Hay viajes que no se planean para ser contados, sino para ser sentidos. Y este, desde el primer minuto, me habló con el lenguaje de la calma, del sabor y del mar. Llegar a Bahía de Banderas fue como desatar una pausa que llevaba meses esperando. Sin más escala que el puerto de La Cruz de Huanacaxtle, zarpé en yate rumbo a algunas de las playas más puras que he pisado en mucho tiempo.
Zarpando hacia lo inexplorado
El mar estaba en calma y el sol todavía no quemaba. Navegar frente a la costa de Nayarit fue abrir una página en blanco. Nuestro destino: cuatro rincones donde la naturaleza sigue conservando su carácter más auténtico.
La primera parada fue Playa La Lancha, reconocida por los surfistas, pero igualmente perfecta para quienes buscan caminar sobre arena suave y meterse al mar en plena tranquilidad. Su oleaje noble y su amplitud la vuelven ideal para disfrutarla sin prisa.
Continuamos hacia Las Cabezas, un conjunto de pequeñas caletas abrazadas por formaciones rocosas que contrastan con el azul profundo del Pacífico. Allí, el silencio solo es interrumpido por las olas reventando contra la piedra.
Más adelante, el yate nos llevó a una de las joyas naturales de la región: Playa del Amor, escondida entre acantilados y accesible solo por mar. Bañarse en su agua transparente, frente a un escenario tan resguardado, es un privilegio que pocos destinos ofrecen.
Recomendación: lleva tu propio equipo de snorkel y calzado acuático; estas playas no tienen servicios, y eso es justo parte de su magia.
Del mar a la mesa: sabores de Punta de Mita
El hambre me llevó a La Rústica, en Punta de Mita. Si algo hace bien este lugar es transformar lo simple en algo memorable. Pedí pulpo a la parrilla con mantequilla de ajo, un taco de marlín ahumado y ceviche de atún servido con tostadas. Cada bocado tenía mar, tenía fuego, tenía balance.
La terraza del lugar es ideal para quedarse más tiempo del planeado, con un mezcalito en mano viendo cómo baja el sol entre palmeras.
Recomendación: no dejes de probar sus pizzas de mariscos si vas en grupo. Y reserva con antelación si es fin de semana.
Lujo que abraza: hotel Dreams&Secrets
Esa tarde llegué al que sería mi hogar por las siguientes 24 horas: hotel Dreams&Secrets, un hotel solo para adultos enclavado en lo alto de la costa, con vistas directas a las Islas Marietas. Me asignaron su mejor suite disponible: habitación amplia, jacuzzi con vista al Pacífico y un minibar recargado con pequeños lujos.
Cené en uno de sus restaurantes, donde pedí un corte de carne al punto exacto, acompañado de una pasta cremosa con camarones. El ambiente, entre luz tenue y brisa marina, fue el broche perfecto de un día sublime.




