Rosa Nelly Trevinyo

Rosa Nelly Trevinyo: La Paradoja del Poder

El ejercicio del poder produce placer y se equipara con una droga.

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Así como la psicología ha analizado a fondo los cambios de carácter y comportamiento que sufren quienes ejercen el poder; así también, la neurociencia ha evaluado los impactos que el poder tiene en el cerebro y el sistema nervioso.

El uso del poder produce—igual que el alcohol, el tabaco, la cocaína o la mariguana—una gratificación neuroquímica en nuestro cerebro, elevando los niveles de dopamina y estimulando los circuitos del bienestar y recompensa. La dopamina es, no sólo una de las moléculas de la felicidad, sino también la responsable de las adicciones. Y es que, su liberación nos hace repetir, una y otra vez, comportamientos y consumos.

El ejercicio del poder produce placer y se equipara con una droga. Su uso continuado desencadena en nuestro cerebro un comportamiento automático. Es precisamente este comportamiento impulsivo—disminución del control sobre la propia conducta—la que hace que se le catalogue como adicción.

Siendo el poder un estímulo que tiene la posibilidad de abuso, la adicción a éste se ha convertido en los últimos años en un tema recurrente para los neurocientíficos y neuro-economistas. De hecho, según la Clasificación Internacional de Enfermedades, emitida por la Organización Mundial de la Salud, el “Desorden del Abuso de Poder”—término propuesto por el médico Gerald Zernig y el biólogo, neuroquímico, Christoph Hiemke en 2017—cumple con todos los criterios de un síndrome de dependencia, constituyendo una adicción del comportamiento.

Una adicción del comportamiento es un síndrome análogo a la adicción a las drogas pero que, en vez de basarse en la ingesta de sustancias psicoactivas, tiene en su lugar un componente conductual. Ejemplos de este tipo de patologías son: la adicción a la comida, al sexo, al internet, los video juegos, las compras, los juegos de azar (ludopatía), las cosas ajenas (cleptomanía), etc.

Igual que la adicción a las drogas, la adicción al poder daña el cerebro. El poder continuado afecta los procesos emocionales, cognitivos y motivacionales de los líderes de empresa. De hecho, cuando un grupo de neurocientíficos usaron una máquina de estimulación magnética transcraneal para explorar la relación entre el poder y la actividad cerebral, descubrieron que ejercer el poder continuamente, durante largo tiempo, afecta negativamente un proceso neuronal llamado mirroring. El mirroring involucra a las neuronas espejo, gracias a las cuales podemos ponernos en el lugar de los demás y comprender sus actos y decisiones.

Por otra parte, los neuro-economistas han explicado por qué los líderes de empresa persisten en esta adicción a pesar de las consecuencias adversas que provoca. Según afirman, nuestro cerebro tiene dos sistemas neuronales que están relacionados con las recompensas: el “sistema ejecutivo” (corteza prefrontal) que se asocia con los resultados a largo plazo, y el “sistema impulsivo” (regiones del cerebro límbico) ligado a las gratificaciones inmediatas. La investigación descubrió que quien sufre de una adicción del comportamiento (i.e., la adicción al poder) exhibe una conducta más egoísta, tiene una visión cortoplacista y elige recompensas inmediatas—aún si éstas son más pequeñas que las de largo plazo.

Aunque algunas sustancias empleadas en el tratamiento del alcoholismo y la dependencia de opioides son eficaces para atender adicciones del comportamiento como la ludopatía y la cleptomanía, al día de hoy no existen medicamentos aprobados para tratar el abuso de poder. De hecho, la medicina ha señalado que un tratamiento para este tipo de adicción acarrearía daños colaterales irreversibles en el cerebro.

En conclusión, la adicción al poder estropea la inteligencia emocional y social de los líderes. Y un líder intoxicado tiene un efecto nocivo en y sobre la empresa. Así que, si queremos enfrentar esta patología, debemos enfocarnos en la prevención, la moderación voluntaria, la rectificación y el apoyo externo (asesores de confianza, no aduladores).

Ah… Y ¡Cuidado con las recaídas!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

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