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Sequía de esperanza: cambio climático hace que centroamericanos huyan a EU

Centroamérica se encuentra entre las regiones más vulnerables del planeta al cambio climático, a pesar de producir menos del uno por ciento de las emisiones de carbono globales, según el Banco Mundial.

José Mario Antonio Milla recuerda la época en donde la temporada de lluvias era clara. En La Laguna, una aldea de alrededor de 60 familias ubicada al oeste de Honduras, las lluvias solían comenzar a finales de abril y continuar hasta noviembre, lo que le aseguraba una cosecha saludable de maíz para alimentar a su familia. En los años buenos, a veces le quedaba una pequeña cantidad para vender. Ahora ya es junio, y no ha caído ni una gota en su hectárea de tierra, dice. Los meteorólogos predicen una temporada de lluvias más corta este año, lo que hace que el agricultor de 52 años se pregunte si su familia, de seis personas, tendrá lo suficiente para comer.

Las familias de La Laguna solían producir hasta 8 toneladas de maíz al año, pero ahora tienen que conformarse con aproximadamente un tercio de eso, dice Milla. “Eso fue en aquellos tiempos, unos 15 o 20 atrás. Ya nadie cosecha esas cantidades”. Varios de sus vecinos y parientes dejaron de intentar ganarse la vida con la tierra y se mudaron a las ciudades, mientras que otros contrataron coyotes para que los llevaran de contrabando a Estados Unidos.

Dos de las hermanas de Milla viven en Pensilvania y un hermano ha viajado por varios estados. Milla dice: “Cuando las cosas empeoran, la gente se va. Pero los engañan los coyotes y luego están de regreso aquí”.

El llamado Triángulo Norte está plagado de violencia crónica, Gobiernos corruptos y falta de oportunidades económicas, factores que hacen que más de 300 mil salvadoreños, guatemaltecos y hondureños huyan de sus países cada año, según estimaciones de académicos de la Universidad de Texas en Austin.

Los agricultores, que en algunas de estas naciones representan hasta el 30 por ciento de la población, están luchando contra otra amenaza: el clima extremo.

Centroamérica se encuentra entre las regiones más vulnerables del planeta al cambio climático, a pesar de producir menos del uno por ciento de las emisiones de carbono globales, según el Banco Mundial. Los residentes del Triángulo Norte han soportado cinco años de sequía durante la última década. Solo en 2018, esta situación causó pérdidas de cultivos para al menos 2.2 millones de personas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La mayoría de ellos eran agricultores de subsistencia sin seguro de cosechas que cultivaban maíz y frijol. Los huracanes Eta e Iota del año pasado destruyeron hogares, cultivos y carreteras, afectando a 8 millones de personas en Centroamérica. Además, infecciones como la roya de las hojas, exacerbadas por el cambio climático, están matando cada vez más los cultivos de café, una de las principales exportaciones de la región.

“Estos años consecutivos de sequía extrema están realmente fomentando la pobreza y la inseguridad alimentaria en la región y empujando a las familias a abandonar la agricultura y migrar para sobrevivir”, dice Marie-Soleil Turmel, científica de suelos del Servicio de Alivio Católico, que trabaja con agricultores en el área. “Comunidades enteras están siendo destruidas”.

La devastación ha dejado a millones de personas necesitadas de asistencia alimentaria. En Honduras, un 31 por ciento de la población está experimentando niveles de crisis de inseguridad alimentaria, al igual que un 23 por ciento en Guatemala y un 10 por ciento en El Salvador, según el informe global de la ONU sobre crisis alimentarias.

Las inundaciones causadas por Eta e Iota, que se produjeron con dos semanas de diferencia, destruyeron todo el cultivo de maíz de Vicenta De León en Chajul, Guatemala, y mataron a sus gallinas, pavos, cerdos y un caballo. Varias docenas de casas fueron arrasadas en la ciudad de 45 mil habitantes, dice.

Mientras De León intenta reconstruir, algunos de sus vecinos se han ido, posiblemente rumbo a EU. “Este año no sacamos nada de cosecha porque todo se perdió”, dice la mujer de 43 años. De León y su esposo ahora tienen trabajos eventuales en la ciudad para mantener a sus seis hijos, pero se han visto obligados a reducir las porciones a la hora de comer. “Estamos buscando la manera de conseguir dinero, pero no es suficiente, no alcanza”, dice.

La Administración de Biden prometió 4 mil millones de dólares durante cuatro años para ayudar a abordar las causas fundamentales de la migración desde Centroamérica, incluida la crisis climática. En abril, la vicepresidenta, Kamala Harris, también anunció que proporcionarán 310 millones de dólares en asistencia humanitaria para los países de la región. “Una de las áreas de enfoque para nosotros es el tema del hambre, los huracanes, la pandemia y lo que estos factores agudos han causado en términos del motivo de la migración que estamos viendo. Se van no porque quieran, sino porque no tienen recursos”, dijo Harris la semana pasada durante una visita de Estado a Guatemala.

“Somos vecinos y la posición de EU es que, por lo tanto, estamos interconectados. Compartimos lazos familiares, compartimos lazos históricos, y es importante que, al embarcarnos en una nueva era, reconozcamos el significado y la importancia de esta relación como vecinos. Es de nuestro interés colectivo que trabajemos juntos donde podamos encontrar la posibilidad de resolver problemas que son de larga data”, sentenció Harris.

Al respecto, el ministro de Agricultura de Guatemala, José Ángel López, reconoció los riesgos climáticos del país y el daño en los suelos como causa de inestabilidad entre los habitantes de esas comunidades. “Estados Unidos ahora está apuntando al cambio climático. El daño que nos hace las grandes tormentas es por el cambio climático”, afirmó.

Desde principios de año, las autoridades estadounidenses han aprehendido o negado la entrada a más de 200 mil centroamericanos en la frontera sur de EU, expulsando a muchos de ellos a México.

Un estudio publicado en abril por el Banco Interamericano de Desarrollo, la Universidad de los Andes y la Universidad de Colorado Denver encontraron que la migración desde El Salvador aumentó después de una sequía severa en 2014-15, y más hogares informaron que tenían familiares en EU.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) también ha encontrado una correlación positiva entre huracanes y migración a EU desde la región. Si bien algunos eventos climáticos son inevitables, invertir en mitigación como construir una infraestructura más sólida, plantar cultivos más resistentes y diversificar las economías para que las ciudades sean menos dependientes de trabajos sensibles al clima podría ayudar a suavizar el golpe, según Pablo Escribano, especialista regional en migración, medio ambiente y cambio climático de la OIM.

“Algún grado de migración será inevitable y algunas áreas de Centroamérica se volverán inhabitables”, dice.

Aun así, “las proyecciones indican huracanes más intensos y frecuentes, y algunas áreas de Centroamérica verán aumentar las condiciones de sequía. La situación es muy desafiante”.

De regreso en La Laguna, Milla puede contar al menos con los 100 dólares que sus hermanas le envían cada pocos meses, lo que ayuda a comprar alimentos y artículos para el hogar. Dice que quiere seguir cultivando el mayor tiempo posible y está experimentando con diferentes métodos de riego y fertilizantes para aumentar el rendimiento de los cultivos. Consideraría mudarse a EU si pudiera obtener una visa y permisos de trabajo. “Es difícil ganar dinero extra aquí para sobrevivir, por eso la gente se va”, dice. “Todos aquí viven de sus cosechas y eso depende de la lluvia”.

Este texto es parte del especial de la revista Bloomberg Businessweek México de ‘Sequí de esperanza. Migran para no morir’. Consulta aquí la edición fast de este número.