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11 secretos que descubrí cuando trabajé en Disney World

Desde padres que dejan a sus hijos con ‘Mary Poppins’ hasta mujeres que desean al Capitán Jack Sparrow, el lugar más mágico de la Tierra es también uno de los lugares más coloridos para trabajar.

En los años de 1960 Walt Disney tuvo un sueño: convertiría una zona de pantanos y naranjales en Florida en una versión de la utopía, donde las fantasías de la infancia podrían cobrar vida. El parque Magic Kingdom se inauguró el 1 de octubre de 1971, hace 50 años, comenzando un cuento de hadas que se desarrolló tal como se esperaba. A lo largo de las décadas, Walt Disney World ha atraído a millones de peregrinos a un lugar donde los sueños se vuelven realidad, no solo para los visitantes sino también para los empleados.

De hecho, no hay fanáticos más devotos que las personas que trabajan en los parques temáticos de Disney. Llamados “miembros del elenco”, son embajadores de la felicidad que se deleitan en perpetuar una mitología que nunca rompe la cuarta pared del Castillo de Cenicienta. En sus mentes, Campanita es real, hay fantasmas reales en la Mansión Encantada y, lo más importante, solo hay un Mickey.

Tuve la oportunidad de convertirme en parte de su mundo cuando los parques contrataron personal en preparación para el aniversario de oro de Walt Disney World, lo que me permitió descubrir cómo se crea la magia en la experiencia de cada visitante. Desde proteger a los personajes de fans demasiado exaltados, hasta elaborar pasteles de cumpleaños para hipopótamos en Animal Kingdom y practicar la coreografía de cubiertos de la canción Be Our Guest, esto es lo que aprendí durante una semana trabajando en el resort más ajetreado del planeta.


Nadie interpreta a Cenicienta, sino a su ‘amiga’

Si hay una jerarquía de empleados en Disney, en el rango superior están aquellos que se visten como “personajes”. Pero nadie es contratado expresamente para “ser” una princesa; en cambio, un equipo de directores de casting realiza audiciones abiertas para encontrar a una “amiga de Ariel” o “amiga de Cenicienta”, un término oficial que refuerza la idea de que las princesas son reales y no meras mortales disfrazadas. Esos actores y actrices se mueven por el parque en una rotación cuidadosa, por lo que los invitados nunca ven diferentes “Ariels” al mismo tiempo.

La contratación de miembros del elenco para otros roles, como recepcionistas o trabajadores de restaurantes, se ha vuelto más inclusiva en los últimos tiempos, y Disney ha relajado las reglas sobre los uniformes para permitir cosas como tatuajes y tallas más grandes. Pero los personajes que parecen humanos, como Bella o Aladino, son contratados principalmente en función de su altura, tamaño, forma de rostro y tono de piel, que deben parecerse mucho a los de los originales animados. “Te forman en filas de diez, y tú te quedas ahí en silencio y sonriendo”, dice un expersonaje que pidió el anonimato incluso ya jubilado (Disney protege ferozmente su imagen).

Cualquiera que no pueda caber en su disfraz es degradado de, digamos, princesa a ayudante de princesa, al menos temporalmente. La misma regla aplica si una lesión (por ejemplo un brazo enyesado) pudiera perturbar una interpretación convincente.

La mayoría de las princesas “se jubilan” antes de los 30 años, dice el expersonaje. Mary Poppins se ha convertido en un papel de transición cuando a Blancanieves le salen unas arruguitas; la mayoría de las veces, sin embargo, las otrora princesas se cambian a otro departamento durante una década o dos antes de regresar como hadas madrinas.


Los invitados adultos se convierten en bebés

“En más de una ocasión, he visto a padres dejar a sus hijos con Mary Poppins y alejarse confiados en que ella los cuidará”, dice un expersonaje. Los adultos suelen abrazar a sus niños interiores en los parques en lugar de cuidar a los suyos. Y así la institutriz Poppins tiene que llevar a uno que otro niño desorientado al Centro de Niños Perdidos. Luego hay padres que retan a sus hijos a fotografiarse con los villanos, explica otro expersonaje. “Pago 20 mil dólares para que vayas a la escuela católica y no le tengas miedo al diablo, ¡ahora sonríe para mami!” le gritó una mujer a su hija petrificada en un intento de hacerla posar con la Bruja Blanca de Narnia.

Si algunos adultos se comportan como bebés, otros intentan hacerlos. “Ocurre en cualquier atracción que sea lo suficientemente oscura y lenta para un poco de acción”, dice un miembro del elenco, a quien le divierte que los visitantes aún se sorprendan al saber que las atracciones tienen videocámaras por razones de seguridad. Las fotos del recuerdo se seleccionan rigurosamente para eliminar cualquier momento demasiado mágico. “No puedo creer que esté contando esto, pero una vez tuve que pedirle amablemente a una joven en Splash Mountain que no escupiera fluidos corporales en el canal”, dice Kerstin Cote-Crosson, una exoperadora de atracciones que había visto las cámaras.

