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La fragilidad de la recuperación en México

El panorama de crecimiento de la economía está impactado por la desaceleración de las exportaciones de manufacturas, el Covid-19 y la inflación, lo que podría ser no tan optimista.

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En el caso del mercado interno, la principal preocupación deriva de la llamada tercera ola de contagios de la pandemia por Covid-19. (Shutterstock)

Los más recientes datos económicos podrían generar la impresión de que el crecimiento de la economía mexicana es más robusto de lo que en realidad es.

La estimación preliminar del incremento del PIB en el segundo trimestre del año indicó una tasa anual de 19.6 por ciento.

Las expectativas de los analistas que mes con mes presenta el Banco de México indican la previsión de 6.1 por ciento para este año.

Después de que se produce un desplome económico como el que tuvimos en 2020, los comparativos anuales resultan poco útiles para medir el desempeño de la economía.

En etapas como esta resulta más conveniente poner una lupa sobre las variaciones de mes contra mes o trimestre contra trimestre, ambos inmediato anterior.

Cuando se utiliza este procedimiento encontramos resultados diferentes ya que hacia la mitad del 2021 se observó una moderación del crecimiento o incluso en algunos rubros un retroceso.

Si se dividen los motores económicos entre los que se asocian al mercado interno y los que provienen del mercado externo, observamos que se notan dificultades en los dos ámbitos.

En el mercado externo, el problema principal es la desaceleración de las exportaciones de manufacturas, incluso con una caída de las exportaciones automotrices. La razón de este desempeño son los diversos problemas que se han presentado en la cadena de suministros cuyo ejemplo más claro es la escasez de chips, lo que ha motivado que tengan que detenerse las líneas de ensamblaje en diferentes lugares del mundo.

Su naturaleza hará complejo encontrar una solución inmediata ya que lo que se necesita es una ampliación de la capacidad productiva que se concentra principalmente en Taiwán y Corea del Sur.

La instalación de plantas de chips adicionales va a tardar varios meses o incluso podría ser más de un año, por lo que no es factible que se normalice el suministro de manera inmediata.

En el caso del mercado interno, la principal preocupación deriva de la llamada tercera ola de contagios de la pandemia por Covid-19.

Aunque el gobierno federal ha decidido que no se va a volver a cerrar la economía, ya varios gobiernos estatales han impuesto diversas restricciones.

Sin embargo, más allá de las medidas oficiales que se practiquen, es probable que el comportamiento de los consumidores se haga más cauteloso.

Los indicadores más recientes de algunas importantes cadenas de autoservicio ya marcan este hecho, por lo menos en algunas ciudades del país.

El comercio interior y los servicios se habían convertido en el principal factor de crecimiento de la economía mexicana durante este año. Por esa razón, si la pandemia vuelve a frenar el consumo tendremos resultados por abajo de lo previsto en materia de empleo y crecimiento.

Otro factor asociado al mercado interno es la inflación. Las expectativas de los expertos, de acuerdo con la encuesta mensual del Banco de México indican un nivel de 6% al cierre de este año. Esto significa que no habrá descenso en el ritmo de crecimiento de los precios durante los próximos meses.

La consecuencia será una reducción del poder adquisitivo de los salarios, lo que tampoco ayudará al comportamiento económico del país.

La más elevada inflación también podría dar lugar a incrementos adicionales en las tasas de referencia que fija el Banco de México en sus próximas reuniones de política monetaria, lo que podría acentuar un cambio de tono en la economía.

No quiere decir lo anterior que en términos del comportamiento anual de la economía vayamos a tener un descenso.

Una tasa de más de 5 por ciento o incluso de 6 por ciento es probable, aún cuando tengamos este cambio en la dinámica de la economía.

Pero, como señalábamos antes, si comparamos las cifras trimestre a trimestre entonces no sería remoto incluso tener un ligero descenso de los niveles productivos en algún momento del segundo semestre de este año.

A lo anterior debe sumarse la perspectiva de la inversión privada No hay por lo pronto ningún elemento en el horizonte que haga pensar que la inversión privada va a tener un repunte significativo en lo que resta de este año.

Desde luego que tendrá una tasa positiva, superior al crecimiento del PIB, luego del desplome del 2020 cuando retrocedió 18.3 por ciento.

Sin embargo los proyectos de infraestructura a los cuales se les apostaba para generar un despegue de la inversión están avanzando de manera muy lenta.

La razón es la desconfianza que persiste entre los empresarios. Esta deriva tanto de la incertidumbre que hay sobre la recuperación, así como de la que proviene de las políticas públicas del actual gobierno, como en el tema del outsourcing o los cambios en el sector de la energía.

Obviamente ese desempeño no es parejo. Hay sectores a los cuales les va mejor.

Por ejemplo, todos los asociados a las actividades en línea tuvieron un año formidable en el 2020 y, aunque probablemente las tasas de crecimiento no se repitan en este año, sí se mantendrán los niveles altos.

¿Cuáles son los márgenes de maniobra que tiene el gobierno federal para cambiar este posible comportamiento?

El 8 de septiembre deberá presentarse al Congreso de la Unión el paquete económico para 2022.

Hasta ahora no se ve posibilidad de que haya cambios dramáticos en las expectativas de las diversas variables.

A diferencia de lo que pasó este año, el crecimiento del PIB en 2022 probablemente esté en niveles de entre el 2 y 3 por ciento y para 2023 seguramente estaría apenas por arriba del 2 por ciento en el mejor de los casos, ya que las bases de comparación serán mucho más elevadas y se requeriría un incremento efectivo de la inversión para producir una dinámica económica diferente.

El hecho de que el gobierno siga optando por una política fiscal conservadora limita las posibilidades de generar una demanda adicional que apalanque un mayor crecimiento de la economía.

Es probable que una parte sustancial de la tarea de la Secretaría de Hacienda, que ahora está encabezada por Rogelio Ramírez de la O, sea garantizar que se mantiene una relativa estabilidad financiera y lograr, junto con Banxico, que de manera gradual los niveles de inflación convergen a los deseados por el Banco Central.

La visión del gobierno de López Obrador de no emprender proyectos que no terminen durante su sexenio igualmente elimina las posibilidades de que haya otros proyectos de infraestructura que empujen hacia arriba a la actividad económica.

Así que, en contra de lo que algunas variables parecieran indicar la recuperación de la economía mexicana, es hoy más frágil o por lo menos no tiene la robustez que las cifras parecieran indicar.

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