Culturas

Silvio, la velada en el Zócalo, la historia reciente y el ‘necio’ de Palacio

Silvio Rodríguez ofreció un concierto en el corazón político y cultural del país, el Zócalo de la CDMX. La cantante mexicana Vivir Quintana abrió el evento musical.

Cuentan que el cartero de Neruda dijo alguna vez que la poesía no pertenece a aquellos quienes la escriben, sino de aquellos que la necesitan. Eso justifica que miles de personas se congregaran la noche del viernes en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México para escuchar al que es considerado el máximo exponente de la Nueva Trova Cubana: Silvio Rodríguez.

La amenaza de lluvia no impidió que cientos de personas llegaran horas antes del inicio del concierto gratuito, que el cantautor cubano ofrecería en el corazón político y cultural del país. El viento soplaba recio, pero las nubes grises no desaparecieron, y poco antes de que concluyera la participación de la cantante mexicana Vivir Quintana, las primeras gotas comenzaron a caer.

La lluvia se intensificó poco antes de que entrara a escena Silvio Rodríguez, impermeables y paraguas hicieron su aparición, aunque poco antes de las 9 de la noche, cuando el cubano comenzó con los acordes de ‘Tonada para dos poemas (La pupila insomne)’, los paraguas comenzaron a bajar tras el grito de la gente de “hoy todos nos mojamos”.

La historia reciente

¿Qué puede contar el Zócalo capitalino que ha sido testigo de varios acontecimientos políticos y culturales en la historia reciente? El viernes estuvo repleto con alrededor de cien mil personas de diversas edades, según fuentes oficiales, muchos de ellos con más de 50 o 60 años encima identificados o que fueron testigos de la lucha del que hoy ocupa Palacio Nacional.

Pero también estaban deseosos de cantar poesía, hablar de revolución y escuchar más música. El trovador cubano y sus acompañantes deleitaron a la concurrencia con ‘Casiopea’, ‘América’ y ‘Sueño con serpientes’, esta última más conocida por el público que coreó cada una de sus acordes acompañados con la magistral flauta de Niurka González.

La lluvia amainó para felicidad de los concurrentes que aclamaban una y otra vez a Silvio. Le siguieron ‘Te amaré’, ‘Óleo de una mujer con sombrero’ y el manifiesto filosófico político del trovador cubano, ‘La Maza’. Continuó con ‘Mi unicornio azul’, tema en honor al poeta salvadoreño Roque Dalton (asesinado en 1975) y uno de los más coreados del público.

Enseguida se escucharon los acordes de ‘Yo te quiero libre’ y ‘Días y flores’, para enseguida interpretar ‘Danzón para la espera’, una canción que según dijo el propio Silvio Rodríguez compuso durante la pandemia. Le siguió ‘Quién fuera’ y ‘La era está pariendo un corazón’ (pieza en honor al ‘Che’ Guevara) dos de las canciones preferidas del público asistente que también coreó al unísono.

El ‘necio’ de Palacio

“La otra noche dije en el teatro (Auditorio Nacional) que alguna vez se la dediqué a Fidel (Castro) y que ese día se la dedicaba a Andrés Manuel. Ahora se la vuelvo a dedicar a Andrés Manuel y a todos los mexicanos que creen que es posible un futuro mejor”, dijo el cantautor cubano al interpretar ‘El necio’ ante la algarabía del público asistente.

Será que la necedad parió conmigo / La necedad de lo que hoy resulta necio / La necedad de asumir al enemigo / La necedad de vivir sin tener precio...

En la primera de sus presentaciones en el Auditorio Nacional, el músico cubano aprovechó para dedicar esta canción al presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien se dice mantiene una buena amistad desde hace varios años. Aunque también a los miles de ‘necios’ que fueron testigos de la velada en el Zócalo.

Silvio Rodríguez y sus músicos se despedían así del público mexicano, que pedía a gritos uno de los temas que es prácticamente un himno para varias generaciones, ‘Ojalá’; luego tres canciones más antes de concluir con ‘Historia de las sillas’, dejando al público satisfecho.

Pasadas las 11 de la noche concluyó el concierto, y prácticamente toda la gente con cubrebocas puesto como se debe, fue desalojando el Zócalo capitalino en perfecto orden. “Yo me muero como viví”, gritaban muchos.

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