Repensar

Absolutismo y democracia

La conclusión es clara: el poder requiere contrapesos para no acabar en despotismo, dice Alejandro Gil Recasens.

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EUA Democracia en EUA fue estudiada por europeos (EFE)

En el siglo 18 Francia fue gobernada por monarcas que concentraron el poder al máximo. Los nobles y los intendentes provinciales perdieron autonomía y dejaron de ser factores de estabilidad política. Vergonzosamente sumisos, los ministros se tuvieron que ajustar a sus caprichos y hacían hasta lo increíble por halagarlos.

Luis XIV era conocido como “el rey sol” porque a su alrededor todo se movía con la regularidad del astro. A los parlamentarios que reclamaban algo de sentido común les respondió: “El Estado soy yo”. Sus sucesores no fueron mejores. Luis XV sonriente decía: “Después de mí, el diluvio”.

En efecto, el absolutismo llevó a catástrofes sin fin. Buscando conquistar nuevos territorios se enfrascaron en una guerra tras otra. Para sufragarlas impusieron rentas a todos, incluso a los campesinos pobres y hambrientos.

En 1789 estalló la revolución y Luis XVI acabó guillotinado. En un periodo conocido como “el terror”, la venganza de los revolucionarios llegó hasta la nobleza. Luego vino el imperio de Napoleón Bonaparte y décadas enteras de revoluciones y golpes de Estado, en las que se alternaron la restauración monárquica y la república.

En ese ambiente nació y creció Alexis de Tocqueville. Descendiente de nobles que acabaron en el cadalso, en su juventud fue partidario de la monarquía, pero estaba abierto a encontrar un régimen mejor. Su padre, que era prefecto, lo recomendó para ingresar a la magistratura en Versalles. Después de un tiempo se convenció de que ser fiscal no era lo suyo.

En una época de reformas, convenció al ministro de Justicia para que, junto a un amigo, les diera un permiso sin goce de sueldo para ir a estudiar el sistema carcelario de Estados Unidos. En realidad, quería ver qué tan bien funcionaba la democracia en el nuevo país.

Aprendió el inglés en la travesía y a los 25 años llegó a América. Durante nueve meses y medio recorrió la Costa Este y los Grandes Lagos.

Visitó las cárceles y habló con los directivos, los capellanes y con cada preso. Quedó convencido de que la reforma penitenciaria impulsada por los cuáqueros y que enfatizaba el confinamiento solitario (para que reflexionaran y se arrepintieran de sus crímenes) debía reproducirse en su país. Así lo consignó en su informe al ministro.

Sus observaciones no se quedaron en eso. Habló con todos los que pudo para formarse una idea de cómo funcionaba el sistema político y cuáles eran sus bases culturales, sociales y económicas.

ALEXIS INFLUENCER

Seguro de que tenía que difundir lo que había visto, escribió La democracia en América. En el primer tomo narra con objetividad y detalle sus observaciones. En el segundo, analiza las ventajas y desventajas del régimen vigente en el nuevo continente.

Le sorprendió el poder que tenían el Congreso y la Judicatura. En Francia era impensable que la Asamblea sometiera a escrutinio a los funcionarios y menos que los removiera por medio de un juicio político (impeachment). Las cortes de su país nunca soñaron con invalidar leyes al declararlas inconstitucionales. La conclusión es clara: el poder requiere contrapesos para no acabar en despotismo.

Como le tocó la era populista del presidente Andrew Jackson, advirtió sobre los riesgos de la dictadura de las mayorías. Fue muy crítico de la reelección porque constató que los presidentes y legisladores abandonan sus funciones para buscarla. Desde luego, reprobaba la esclavitud y previó que llevaría a una guerra civil.

Lo que más le impresionó fue que, a diferencia de su país, donde la igualdad se entendía como quitar privilegios (bajar) a los nobles, en la Unión Americana consistía en brindar las mismas oportunidades (subir) a todos. Por eso, descubrió, la igualdad puede ser fuente de libertad. La libertad política, de religión, de enseñanza, eran posibles porque todos eran iguales ante la ley.

Tocqueville se volvió muy popular en su patria, fue diputado y siguió haciendo estudios comparados. Hizo un largo viaje a Inglaterra y escribió sobre la amenaza de una aristocracia industrial. Para entender la decadencia política europea escribió el libro Del antiguo régimen a la revolución.

Aunque murió joven, le tocó ver cómo, en la Constitución francesa de 1848, se estableció una asamblea independiente y un presidente electo por sufragio universal (masculino) para un periodo de cuatro años.

(Agradezco al maestro Fernando Pérez Correa, que hace 50 años me invitó a leer a Tocqueville)

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