En cualquier día, hay un círculo de la vida

Aaron Crecraft, gerente de experiencia del huésped en el hotel Coronado Springs Resort de 2 mil 416 habitaciones en Walt Disney World, estima que el 75 por ciento de los huéspedes visitan los parques para celebrar un acontecimiento, sea un nacimiento o una despedida. En un día con la fotógrafa oficial de PhotoPass Tyhra Heintz, pasamos sesiones privadas de 30 minutos fotografiando graduaciones, quinceañeras y compromisos matrimoniales. Las propuestas de matrimonio ocurren casi a diario y algunas salen mal. “Lo grabamos de todos modos, ¡aún es algo para recordar!”, dice el asistente de Heintz.

La solicitud más elaborada para una boda, en el Four Seasons Orlando en Walt Disney World Resort, fue de una novia que estaba particularmente encariñada con Bella de La bella y la bestia: hizo que el equipo de catering aprendiera la coreografía de Be Our Guest para presentarla durante la comida.

Incluso la muerte encuentra espacio para la celebración, particularmente en la Mansión Encantada. “Me atrevería a decir que si la Mansión cerró temporalmente, es porque alguien trató de esparcir las cenizas de la abuela y tuvimos que limpiar todo el lugar”, dice un exmiembro del elenco. El ritual ocurre con frecuencia, al menos una vez al mes.

No seas un visitante problemático

Gruñón, Dormilón, Tontín... no son solo los nombres de los siete enanitos, también son los comportamientos predominantes de los visitantes alrededor de las 3 de la tarde en un día cualquiera. “Hace calor, hay humedad, todos necesitan una dosis de azúcar”, dice Kenzie Palm, mi instructora en la atracción Jungle Cruise, un paseo en crucero que sirve para recargar energías. El trabajo de Palm, en cierto sentido, es hacer que Gruñón y Dormilón vuelvan a ser Timón y Pumba. “Cuando un adulto o un adolescente se desconecta del mundo y se sumerge en su teléfono, le digo en broma que me pida una pizza”, dice. En otras partes del parque, las quejas van desde lo mundano (“¡A mi hijo se le cayó el helado!”) hasta lo loco (“¿por qué no hay un domo sobre el parque cuando llueve?”).

Quienes actúan como las hermanastras malvadas, y pasan de empleado en empleado para quejarse de cosas triviales, son llamados “invitados preciados” (treasured guests), es decir, visitantes problemáticos que el personal quisiera enterrar como el preciado botín de Jack Sparrow. Disney no tiene una cárcel, pero los escandalosos son conducidos a una “habitación tranquila” cerca de Main Street o, peor aún, el personal de seguridad llama a las autoridades municipales.

Todos son ‘Chris de Orlando’

La pieza más importante de un vestuario que no es de personaje es la etiqueta que indica el nombre y la ciudad natal de cada miembro del elenco.

“En cada grupo de nuevos miembros del elenco siempre hay al menos una persona que llora de alegría cuando recibe su etiqueta con su nombre, que les entrega Mickey”, explica Megan Matsumoto, una facilitadora de capacitación. “Yo lloré mucho cuando obtuve la mía”.

Los miembros del elenco tratan a sus pequeñas etiquetas de plástico (siempre se usan sobre el corazón) como si fueran reliquias sagradas. Pero incluso los profesionales más consumados a veces dejan la suya en casa, en cuyo caso se convierten en “Chris de Orlando”, el alias neutral perfecto.

Las damas aman al Capitán Jack

Si bien personajes como Cenicienta y Blancanieves han sido siempre objeto de los deseos de los fanáticos, no son las princesas las más cortejadas. “Cuando debutamos con Jack Sparrow de Piratas del Caribe, lo toqueteaban todo el tiempo”, dice otro exmiembro del elenco. “Las mujeres le dejaban en el bolsillo las llaves de su hotel, le decían cosas como ‘Sé que no eres Johnny Depp y no me importa’ o ‘Búscame más tarde y déjate puesto el disfraz’”. Tarzán tenía un problema similar, por lo que raras veces deambula por los parques.

Pero Disney hace todo lo posible para evitar avances no deseados en su personal. Un séquito de ayudantes denominados handlers mantiene a raya a los visitantes más atrevidos y los personajes que no hablan están entrenados para escabullirse cortésmente de cualquier situación tensa mediante el uso de un cruce especial de brazos sobre su pecho como un código de auxilio.

Los hipopótamos son más exigentes que los humanos

Cinco mil animales viven Walt Disney World, desde elefantes africanos y okapis hasta arañas saltarinas, y cientos de personas los cuidan y facilitan la investigación de la mano de más de 600 organizaciones conservacionistas no lucrativas.

