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EL TREN DE CARGA EN MÉXICO ES MOTOR PARA EL DESARROLLO: AMF

El modelo ferroviario de América del Norte adoptado por México ha detonado inversión privada, impulsado la modernización del sistema, generado una alta retribución al Estado mediante derechos e impuestos, y fortalecido la competitividad tarifaria y de servicio para los usuarios, consolidándose como un referente probado para otros países que buscan desarrollar sistemas ferroviarios de carga más competitivos, eficientes y sostenibles de largo plazo.

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Cortesía.

El Gobierno del presidente de Argentina, Javier Milei, se encuentra ante una decisión estratégica: definir el modelo que dará forma al futuro de su sistema ferroviario de carga. Más allá del proceso de privatización que ha emprendido, el verdadero desafío consiste en establecer un modelo capaz de atraer inversión, acelerar la modernización de la infraestructura, fortalecer la competitividad logística y convertir al ferrocarril en un verdadero motor para el desarrollo económico.

La discusión de fondo no debe centrarse únicamente en quién opera el sistema ferroviario, sino en qué modelo crea las condiciones para atraer inversión, impulsar la innovación y elevar la productividad. En ese debate, la experiencia mexicana ofrece evidencia respaldada por casi tres décadas de resultados.

Desde la reforma ferroviaria de los años noventa, México ha consolidado un sistema plenamente integrado a la red ferroviaria de América del Norte, convirtiendo al ferrocarril de carga en un activo estratégico para el comercio exterior, las cadenas de suministro y la competitividad regional.

Los resultados permiten evaluar objetivamente el modelo adoptado. Lejos de limitar el desarrollo del sector, ha impulsado inversión privada sostenida, modernización tecnológica, mayor productividad y una mejora constante en la calidad y competitividad del servicio.

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Cortesía.

Hoy, el ferrocarril de carga es un componente esencial de la economía mexicana. Es el medio más seguro, eficiente y ambientalmente sostenible para transportar mercancías de gran volumen a largas distancias; conecta centros de producción con puertos y cruces fronterizos, abastece industrias estratégicas y fortalece la integración económica regional.

México opera bajo el modelo de integración vertical, el mismo que ha demostrado su eficacia en Estados Unidos y Canadá. Este esquema permite que un mismo concesionario administre la infraestructura y preste el servicio ferroviario, alineando los incentivos para invertir, innovar, mantener la red y elevar continuamente su desempeño.

La certidumbre jurídica que ofrece este modelo ha permitido inversiones permanentes en locomotoras, equipo ferroviario, vías, patios, terminales, señalización, comunicaciones y seguridad operacional. A ello se suma la incorporación de automatización, analítica avanzada, inteligencia artificial, monitoreo en tiempo real y mantenimiento predictivo, tecnologías que hoy fortalecen la seguridad, confiabilidad y eficiencia de la operación.

La integración vertical también genera economías de escala, permite operar trenes más largos, aprovechar mejor la infraestructura y reducir costos. Como resultado, el sistema ferroviario mexicano financia íntegramente su infraestructura, genera una importante retribución al Estado mediante derechos e impuestos y mantiene tarifas altamente competitivas para los usuarios.

Los beneficios trascienden al propio sector. Durante las últimas tres décadas, el ferrocarril ha fortalecido la seguridad alimentaria y energética, impulsado el crecimiento exportador, facilitado el abastecimiento de insumos estratégicos y consolidado a México como una de las plataformas logísticas más importantes de América del Norte.

Preservar este modelo también evita fragmentar la infraestructura ferroviaria. Diversos estudios muestran que dividir una misma red entre múltiples operadores reduce la densidad del tráfico, incrementa costos, disminuye la productividad y termina reflejándose en mayores tarifas para los usuarios. La experiencia internacional demuestra que la competitividad ferroviaria depende, en buena medida, de redes integradas, intensivas en inversión y con altos niveles de utilización de sus activos.

El desarrollo del sector ha ido acompañado de una creciente profesionalización del capital humano. Las empresas invierten permanentemente en capacitación especializada y tecnologías de última generación. Actualmente, la industria ferroviaria genera más de 16 mil empleos directos y, por cada uno de ellos, se crean cuatro adicionales en actividades relacionadas.

