Especialistas coinciden en que las generaciones Z y Alfa crecen en un mundo hiperconectado, lo que representa un reto ante el desarrollo de una posible adicción a las pantallas y podría modificar los patrones de consumo de sustancias ilícitas.
La maestra Maite Llamas, psicoterapeuta especializada en infancia y adolescencia, explicó que la adicción a las pantallas todavía no está reconocida como un trastorno por las autoridades. Sin embargo, señaló que ya existen indicadores que madres y padres pueden tener en cuenta para identificar cuándo el uso de dispositivos se convierte en un problema.
“Todavía no se contempla una adicción a pantallas (... sin embargo), tiene muchas similitudes cerebrales con la carretera de las adicciones (a sustancias nocivas), pero aquí hay algo que sí nos diferencia bastante: la accesibilidad y la tecnología de la adicción”, compartió durante el Meet Point Virtual realizado por El Financiero.
¿Cuándo el uso de dispositivos electrónicos se convierte en una adicción?
De acuerdo con Maite Llamas, existen al menos seis señales que pueden alertar sobre una posible adicción a los dispositivos electrónicos y las pantallas. La mayoría está relacionada con conductas que hoy suelen normalizarse por el uso cotidiano de celulares, tabletas y otros equipos.
- Pérdida de control sobre el tiempo y la frecuencia de uso, cuando el menor no percibe cuánto tiempo dedica a la pantalla.
- Priorización de la actividad digital sobre cualquier otra, como evitar salir o convivir de manera presencial con otras personas.
- Persistencia en el uso pese a consecuencias negativas o castigos, incluso cuando se restringe el acceso a los dispositivos.
- Síntomas de abstinencia, como reacciones negativas o violentas hacia quien limita el uso de la pantalla.
- Uso de la tecnología como mecanismo de regulación emocional o de escape ante situaciones incómodas.
- Negación o minimización del problema.
¿Cuándo inicia el problema y quién tendría la responsabilidad de mitigarlo?
La doctora Mercedes Llamas, especialista en dependencia de pantallas en niños y adolescentes, explicó que el problema puede comenzar desde edades muy tempranas y que, en parte, la responsabilidad recae en los padres, quienes introducen el uso de dispositivos electrónicos.
Aseguró que existen registros de padres que colocan dispositivos móviles a bebés de tres meses para mantenerlos entretenidos con contenido, lo que desarrolla “la carretera cerebral de la dopamina”.
Si esa tendencia continúa, “ya tiene todos los factores de riesgo para los ocho años, 10 años, que pueda estar en contacto con vape, con la sustancia que tú quieras, que él diga que sí”.
Recordó que estudios científicos demostraron que el cerebro de una persona consumidora de sustancias ilícitas y el de alguien con dependencia de las pantallas presentan consecuencias similares en la corteza prefrontal.
A consideración de las especialistas, el uso responsable de las pantallas debe fomentarse desde el hogar. No se trata de prohibir los dispositivos electrónicos, ya que muchas actividades cotidianas dependen de ellos, sino de reducir su uso excesivo y evitar que generen dependencia.







