El número de ocupados en México aumentó en 552 mil personas al primer trimestre de este año, en comparación con el mismo periodo del año anterior, lo que representó la mayor cifra en siete trimestres, desde mediados del 2024.
El mayor dinamismo ocurrió pese al entorno de desaceleración económica, pero estuvo sustentado en un mayor número de trabajadores en la informalidad, en el autoempleo y una mayor proporción de ocupados en condiciones precarias. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la población ocupada ascendió a 59.6 millones al primer trimestre.
La informalidad absorbió prácticamente todo el crecimiento de la ocupación. Del total de plazas generadas, 583 mil correspondieron al empleo informal, mientras que el empleo formal registró una caída cercana a 32 mil puestos.
Por posición en la ocupación, el trabajo por cuenta propia concentró la mayor parte del crecimiento. Entre enero y marzo, 451 mil personas se incorporaron bajo este esquema, el 82 por ciento de los puestos generados en el periodo, mientras que los trabajadores subordinados y remunerados apenas aumentaron en 56 mil.
Janneth Quiroz, directora de análisis económico de Monex, indicó a El Financiero que el mercado laboral aún muestra capacidad para absorber trabajadores, incluso en un entorno de desaceleración económica e incertidumbre global.
Deterioro en la calidad del empleo
Quiroz señaló que el dato más relevante del reporte es el deterioro en la calidad del empleo, ya que el incremento de la informalidad y del trabajo por cuenta propia sugiere que la economía no está generando suficientes plazas formales de calidad.
“El mercado laboral sí está creando ocupación, pero no necesariamente bienestar laboral”, indicó
Añadió que el ajuste económico en México todavía no se refleja en un aumento importante del desempleo abierto, sino en una precarización gradual del empleo.
En línea con ello, la tasa de condiciones críticas de ocupación, indicador que mide a trabajadores con jornadas insuficientes o excesivas acompañadas de bajos ingresos, subió a 38.6 por ciento, la mayor cifra al menos desde 2005.
En tanto, la tasa de subocupación se ubicó en 6.6 por ciento, similar al dato reportado en el primer trimestre del año pasado. La tasa de desempleo en el primer cuarto se situó en 2.6 por ciento, ligeramente arriba del 2.5 por ciento del 2025. El número de desocupados subió en 70 mil en el periodo, al pasar de un millón 490 mil a un millón 561 mil.
Julio A. Santaella, expresidente de la Junta de Gobierno del INEGI, señaló en sus redes sociales que la población ocupada se ha mantenido oscilando entre 59 y 60 millones de personas desde el tercer trimestre de 2023, lo que evidencia la falta de un crecimiento sostenido en la generación de empleo.
El economista destacó que el aumento anual de la ocupación se concentró principalmente en trabajadores por cuenta propia, micronegocios y sectores de servicios, mientras que únicamente 56 mil plazas correspondieron a trabajadores asalariados.
Caída del empleo formal
Analistas de Banco Base señalaron que el empleo formal acumuló cinco trimestres consecutivos de caídas anuales, una dinámica que históricamente sólo se había observado en periodos asociados a recesiones económicas, como la crisis financiera de 2008-2009 y la pandemia de 2020.
Señalaron que el desplazamiento hacia la informalidad está funcionando como un amortiguador del desempleo, ya que muchas personas encuentran ocupación en condiciones precarias en lugar de permanecer desocupadas.
Consideraron que, si la tendencia de informalización no se revierte, la economía nacional continuará requiriendo inversiones de capital cada vez más costosas para generar niveles mínimos de valor agregado.
“Este retroceso estructural no solo compromete el bienestar de los trabajadores al anclarlos en actividades de baja remuneración, sino que pone en riesgo la capacidad de crecimiento de largo plazo al reducir la producción real por cada trabajador integrado al mercado”, apuntaron.
Hacia delante, Quiroz consideró que el principal riesgo es que el deterioro en la calidad del empleo termine debilitando el consumo privado, debido a que los trabajadores informales suelen enfrentar ingresos más volátiles, menor acceso al crédito y menor estabilidad laboral.
Los datos refuerzan así la lectura de un mercado laboral que mantiene capacidad de absorción y estabilidad en los niveles de desempleo, pero cuya composición continúa mostrando rezagos en formalización, productividad e ingresos, en un contexto de bajo dinamismo económico.