Durante un turno en el que ayudé a Jill Magee, una zoóloga de Animal Kingdom, fui responsable de alimentar a un hipopótamo llamado Henry; su comida diaria es una paca de heno de 18 kilos más frutas y verduras. “Todo el alimento es de calidad restaurante y se cultiva en el lugar”, dice Magee. “A Henry le encantan los plátanos y las fresas, pero odia los nabos y las berenjenas”, añade. Su favorita es la sandía, “son como como barras de Snickers para los hipopótamos”. Para su cumpleaños, Hankopotamus recibió un pastel de siete niveles hecho de melón congelado, manzanas y pasta de frijoles; se lo comió de un bocado.

No te metas con los ‘plaids’

El personal de servicio al huésped, apodado los plaids por sus chalecos a cuadros, tiene el privilegio único de acompañar a las celebridades y dispersar a los fans. La mejor estrategia, señala el plaid Philander Butler, es anunciar a las celebridades la decepcionante noticia (una y otra vez) de que “no tenemos tiempo para las selfies”, lo que “evita que los clientes famosos parezcan descorteses” y hace que los visitantes vuelvan a concentrarse en Pocahontas.

Sorprendentemente, los famosos son muy amigables; una cantante es una visitante habitual tan alegre que se ha hecho amiga de algunas princesas, incluso las invita a Las Vegas cuando actúa allá.

Disney tiene sus palabras sucias

La limpieza ha sido prioridad en la estrategia de Disney desde que reabrió en julio con protocolos de higiene reforzados, mascarillas obligatorias y galones de gel desinfectante por doquier. Pero incluso en épocas no pandémicas, los parques tienen que verse completamente prístinos, ya que cualquier pedazo de basura puede afear la magia.

Los equipos de limpieza del resort pasan la mayor parte del tiempo recogiendo envolturas de caramelos, helados y palomitas de maíz en las terrazas de los restaurantes y en las calles, especialmente después de que tuvo lugar un desfile. Por la noche, los problemas de mantenimiento más importantes se resuelven con mangueras de presión y escaleras.

Cuando Christine Fougère, jefe de apoyo de limpieza, da instrucciones, usa nombres en clave para derrames peligrosos, algo que afortunadamente nunca escuché en el cumplimiento del deber, sin embargo, no son infrecuentes. El Código V es para vómito y el Código H es para desechos humanos (a veces los niños, e incluso algunos adultos, tienen problemas para aguantar cuando están esperando en la fila). Los Códigos Winnies se usan cuando las piscinas del resort se vuelven ligeramente amarillas.

Nunca sabrás quién (o qué) se esconde dentro de Mickey

Si bien los personajes no humanos requieren que quienes los interpretan tengan alturas específicas (no más de 1.5 mts para el pato Donald y alrededor de 6 pies para Goofy), lo realmente esencial en estos roles es la fuerza.

De acuerdo con un “amigo” de Sulley, el disfraz del personaje azul de Monsters Inc. pesa alrededor de 36 kilos; sus brazos de fibra de vidrio, sostenidos por manubrios internos alrededor de los codos, pesan 7 kilos cada uno. Tribilín, por otra parte, está construido de tal manera que la persona que está adentro tiene que inclinar la cabeza hacia abajo, mientras que el campo de visión está a la altura de la boca.

Tras turnos de 30 minutos bajo el calor de Orlando, los actores se retiran a salas de descanso ultraprivadas escondidas detrás de las fachadas de los edificios en Main Street, donde pueden desvestirse sin arruinar la santidad de sus personajes (ni siquiera los empleados de Disney se imaginan ver a Chip y Dale sin sus cabezas).

Todos los disfraces se lavan después de cada turno, en el caso de Tribilín el vestuario incluye medias negras, pantalones cortos negros, una camiseta blanca, protectores corporales especiales para la barriga y el trasero, tirantes, pantalones, luego el suéter y zapatos gigantes y, por supuesto, la cabeza.

“Todos somos responsables de desinfectar nuestras cabezas con un spray al final del día, luego todas se colocan juntas en una estantería”, dice un expersonaje. “En los años noventa, todos tenían que compartir la ropa interior también. Eso se terminó tras un brote de sarna”, añade.

La magia se protege a toda costa

En definitiva, la parte más difícil y crucial de ser miembro del elenco es preservar la magia, pase lo que pase. El entrenamiento para eso comienza el primer día de orientación. Todos los novatos, desde quienes limpian hasta quienes trabajan en las tiendas, aprenden a decir frases como “Que tengas un mágico día”.

Pero el deber más importante es aceptar la fantasía de que solo hay un Mickey o cualquier otro personaje, por eso los visitantes tienen estrictamente prohibido usar disfraces en los parques. “Mi mejor consejo para cuando alguien te pregunta quién está disfrazado de Mickey o cuántos Mickeys hay, es que te hagas el tonto”, dice Matsumoto. “¿El disfraz de Mickey? ¿Te refieres a sus shorts? Al igual que el efecto Campanita, si todo el mundo lo cree con fuerza, tal vez sea verdad.

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