A más de un mes del sismo de magnitud 6.5 ocurrido el 2 de enero en San Marcos, Guerrero, la tierra continúa moviéndose. Hasta las 20:00 horas del 8 de febrero, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) ha registrado 6 mil 594 réplicas del evento principal; la de mayor tamaño alcanzó magnitud 5.0.
El temblor de pasado 2 de enero, que se percibió en vario estados del sur y centro de México (incluida la CDMX), se registró a las 07:58 horas (tiempo del centro de México) y tuvo su epicentro en las cercanías de San Marcos, en la región de la Costa Chica de Guerrero.
De acuerdo con el reporte especial del SSN, el sismo se originó debido a una “falla inversa”, estructuras geológicas características de las zonas de convergencia de placas tectónicas, como ocurre con la placa de Cocos y la placa Norteamericana.
Guerrero se ubica precisamente en el límite entre dos placas en la Costa del Pacífico mexicano, lo que lo convierte en una de las entidades con mayor actividad sísmica del país. “En esta región, la placa de Cocos se está metiendo por debajo de la placa de Norteamérica en un fenómeno que se conoce como subducción.”, explica el SSN.
El análisis técnico indica que la ruptura ocurrió a una profundidad intermedia, suficiente para que el movimiento se percibiera con fuerza en distintos puntos del sur y centro del territorio nacional. La energía liberada explica la prolongada secuencia de réplicas que ha seguido desde entonces.
Temblor del 2 de enero en México: una secuencia sísmica que no se detiene
Las réplicas forman parte del proceso natural que sigue a un sismo fuerte. Ocurren en la misma zona donde se produjo la ruptura principal y disminuyen poco a poco en número y magnitud, a medida que la corteza terrestre libera la energía acumulada y alcanza un nuevo equilibrio.
El Gobierno de México, a través del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), explicó en su reporte del 2 de enero que estas réplicas son un fenómeno común y forman parte del reajuste —o “cicatrización”— de los esfuerzos tectónicos en la litosfera después del evento principal.
Según detalla el SSN, Guerrero es un estado que registra alrededor del 25 por ciento de la sismicidad que se presenta en nuestro país.

Alguno de los sismos más importantes en la historia de México tuvieron su epicentro en este estado: el sismo del Ángel del 28 de julio de 1957 de magnitud 7.5, y el sismo de Petatlán del 14 de marzo de 1979. Ambos causaron daños significativos tanto en las zonas cercanas al epicentro como en la Ciudad de México.
La Brecha de Guerrero y la probabilidad de un gran sismo
Los sismos forman parte del funcionamiento natural de la Tierra. En los límites donde chocan o se deslizan las placas tectónicas, la energía se acumula de manera constante. Cuando esa presión alcanza cierto punto, se libera en forma de un temblor.
En términos generales, cuando pasa mucho tiempo sin que se registre un sismo importante en una zona activa, aumenta la probabilidad de que ocurra uno. Esto es lo que sucede en el tramo entre Acapulco y Petatlán, en la Costa Grande de Guerrero, conocido por los especialistas como la Brecha de Guerrero.
En esa región se registraron cuatro sismos fuertes entre 1899 y 1911, con magnitudes estimadas entre 7.5 y 7.8. Desde entonces no ha ocurrido un evento de tamaño similar. Por ello, investigaciones realizadas por sismólogos mexicanos y extranjeros señalan que la Brecha de Guerrero es una de las zonas del país con mayor probabilidad de generar, en el futuro, un sismo de gran magnitud.







