En enero, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció lo que calificó como el hallazgo arqueológico más relevante de México en una década: una tumba zapoteca de mil 400 años descubierta en Oaxaca. Un video gubernamental pulido que celebra el descubrimiento muestra una impactante máscara de piedra suspendida sobre un relieve con rostro humano tallado encima de la entrada, con restos de pintura antigua aún visibles.
Lo que la presidenta no mencionó es que el hallazgo había ocurrido meses antes, cuando saqueadores vaciaron la tumba y se llevaron todos los objetos, dejando únicamente algunos huesos dispersos, según empleados del instituto de antigüedades del país que hablaron bajo anonimato. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) envió investigadores al sitio ya saqueado solo después de que un vecino alertó a las autoridades.
Aunque México es lo que Sheinbaum suele llamar una “potencia cultural” –en la que la arquitectura colonial española convive con imponentes pirámides construidas por civilizaciones observadoras de estrellas, llenas de poetas, pintores, alfareros y sacerdotes–, los críticos advierten que se invierte muy poco en preservar los sitios más antiguos y frágiles del país.
Con pocas excepciones, los principales destinos turísticos operan con presupuestos limitados, afectados por recortes acumulados en los últimos años que ponen en riesgo la viabilidad de largo plazo de una industria turística internacional valuada en más de 30 mil millones de dólares. “Tenemos como ocho Machu Picchus en México”, afirma Alejandro Zozaya, empresario hotelero mexicano. Otros destinos del Caribe “se cortarían un brazo”, refiriéndose a que darían lo que fuera, por tener un solo sitio histórico de esa magnitud, dice, al tiempo que subraya la necesidad de conservar y promover mejor estos activos únicos. “No hay dinero que te alcance para volver a hacer un sitio arqueológico como esos”.

Desde finales de 2018, cuando asumió el cargo Andrés Manuel López Obrador, el presupuesto de la Secretaría de Cultura se ha reducido más de 20 por ciento, de acuerdo con datos oficiales.
La oficina encargada de decidir cómo se conservan los sitios arqueológicos ha visto recortes de hasta 70 por ciento en ese mismo periodo. En los primeros dos años del gobierno de Sheinbaum, el presupuesto del INAH se ha reducido cerca de 40 por ciento. La investigación de campo financiada por el gobierno, incluidas excavaciones arqueológicas, prácticamente se ha detenido. Algunos investigadores señalan que mantienen proyectos activos financiándolos de su propio bolsillo.
Los sitios históricos son un motor clave del turismo en México, tanto internacional como doméstico, que en conjunto representa alrededor de 9 por ciento del PIB nacional (el doble del tamaño del sector automotriz).

Las principales zonas arqueológicas lo confirman: Chichén Itzá recibió más de 2 millones de visitantes el año pasado, mientras Teotihuacán superó los 1.6 millones.
“El motivo de un turista que viaja ya no es el sol y la playa, ya es un tema cultural”, afirma Josefina Rodríguez, secretaria de Turismo. “México está de moda”.
El Mundial de este verano –con 13 partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey– podría atraer 5.5 millones de turistas internacionales adicionales, lo que implicaría un crecimiento estimado de 14 por ciento en 2026.
Al igual que López Obrador, Sheinbaum ha defendido la política de austeridad como necesaria para mantener finanzas públicas sanas, mientras se incrementa el gasto social y se destinan subsidios a Pemex, fuertemente endeudada.
Diego Prieto, miembro del gobierno de Sheinbaum y exdirector del INAH durante una década, niega que los niveles actuales de gasto representen un riesgo para la oferta cultural de México y afirma que la drástica reducción de fondos se debe al fin de las asignaciones extraordinarias.

Sin embargo, más de una docena de académicos consultados por Bloomberg Businessweek advierten que los recortes al sector cultural contradicen el discurso oficial que exalta el pasado prehispánico del país.
Abundan las señales que indican qué es prioritario y qué no. En 2021, el techo protector sobre las ruinas de un importante santuario de guerreros aztecas fue destruido por una tormenta, mientras que el gobierno gastaba una fortuna en una réplica cercana y un espectáculo de luces. La reducción de un contrato de seguridad privada provocó el cierre de los tres principales museos de historia de la Ciudad de México durante varios días en junio. Los trabajadores de los museos han denunciado en ocasiones la falta de artículos básicos, como papel higiénico en los baños.
Los recortes han afectado gravemente a Teotihuacán, al norte de la capital mexicana. En 2021, el arqueólogo Sergio Gómez finalizó la minuciosa excavación de un túnel sellado bajo una pirámide repleta de miles de ofrendas rituales, incluyendo estatuas finamente esculpidas, joyas de jade y raros artefactos de madera, hallados donde los sacerdotes los depositaron cuidadosamente hace unos mil 800 años. Su presupuesto anual para el INAH rondaba los 280 mil dólares, según explica, lo que permitía pagar a unos 40 especialistas que ayudaban a conservar las piezas orgánicas más frágiles. El año pasado, se redujo a 35 mil dólares, apenas suficiente para cubrir los salarios de unos 17 especialistas durante dos meses, sin fondos para los materiales de conservación necesarios. Debido a la pérdida de fondos para la preservación, muchas de las piezas de madera, incluyendo herramientas talladas, están ahora dañadas sin posibilidad de reparación.

