En el deporte de alto rendimiento, los entrenamientos especializados, la tecnología aplicada al desempeño y la nutrición suelen ocupar los reflectores. Sin embargo, existe un factor silencioso que puede marcar la diferencia entre alcanzar una meta o quedarse en el intento: la hidratación.
Con el aumento de las temperaturas y una creciente participación de personas en actividades físicas y competencias recreativas, especialistas en salud y nutrición destacan la importancia de mantener un adecuado equilibrio hídrico antes, durante y después del ejercicio. De acuerdo con información respaldada por organismos internacionales de medicina deportiva, perder apenas el 2 por ciento del peso corporal debido al sudor puede reducir de manera significativa el rendimiento físico y cognitivo.
El impacto va más allá de la sensación de sed. Cuando el organismo pierde líquidos, disminuye el volumen sanguíneo, lo que obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad para transportar oxígeno a los músculos. Al mismo tiempo, se dificulta la regulación de la temperatura corporal y aumentan la fatiga, la percepción del esfuerzo y los errores en la toma de decisiones.

En este contexto, Nestlé México busca fortalecer la conversación sobre la relevancia de una hidratación adecuada como parte integral de la salud y el desempeño deportivo. Ana Villarreal, gerente de Bienestar y Nutrición de la compañía, explicó que el reto no solo consiste en reponer agua, sino también los minerales que se pierden durante la actividad física.
“Los electrolitos, especialmente el sodio, cumplen funciones esenciales para mantener el equilibrio de líquidos, la contracción muscular y la transmisión nerviosa. En ejercicios prolongados, reponer únicamente agua puede no ser suficiente”, señaló la especialista.
La recomendación cobra especial relevancia en entrenamientos o competencias que superan los 60 minutos de duración, donde la pérdida de electrolitos puede incrementar el riesgo de calambres, agotamiento e incluso alteraciones como la hiponatremia, una condición asociada con niveles bajos de sodio en sangre.
De acuerdo con las pautas internacionales, una estrategia de hidratación efectiva debe contemplar tres etapas. La primera consiste en prepararse antes de la actividad física, consumiendo líquidos de manera anticipada para iniciar en condiciones óptimas. La segunda se enfoca en mantener una ingesta regular durante el ejercicio para evitar pérdidas excesivas de peso corporal. Finalmente, la fase de recuperación busca restablecer el balance hídrico mediante la reposición de líquidos y sodio una vez concluido el esfuerzo.

Los expertos coinciden en que no existe una fórmula universal. Factores como la genética, la intensidad del ejercicio, la temperatura ambiental y la humedad influyen directamente en la cantidad de líquido que cada persona pierde al sudar.
En un entorno donde el rendimiento y el bienestar son prioridades crecientes, la hidratación deja de ser un hábito secundario para convertirse en una herramienta estratégica. Para empresas del sector alimentario y de nutrición como Nestlé México, impulsar información basada en evidencia representa una oportunidad para fomentar estilos de vida más saludables y una mejor preparación física entre la población.



