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La experiencia construye el valor de las residencias de marca

Guillermo Jackson destaca que la identidad, la confianza y la atención al comprador definen la fortaleza de estos proyectos.

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Cortesía cliente.

Antes de recibir las llaves de una residencia, el comprador ya tomó una decisión sobre cómo quiere vivir. En los proyectos vinculados con marcas de hotelería, moda o diseño, esa elección incluye la expectativa de pertenecer a un entorno con una identidad reconocible y de confiar su patrimonio a quienes pueden hacerlo realidad.

Convertir esa expectativa en valor es el factor que define la fortaleza de las residencias de marca, de acuerdo con Guillermo Jackson, fundador y CEO de Koppi plataforma proptech que desarrolla herramientas de comercialización para desarrolladores inmobiliarios, en su participación durante el Inmobiliare Luxury & Hospitality Summit, celebrado el 29 de octubre en la Ciudad de México.

Para el especialista, la oportunidad del sector está en conectar el prestigio de una firma con una experiencia que el comprador pueda reconocer desde el primer contacto y disfrutar después de la entrega, “si el desarrollador no sabe aprovechar esa marca para contar una historia, se pierde por completo el punto de la marca”, explicó.

Las llamadas branded residences vinculan desarrollos residenciales con firmas que aportan diseño, estándares de servicio o una propuesta de vida. El modelo, asociado con la hotelería y los destinos de playa, también encuentra espacio en proyectos urbanos y colaboraciones con marcas de otras industrias.

Jackson señaló que estas alianzas permiten ampliar una conversación comercial que durante años se concentró en metros cuadrados, acabados y distribución. Una identidad bien integrada ayuda a explicar qué distingue a un inmueble y por qué puede resultar relevante para determinado comprador.

La diferencia se construye con decisiones concretas. Las imágenes del proyecto, la sala de ventas y la preparación de los asesores deben transmitir una misma propuesta. Cada encuentro con el cliente ofrece una oportunidad para dar certeza sobre lo que recibirá a cambio de su inversión.

Para ilustrarlo, Jackson comparó la compra de una residencia de marca con la elección de una prenda de una firma reconocida. Quien la adquiere espera calidad, pero también una atención y un entorno acordes con su precio. En un inmueble, esa expectativa compromete una parte del patrimonio y se extiende durante años, “y la experiencia completa tiene que ser impecable”, señaló.

Por ello, el conocimiento del desarrollador sobre su mercado resulta decisivo. La colaboración debe traducir los atributos de la marca en espacios, servicios y formas de convivencia que respondan a quienes habitarán el proyecto.

Durante la mesa también se abordó la importancia de definir cómo se administrarán los inmuebles, cuáles serán sus costos de mantenimiento y qué mecanismos permitirán conservar los estándares después de la entrega. Esa continuidad forma parte de la confianza que sostiene la relación con el comprador.

Jackson identificó oportunidades para llevar el modelo a otros segmentos mediante marcas con identidades y públicos distintos. Su potencial, explicó, depende de entender qué pueden aportar al proyecto y qué experiencias tienen sentido para el mercado al que se dirigen.

En la conversación participaron Andrés Martínez Medina, de GFA, y José Alfie, de Grupo Bosque Real, bajo la moderación de Justino Moreno, de Accumin Intelligence México.

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