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El ferrocarril sí enfrenta una intensa competencia

Afirmar que el ferrocarril mexicano opera en un entorno de escasa competencia resulta inexacto. Apenas el 26% de la carga terrestre del país se transporta por tren, mientras que el 74% continúa movilizándose por carretera. Esa proporción demuestra tanto la competencia existente como el amplio potencial de crecimiento que aún tiene el modo ferroviario.

Más que competir entre sí, el ferrocarril y el autotransporte son modos complementarios. El primero ofrece ventajas naturales para mover grandes volúmenes a largas distancias con mayor seguridad, eficiencia energética y menores emisiones; el segundo es indispensable para la distribución regional y la última milla. Una logística moderna requiere aprovechar las fortalezas de ambos.

No obstante, esa competencia debe desarrollarse bajo condiciones equitativas. El reto no radica en el autotransporte formal, que cumple con la normatividad y constituye un aliado estratégico del sistema logístico nacional, sino en las prácticas informales que aún persisten en algunos segmentos del sector, particularmente el incumplimiento de la regulación en materia de pesos y dimensiones, los excesos en los tiempos máximos de conducción y descanso de los operadores, así como otras disposiciones operativas y de seguridad. Estas prácticas generan ventajas competitivas artificiales, incrementan los riesgos para la seguridad vial y afectan la eficiencia del sistema logístico en su conjunto.

A ello se suma un aspecto que merece atención. Las prácticas informales, particularmente el incumplimiento de la regulación en materia de pesos y dimensiones, aceleran el desgaste de la infraestructura carretera y reducen su vida útil, incrementando sus necesidades de conservación. Corregir estas distorsiones fortalecería la competitividad del sistema logístico nacional, promovería un uso más eficiente de los recursos destinados a infraestructura y contribuiría a que todos los modos de transporte compitan bajo condiciones más equitativas.

El objetivo es garantizar que todos los modos de transporte compitan con pleno cumplimiento de la ley y con incentivos que promuevan eficiencia, seguridad y sostenibilidad.

En materia de seguridad patrimonial, el ferrocarril mantiene ventajas relevantes gracias a menores niveles de exposición al robo, monitoreo permanente y mayor control operativo. Asimismo, representa una herramienta clave para avanzar hacia una economía más sostenible, al reducir significativamente el consumo de combustible y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con esa visión de largo plazo, las empresas ferroviarias mexicanas avanzan en la incorporación de locomotoras híbridas y desarrollan proyectos orientados a la futura electrificación de parte de sus operaciones, reafirmando su compromiso con la innovación y la descarbonización del transporte.

Hoy, el sistema ferroviario mexicano, plenamente integrado a la red de América del Norte, es reconocido entre los más competitivos del mundo por su eficiencia operativa, seguridad, confiabilidad y competitividad en costos. Cada año moviliza más de 133 millones de toneladas de carga bajo elevados estándares de desempeño, consolidándose como un elemento indispensable para la competitividad del país.

La verdadera discusión no debe centrarse en quién opera un sistema ferroviario, sino en qué modelo genera mayor inversión, innovación, productividad y competitividad para un país. Después de casi tres décadas, la experiencia mexicana demuestra que la combinación de certidumbre jurídica, integración vertical e inversión privada de largo plazo no sólo transformó al sistema ferroviario nacional; fortaleció la competitividad de México dentro de la región económica más integrada del mundo.

Argentina tiene hoy una oportunidad histórica. La decisión que adopte sobre el futuro de su sistema ferroviario de carga marcará su capacidad para atraer inversión, modernizar su infraestructura y potenciar sectores estratégicos durante las próximas décadas. La evidencia demuestra que un sistema ferroviario exitoso no depende únicamente de quién lo opera, sino de establecer un modelo que brinde certidumbre jurídica, incentive la inversión, promueva la innovación y mantenga una visión de largo plazo. La experiencia mexicana ofrece hoy un referente probado para alcanzar ese objetivo.

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