También surge la pregunta de qué significa la actual reducción del gasto para el turismo futuro. Algunos estudios de mapeo lidar de vanguardia han escaneado grandes extensiones del sur de México para revelar numerosos sitios antiguos, incluyendo lo que se cree que fueron ciudades enteras, cubiertas por la selva, pero no serán excavadas pronto por investigadores respaldados por el gobierno, ya que actualmente no existe dicha financiación. “El sector cultura, el gasto, nunca fue prioridad, nunca ha sido prioridad para este nuevo régimen”, afirma Bolfy Cottom, profesor de la escuela de antropología e historia del instituto, señalando que inicialmente se tenían mayores expectativas con respecto a Sheinbaum, ya que ella fue investigadora científica. “Lo que estamos viviendo en el INAH es una pobreza extrema y el descuido del patrimonio”.
La principal excepción a los recortes es el nuevo Tren Maya, una línea ferroviaria de pasajeros que abarca aproximadamente mil 600 kilómetros, conectando destinos de playa como Cancún con sitios mayas menos visitados pero imponentes, como Calakmul y Ek Balam. La construcción comenzó en 2020 y la mayor parte de la ruta inició operaciones en 2024. El presupuesto del proyecto, que atraviesa cinco de los estados más pobres del país en la península de Yucatán, se disparó a alrededor de 30 mil millones de dólares desde estimaciones iniciales de menos de 8 mil millones. Entre académicos consultados para este reportaje prevalece la percepción de que este megaproyecto absorbió recursos que, de otro modo, habrían podido destinarse a múltiples sitios necesitados. El gobierno ha sostenido que el tren es una prioridad clave para combatir la pobreza, al atraer más turistas a regiones rezagadas y dar visibilidad a los sitios arqueológicos a lo largo de su recorrido.
Comprometiendo aún más las ambiciones de largo plazo de México, los recortes al sector cultural coinciden con la decisión del gobierno en 2019 de desaparecer el consejo de promoción turística, que durante sus últimos años operó con un presupuesto cercano a 300 millones de dólares. Además de posicionar al país a nivel global, el organismo gestionaba la comunicación en crisis, incluida la respuesta a episodios recurrentes de violencia del crimen organizado, como los ocurridos a finales de febrero, cuando el Ejército abatió al líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’ y sus sicarios respondieron incendiando decenas de vehículos para bloquear carreteras. La demostración de fuerza acaparó titulares internacionales durante días y generó dudas momentáneas sobre si existían condiciones de seguridad suficientes para que Guadalajara mantuviera su estatus como sede del Mundial.
Josefina Rodríguez niega que la desaparición del consejo haya afectado al sector. El organismo fue eliminado por López Obrador tras argumentar un uso indebido de sus recursos, y, según Rodríguez, las embajadas mexicanas han continuado con sus funciones. Sin embargo, varios líderes del sector turístico, que hablaron bajo anonimato por temor a represalias, lo refutan. Su principal preocupación es que el atractivo de México pierda fuerza frente a países con mayor inversión en promoción, como República Dominicana y Jamaica, así como frente a la industria de cruceros. “Estamos con el riesgo de que vamos perdiendo market share”, advierte Enrique de la Madrid, exsecretario de Turismo y político de la oposición, quien señala la eliminación del consejo y la incapacidad del gobierno para contener a los cárteles como factores clave.
Dos días después del mediático anuncio de la tumba zapoteca en Oaxaca, un hombre armado abrió fuego en una cancha de futbol en Salamanca, Guanajuato, matando a 11 personas e hiriendo a una docena más. Poco después, en Mexicali, en la frontera con EU, se localizó una fosa clandestina con más de 20 cuerpos en descomposición, la mayoría sin identificar. Los asesinatos en Salamanca y Mexicali han sido vinculados a cárteles. Al igual que el hallazgo de la tumba, la violencia del crimen organizado acaparó titulares tanto a nivel nacional como internacional.

Para un investigador consolidado en un importante sitio turístico, quien también ha visto su presupuesto reducido a casi cero, la amenaza constante de la violencia refleja una realidad más amplia. “Si no hay un presente glorioso”, dice, “supongo que enfocas tu atención en el pasado glorioso”. Pero advierte que México tampoco está haciendo eso. Ante sus ojos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia está “desapareciendo como una institución única mundial a nivel de investigación. Y es muy lamentable”.
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