiene Thorpe, quien calcula que el trabajo remoto aumente a un 10 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos en la próxima década, desde un cinco por ciento.

Obviamente, los ejecutivos deben tener cuidado cuando empujen a las personas a volver al trabajo: la pandemia no ha terminado y las variantes pueden retrasar el proceso de reapertura económica. Los mensajes demasiado confiados pueden confundir o desmoralizar a los empleados si se ven obligados a revertir el curso.

Y, sin embargo, juzgar a los empleados por lo que están haciendo, en lugar de por lo que dicen, muestra que la alegría de trabajar desde casa se ha desvanecido. La pandemia ha evitado el traslado diario, pero, como resultado, estamos trabajando una hora más cada día. Estamos ansiosos de que se vea que estamos disponibles, lo que erosiona las barreras entre el trabajo y el hogar. Nuestro equilibrio entre la vida laboral y la personal no ha mejorado.

Con mucho estrés, fatiga y distracciones en el hogar, no es sorprendente que una encuesta reciente descubriera que las personas que optan por trabajar en la oficina son más productivas. Si bien hay factores negativos de la interacción, colaborar con colegas o reunirse con clientes en persona conlleva beneficios. El lado oscuro de la vida de oficina, como el bullying y el acoso sexual, en algunos casos, son más difíciles de abordar detrás de un teclado.

Incluso algunos datos sobre el lugar de residencia sugieren que la gente está empezando a dejar de lado el sueño de la pandemia de escapar al campo. La investigación de Knight Frank en el Reino Unido muestra que las áreas urbanas cercanas a Londres nuevamente tienen demanda, mientras que la popularidad de los idilios rurales está en vías de extinción.

Todo lo cual nos lleva de vuelta al llamado modelo híbrido. ¿Va a suceder realmente si volver a la forma como eran las cosas antes resultan difícil de resistir? Los presagios no son excelentes.

Los ejecutivos ya se quejan de que elegir solo dos días a la semana para el trabajo remoto, como mínimo, es complicado. Dado que es probable que el lunes y el viernes sean abrumadoramente populares, ¿entonces qué se hace? ¿Qué pasa con la productividad si la oficina está llena tres días a la semana y vacía el resto del tiempo? Si se les pide a los empleados que elijan días diferentes, ¿cuándo trabajarán colaborativamente sus colegas cara a cara? Esto tomará tiempo, esfuerzo e inversión para gestionarlo.

No es de extrañar que algunos hayan advertido que el trabajo híbrido parece ser “lo peor de ambos mundos”. La complejidad de administrar roles híbridos será demasiado para algunas empresas, y las inevitables pérdidas de productividad se atribuirán al trabajo remoto, lo que resultará en un cambio generalizado de regreso a la oficina. Cuando Marissa Mayer prohibió trabajar desde casa en Yahoo en 2013, dijo que había sacrificado “la velocidad y la calidad”.

¿Es esto demasiado pesimista? Quizás. Pero cuanto más rápido se abran las oficinas, más cuesta arriba es el camino para los defensores más ambiciosos del trabajo desde casa. La gente tiene memoria a corto plazo: el COVID-19 ha sido la hoguera de muchas vanidades, y la revolución del trabajo desde el hogar podría ser una de ellas.

La opinión del articulista no coincide necesariamente con la de Bloomberg. Ni con la de El Financiero.