Shinzo Abe, ex primer ministro de Japón, murió este viernes a consecuencia de dos disparos de arma de fuego. El político japonés se encontraba en un acto de campaña, en Nara, cuando fue atacado por la espalda.
Abe, de 67 años, recibió dos disparos por la espalda a unos tres metros de distancia mientras hacía campaña para las elecciones del próximo domingo para llegar a la Cámara Alta, en la ciudad occidental de Nara, dijo la emisora NTV, citando a un funcionario del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD).
El tiro fatal vino minutos después de que Abe empezó a hablar en el acto político en Nara y horas después lo declararon muerto en un hospital, dijeron funcionarios médicos.
La policía arrestó al sospechoso de efectuar el disparo en el lugar del magnicidio que conmocionó a todo Japón, uno de los países más seguros y con las leyes de control de armamentos más estrictas del mundo. Cerca del sospechoso se halló un artefacto de doble caño que parecía ser un arma de fabricación casera.
Los inicios de Abe en la política
Shinzo Abe (Japón) fue presidente del Partido Liberal Democrático (PLD) y primer ministro de Japón de diciembre de 2012 a septiembre de 2020.
La carrera política de Abe comenzó en 1993, cuando fue elegido por primera vez en la Cámara de Representantes; años más tarde, en el 2005, se convirtió en Jefe del Gabinete de Junichiro Koizumi, quien fue primer ministro de 2001 a 2006.
En 2006, Abe se convirtió en Presidente del Partido Liberal Democrático (PLD), ese mismo año fue electo por primera vez en primer ministro de Japón, siendo la persona más joven en ese cargo que había tenido el país después de la guerra. Sin embargo, no duró mucho en el puesto, ya que en el 2007 tuvo que renunciar al cargo debido a razones de salud.
Regresó a la política cinco años después, en 2012, cuando volvió a fungir como presidente del PLD y unos meses más tarde fue reelecto como primer ministro, algo que no sucedía en Japón desde 1948.
La postura ultraderechista de Abe
Shinzo Abe es conocido por su postura conservadora. Ha sido descrito en más de una ocasión como un nacionalista de derecha. Fue parte de la mayor organización no gubernamental de ideología de ultraderecha y ultraconservadora de Japón, conocida como Nippon Kaigi.
Abe, un político de raza al que educaron para que siguiera los pasos de su abuelo, el ex primer ministro Nobusuke Kishi, fue quizás la personalidad más polémica y compleja de la historia reciente de Japón. Provocó la furia tanto de los progresistas en el país como de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial con su campaña belicosa para reformar las fuerzas armadas y su posición revisionista de que el veredicto de la historia por el pasado brutal de Japón fue injusto con el país.
Al mismo tiempo, revitalizó la economía japonesa, encabezó los esfuerzos para que cumpliera un papel más destacado en Asia y fue uno de los pocos faros de estabilidad política hasta su renuncia hace dos años por razones de salud.
“Es la figura política más imponente de las últimas décadas”, aseguró Dave Leheny, politólogo en la Universidad Waseda. “Quería que Japón recibiera en el escenario global el respeto que, según él, merecía... Además, quería que Japón dejara de tener que pedir perdón por la Segunda Guerra Mundial”.
Consideraba que Japón tuvo “en la posguerra una trayectoria de éxito económico, paz y cooperación global a la que otros países debían prestar mayor atención y de la que los japoneses debían sentirse orgullosos”, agregó Leheny.
En el ámbito internacional, Abe era conocido por la política económica que impuso durante su periodo como primer ministro. Su política, mejor conocida como ‘Abenomics’ se centraba en la relajación monetaria, el estímulo fiscal y reformas estructurales.
La búsqueda de Abe por cambiar la constitución
Amado por los conservadores, odiado por muchos progresistas, ninguna de sus políticas provocó mayores divisiones que su sueño, finalmente infructuoso, de reformar la constitución, por la cual Japón renuncia a la guerra. Su ultranacionalismo enfurecía a las dos Coreas y China, víctimas de la agresión japonesa durante la guerra.
La campaña por la reforma constitucional provenía de su historia familiar. El abuelo de Abe, el ex jefe de gobierno Kishi, detestaba la carta magna de 1947, redactada e impuesta por Estados Unidos durante la ocupación de posguerra. Abe la consideraba un legado injusto de la derrota de Japón y una imposición del orden mundial y los valores occidentales de los vencedores.
La constitución renuncia al empleo de la fuerza en los conflictos internacionales y limita la capacidad de autodefensa de Japón, aunque el país posee un Ejército, Armada y Fuerza Aérea bien pertrechados que trabajan en estrecha cooperación con Estados Unidos, su principal aliado.
El escaso apoyo público condenó la campaña de Abe al fracaso, pero aún goza del apoyo de los ultranacionalistas.
Abe tenía una gran influencia sobre el actual primer ministro Fumio Kishida al impulsar un fortalecimiento de las fuerzas armadas y su capacidad de realizar un ataque preventivo.
El primer ministro que rescató los Juegos Olímpicos de la pandemia
Abe fue el primer ministro que llevó a su país los Juegos Olímpicos de 2020 y, tras un giro inesperado de guion, quien hizo posible que la gran cita deportiva se disputase en Tokio pese a la pandemia de coronavirus y con un año de retraso.
Abe protagonizó toda la trayectoria del proyecto olímpico de Tokio: desde su victoria en 2013, al ganar la sede de los Juegos a Madrid y Estambul, hasta el aplazamiento forzado por la crisis sanitaria del COVID-19 en marzo de 2020.
A medio camino, su inolvidable aparición en la ceremonia de clausura de Río 2016 disfrazado de Super Mario para recoger el testigo de los Juegos.
No llegó sin embargo a asistir a los Juegos como primer ministro, pues dimitió en septiembre de 2020 por problemas de salud derivados de una colitis ulcerosa crónica.







