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Un ‘espectacular’ Max Verstappen es el nuevo monarca del mundo en la F1

Para llegar a la cifra de 34 pilotos que se coronan desde 1950. Se puede discutir hasta el infinito, pero lo sucedido, aquí está. Fue fantástico su año y pudo sortear las dificultades que se le presentaron. La fortuna también tiene su parte en lo que ocurre.

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A sus 24 años, Max Verstappen se consagró como nuevo monarca de la Fórmula 1 por encima del británico Lewis Hamilton. (Foto tomada de la cuenta de Twitter @redbullracing)

Fin de año. Fin de las ruedas del tamaño habitual. Fin del diseño de los autos de la F1 como fueron antes; ya que vendrán nuevas medidas y nuevos pesos. Fin del reglamento deportivo previo, para ponerlo al día.

¡Cómo no!

Fin del reinado de sir Lewis Hamilton que ya lo ha ganado todo.

Los tiempos cambian y un piloto de los de la nueva horneada, de esos que se gestan en criadero, ha dado el golpe determinante.

Muerto el rey. Viva el rey

Max Verstappen es campeón del mundo por todo lo alto.

Lo único que no se podrá argumentar es, que le hayan faltado razones válidas.

El bátavo ha hecho una campaña admirable. Red Bull su equipo, dio una lucha detrás de la otra hasta donde fue posible.

Sin embargo, en el campeonato de constructores, Mercedes seguirá siendo el primero.

Esto es lo que se vivió y punto.

Cosas de la vida

El factor suerte ha sido determinante.

Ayer Max se quedó con la PolePosition después de rodar en un giro por encima de genial. Estaba dado el primer paso. Hoy domingo, en la noche, empezó la batalla como ha sido la tónica del año.

Con discusiones, queriendo ponerse de acuerdo, pero sin lograrlo.

Lo de siempre en donde quiera: uno de los rivales ve una cosa y el contrincante, lo opuesto.

¡Arrancan!

Hamilton le ganó la largada a Verstappen y a poco, el de los Países Bajos, atacó fuerte hasta poder rebasar al británico. Éste, se fue por fuera de la pista y regresó –tan pancho– sin perder la punta.

¿Legal o ilegal?

Aquí está la base de todo el asunto.

Esto de la Fórmula es un juego.

Para jugarlo, todos los que participan están de acuerdo en que hay un arbitraje.

Hasta nosotros

En efecto y por ende, los aficionados y los espectadores, sabiendo o no de ese compromiso esencial para que haya juego: debemos de asumir que lo hemos aceptado.

Sino, estaremos en un terreno muy cuestionable ¿quién es alguien que pueda llegar a decir cómo quiere que se diluciden estas carreras?

Vaya. Estamos en la número 1,057 de la saga.

Perdón, pero no se va a permitir llegar tarde y querer imponer un modo. Este modo ya está en operación.

Cosa juzgada

Para más apoyo de ello: los jueces que son cuatro, más el director de la prueba, tienen las herramientas electrónicas y cibernéticas para ver al milímetro y en milésimas de segundo lo que está ocurriendo.

Se pueden equivocar en alguno de sus fallos, pero nunca será por falta de pruebas.

En el mundo de la política y en el de los negocios puede que se hagan trampas. En el deporte –y más en uno como estos, tan exquisito– más nos vale que no.

Porque esto es juego y como tal, tiene una sola razón (en última instancia) que es divertirnos. Nació para distraernos. Para pasarla bien. E imitar a la vida real.

La famosa, guerra, en la paz.

No lo debemos de descomponer. Juguemos limpio...

El pasado reciente

Después de la muerte de Charlie Whiting, en el mes de octubre de 2019, hubo que empezar a convivir con una nueva manera de dirigir las carreras. El inglés tenía una dilatada experiencia y su palabra era muy bien aceptada por todos, sin rechistar.

Quien llegó en su lugar, el australiano Michael Masi, podrá tener un nuevo criterio; tal vez falta de experiencia. Pero su autoridad debe de estar libre de malicias, porque sino, este deporte deja de serlo.

A él se lo puede cambiar, a las carreras no (aunque sufran modificaciones) se trata y se va a tratar de que uno de los autos llegue primero, y ya.

En eso consisten las temporadas y la historia de la F1.

¿En dónde estamos?

Pues en el asunto que, en la última vuelta de la carrera de hoy, hubo un vuelco; y después de eso ganó quien venía en el segundo lugar.

Nada más eso pasó.

Buscar más, es querer encontrar los tres pies del gato.

Viene entonces decir que: la suerte participa y así quiso ella, de modo que, faltando quince Laps para terminar el compromiso, equis coche se estampara en contra de una de las vallas.

Ello obligó a sacar las banderas amarillas que ordenan, Fortiori, a bajar la velocidad y a no rebasar.

En ese lapso de pausa, Red Bull determinó hacer un segundo cambio de ruedas y ponerle a Verstappen las ‘blandas’ para que tuviera más velocidad, si llegaba el caso de tener la oportunidad de atacar a Hamilton que iba en primer lugar.

La justa

Después de la situación algo rara en que se salió del trazado y regresó el británico –hasta hoy campeón– no soltó el liderato.

Salvo en unos cuantos giros cuando hizo su primer y único cambio de neumáticos, prestándole el primer lugar momentáneo a Sergio Pérez compañero del retador, en Red Bull.

Al retorno del canje de gomas, Lewis asumió muy fuerte el paso y poco delante, fue a someter al mexicano.

Pérez Mendoza se defendió con gallardía y buen manejo, hasta que tuvo que ceder porque ya casi no tenía cauchos y el de Mercedes, iba muy rápido.

Parecía cosa de aguantar hasta el final, nada más, para que Hamilton se hiciera con su octavo título del mundo.

Salvedad

Entonces, ha sido que los hados y las hadas entraron al partido, el canadiense Nicholas Latifi perdió por un instante el control de su Williams y, lo estampó al salir de La Curva 13 (que dicen que es la de la mala pata).

Masi leyó e interpretó a su manera, el reglamento escrito y autorizó a: que los autos que ya estaban doblados (lapeados) se hicieran a un lado.

Tal medida, permitió a Max ponerse a la espalda de Lewis.

Ya faltaba tan sólo la vuelta 58ª (que es la del final) y gracias a que traía mejores neumáticos, Verstappen pudo sobrepasar a Hamilton (a la altura de La Curva 5) y de esta suerte, ganar la carrera.

Tan-tan

La pequeña historia quedó escrita y firmada.

No habían pasado ni tres minutos cuando Toto Wolff director de Mercedes hablaba por teléfono, airado, a Masi: “Oye Michael, estamos en una carrera de autos”. “Pues sí, esto es una competición entre coches”, le contestó.

Habrá todo tipo de protestas…

Llegará a la ONU, a La Meca y al Vaticano, pero lo que ha sucedido ya es cosa del pasado.

¿Sabe usted por qué deberá de ser así?

Porque hubo en la Yas Marina más de media tribuna que aclamaba al vencedor como su nuevo héroe.

Se la conoce como la Orange Army y viaja desde Holanda siguiendo, modélica, por el mundo, a su ídolo.

Todos van con sus camisetas del color de la naranja mecánica…

…y ellos, vieron ganar a Max Verstappen como lo vio medio mundo.

Y fueron testigos de que subiera al podio.

También de que su contrincante, lo felicitara.

Hay algo más: Vox Dei Vox Pópuli.

Así que queda bien poco por apelar:

¡A Mil Por Hora!


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