En la costa de Puerto Escondido, Oaxaca, Punta Pájaros propone una manera distinta de desarrollar un proyecto turístico. Más que minimizar su impacto ambiental, el hotel boutique busca contribuir a recuperar el ecosistema del lugar y demostrar que la actividad turística también puede generar un efecto positivo en el territorio.
Diseñado por el arquitecto Alberto Kalach, el proyecto se extiende sobre 2.5 hectáreas y está conformado por pequeñas villas elevadas aproximadamente 1.5 metros sobre el nivel del suelo. Con una intervención menor al 10% de la superficie, la arquitectura busca reducir su contacto con el terreno y permitir que la vegetación recupere protagonismo.

“En el diseño de Punta Pájaros lo primero que hicimos fue un conocimiento profundo del territorio”, explica en entrevista exclusiva para El Financiero Luis Urrutia, desarrollador de Punta Pájaros. El análisis incluyó la topografía, hidrología y vegetación nativa, así como la historia del terreno, que anteriormente había sido utilizado para actividades de agricultura y ganadería.

A partir de estos estudios, el proyecto incorporó principios bioclimáticos, celdas solares, plantas de tratamiento, calentadores solares y madera proveniente de aserraderos agroecológicos de comunidades de Oaxaca. La intención fue que las decisiones constructivas fueran congruentes con la filosofía de regeneración.

El resultado también se observa en el paisaje. De acuerdo con Urrutia, la recuperación de especies nativas permitió regenerar el sitio en aproximadamente cinco o seis años. “El objetivo de Punta Pájaros fue cómo podemos llegar a un lugar y desarrollar y tener el lugar mejor de cómo lo encontramos”, señala.
Esta visión implica modificar la lógica tradicional de algunos desarrollos turísticos, donde la rentabilidad suele estar relacionada con una mayor densidad de habitaciones. En Punta Pájaros, el reto consistió en encontrar un equilibrio entre negocio, experiencia y territorio.
“Muchos hoteleros, desarrolladores, lo que buscan es tener la mayor densidad posible de habitaciones por superficie y nosotros no”, explica Urrutia. La propuesta, agrega, parte de conectar al visitante con la naturaleza y, al mismo tiempo, construir un proyecto económicamente viable.
La relación con el entorno también se extiende a la cadena de suministro y a la comunidad. La madera utilizada proviene de comunidades que combinan el aprovechamiento forestal con la replantación, mientras que el hotel adquiere productos para su restaurante con pescadores, buzos y mercados locales. Además, mantiene programas sociales con escuelas y comunidades cercanas.Para Urrutia, esta forma de hacer negocios responde a un cambio en la manera de entender el turismo. “La sustentabilidad es cómo no le hago daño al planeta, y la regeneración es cómo contribuyo a que esté mejor”, afirma.
Bajo esta perspectiva, el lujo deja de estar necesariamente asociado con una mayor infraestructura y se relaciona con elementos cada vez más escasos: naturaleza, silencio, privacidad y conexión con el entorno. En Punta Pájaros, dormir frente al Pacífico, escuchar el mar y convivir con la selva forman parte de la experiencia.

La siguiente etapa del proyecto apunta a continuar este modelo y explorar nuevos desarrollos bajo la misma filosofía. Para Urrutia, una de las claves está en recuperar terrenos que ya fueron degradados, donde el potencial de restauración ambiental puede ser mayor.
Así, Punta Pájaros plantea una idea que trasciende la hotelería: desarrollar no para dominar el paisaje, sino para integrarse a él y, con el tiempo, permitir que la naturaleza vuelva a ocupar el centro.




