La ventaja de tomar un vuelo a las seis de la mañana desde México a Reikiavik con escala de una cuantas horas en Montreal para llegar a Islandia te permite tener la oportunidad de cumplir con uno de los objetivos que cualquier Glotón Fisgón que se respete atesora, comer muy bien.
Está ruta resulto ser la via más corta y económica de viajar hasta la capital de Islandia y en el camino descubrir un nuevo comedero que nos recomendaron nuestros amigos Poncho y Wen, así que sin perder tiempo nos lanzamos al Café Ferreira para comer como portugueses en Canadá
Cuando aparecen los primeros rayos del sol los canadienses aprovechan la menor provocación para salir a las calles en ropa veraniega y sentarse en algunas de las terrazas que montan sobre las banquetas como extensión de los restaurantes y Café Ferreira tiene la suya.
En la parte interior, las 15 mesas con manteles blancos perfectamente planchados le dan un toque de sobriedad y elegancia muy al estilo europeo. El menú es corto, pero con excelsas especialidades de la comida lusitana.
Te conozco, bacalao
Como Poncho y Wen vivieron algunos años en esta ciudad nos acogimos por completo a sus recomendaciones de éste, que es por mucho su lugar favorito en Montreal.
Si se piensa en un platillo que describa la gastronomía portuguesa es sin duda las sardinas frescas y hechas a las brasas con un toque de sal de mar que se deshacían en la boca, no sólo por la calidad del ingrediente sino por el equilibrio de su ejecución. Nada que ver con las enlatadas de Calmex en un día de campo en Chapultepec.
Para refrescar el paladar continuamos con unos ostiones que sobresalían por el gel de limón que daba balance entre la acidez y ese dulzón sabor a mar que aportan estos moluscos.
De nuevo la voz de Alfonso resonó como la de Pepe Grillo al recomendarnos el bacalao negro fresco y pochado logrando un termino de cocción cercano a la perfección, suave, jugoso, con esas lajas que se separan como hostias para la comunión.
No podía faltar el arroz con mariscos, caldoso, de sabor intenso provocado por la presencia de los huesos de pescado con el que se logra el fumé de este platillo al que se le unen las conchas y mariscos que se camuflagean en la cremosidad del risotto, al que le agregamos, por no dejar, un par de carabineros de talla XL de rojo brillante. Un verdadero festín.
Cierre de campeones
Otro tema es la carta de los vinos que tiene un reconocimiento de Wine Spectator, por su especialidad en caldos portugueses y de Francia, aquí el sponsor se sentía como niño en dulcería al que se le advirtió que solo podía escoger uno y no sabía por cuál decantarse.
Finalmente se decidió por un blanco, reserva de la Rivera del Douro, que maridó muy bien con los frutos de mar que nos recetamos.
Para cerrar con broche de oro el capitán nos convenció de que un agasajo culinario como éste no estaría completo sin la famosa tarta de nata y por supuesto en compañía de un porto de 20 años, ¿por qué no?
La recomendación de nuestros amigos fue redonda, no por nada aman ser Glotones de hueso colorado como nosotros y como ellos volveremos cada vez que podamos a este lugar de Portugal en Montreal, aunque no tengamos que salir corriendo para tomar un vuelo e ir bien cenados a nuestro próximo destino culinario.



