Algarabía

Aprender a pensar, la tarea de los maestros

No es el maestro quien le dice al alumno qué pensar, sino que el alumno descubre la verdad por sí mismo, de esto trata el método socrático.

Entre los que nos dedicamos a enseñar se conoce una técnica denominada «método socrático», la cual, como el nombre ya lo sugiere, proviene del filósofo antiguo Sócrates. En pleno siglo XXI cabe preguntarse qué puede enseñarnos un pensador de hace casi 2 mil 500 años sobre la educación. ¿Siguen siendo válidas sus ideas en la realidad que vivimos hoy en día? ¿Podemos implementar su sistema en un mundo globalizado, interconectado, digitalizado y centrado en eso que llamamos «competencias»? Veamos de qué se trata el método socrático y juzgue usted si aún tiene relevancia o no.

Sócrates y su método

Sócrates, quien, además de ser considerado el padre de la filosofía occidental, sigue siendo una inspiración para muchos maestros, decía de sí mismo que era una especie de partera. Sí, una partera. La razón de esto es que su labor, en sus propias palabras, era la de ayudar a sus oyentes a «dar a luz a las ideas». La premisa principal del método socrático o «mayéutica» es justamente esa: no es el maestro quien le dice al alumno qué pensar, sino que el alumno descubre la verdad por sí mismo. La labor del maestro es, apenas, asistirlo en esta empresa, tal como una partera asiste en el esfuerzo de dar a luz.

¿No será entonces el trabajo del maestro un poco redundante? ¿Qué pasa ahora que tenemos acceso a casi toda la información que existe gracias a internet? La cruda realidad es que, si bien vivimos en la era en que tenemos más información que nunca a la mano, también estamos presenciando una de las épocas de mayor desinformación. Sí, internet nos ha dado acceso a un sinfín de fuentes informativas, pero no todas ellas confiables, y aun aquellas que son confiables hemos de saber usarlas. Un maestro que sólo transmita información tendría muchos problemas en este mundo. Sócrates, no.


Preguntando se llega a Roma… o a Atenas

Para Sócrates, la labor del maestro se lleva a cabo mediante preguntas. Pero no se trata de las preguntas que vemos en una prueba, orientadas a examinar al estudiante, sino de preguntas que nos indican la dirección en la que tenemos que indagar. Sócrates era un excelente maestro porque hacía las preguntas adecuadas. Hacer las preguntas adecuadas implica saber cuáles son las áreas de conocimiento que se deben cubrir, así como poder distinguir lo que es esencial de lo que no lo es. Cualquiera puede responder correctamente a una pregunta, pero no cualquiera puede hacer una buena pregunta.

Las preguntas de Sócrates tenían la gran ventaja de que enseñaban a pensar a los alumnos. Era de ese modo que los conducía para que fueran ellos mismos quienes descubrieran la verdad. Sócrates entendió, ya desde el siglo V a. C., que es mucho más importante saber pensar que simplemente acumular datos. Saber pensar se traduce en tener criterio, y este último nos permite mirar con ojos críticos las información que se nos presenta. Ahora, yo te pregunto, querido lector: ¿crees que este tipo de enseñanza aún es relevante?

*Joaquín Cruz Lamas es filósofo y maestro. Aunque le falta peso —intelectual y de grasa corporal—, aspira a ser como Sócrates y ayudar a parir las ideas de sus alumnos.