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La Fed rompe tres años de pausa: sube tasas y reconfigura el mapa cambiario

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Cortesía cliente. (Thomas Barrat/Thomas Barrat - stock.adobe.com)

La Reserva Federal puso fin el pasado miércoles a más de tres años sin movimientos al alza en su tasa de referencia. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió, por unanimidad, incrementar el rango objetivo en 25 puntos base, hasta ubicarlo entre 3.75% y 4.00%, el primer aumento desde 2023 y una señal que reconfigura las expectativas para lo que resta del año.

La decisión llega en un entorno particularmente tenso. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha elevado el precio del petróleo hasta niveles cercanos a los 100 dólares por barril, presionando los costos energéticos y complicando el proceso de desinflación que la Fed llevaba meses persiguiendo. El propio Kevin Warsh, presidente del banco central estadounidense, reconoció que el desenlace geopolítico reciente fue un factor determinante en la votación, y describió el incremento como una medida que “retira una dosis de acomodo” a una economía que, según su lectura, se mantiene fundamentalmente fuerte.

Lo más relevante para los mercados no fue únicamente la decisión en sí, sino las proyecciones que la acompañaron. De los 18 miembros que participan en el ejercicio de pronósticos, 16 consideran apropiado al menos un incremento adicional antes de que termine 2026. Esto confirma que el episodio de septiembre no es un ajuste puntual, sino el arranque de un nuevo ciclo restrictivo, algo que el propio mercado ya venía anticipando desde principios de mes, cuando el debate dejó de ser si la Fed subiría tasas para centrarse en cuántas veces lo haría.

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Cortesía cliente.

El momento no puede desligarse del contexto político. La medida llega a menos de dos meses de las elecciones intermedias en Estados Unidos y coloca a Warsh, designado por Donald Trump con la expectativa explícita de que bajaría las tasas, en abierta discrepancia con la Casa Blanca. El banco central justificó el movimiento citando la persistencia de la inflación por encima del objetivo de 2%, así como una actividad económica e inversión que, en su evaluación, pueden absorber una política más restrictiva sin comprometer el mercado laboral.

Para el tipo de cambio, la decisión confirma un escenario que en Monex veníamos anticipando desde la semana previa. Antes del anuncio, el peso ya cotizaba presionado por encima de 17 unidades por dólar, en un contexto de aversión global al riesgo derivada del conflicto en Medio Oriente y de un dólar que avanzaba de forma generalizada frente a la mayoría de las divisas emergentes.

El mercado había identificado con claridad las condiciones que llevarían al tipo de cambio a probar niveles superiores a 17.20 unidades: un alza de tasas acompañada de señales de que vendrían más incrementos antes de que cierre el año. Ambas condiciones se cumplieron el miércoles, lo que deja al peso operando en un entorno de mayor cautela hacia el cierre de septiembre.

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Cortesía cliente. (iamchamp - stock.adobe.com)

El mecanismo detrás de esta presión es directo. Un incremento en la tasa estadounidense reduce el diferencial de rendimientos frente a los instrumentos mexicanos, restando atractivo relativo a los activos locales justo en un momento en que Banxico, a diferencia de la Fed, mantiene una postura de espera prolongada. Con el bono mexicano a 10 años operando alrededor de 9.27% frente a un Treasury que ahora compite con una tasa de referencia más alta, ese colchón que ha sostenido al peso durante buena parte del año se estrecha, incluso si en términos absolutos el diferencial sigue siendo positivo para México.

El reto hacia adelante será doble. Por un lado, el mercado ya no anticipa que Banxico modifique su tasa en el corto plazo: de acuerdo con la más reciente encuesta de expectativas de Citi entre 37 analistas, 25 de ellos prevén que la tasa de referencia se mantenga sin cambios, con una mediana que la ubica en 6.50% tanto para el cierre de 2026 como para el cierre de 2027, es decir, sin movimientos esperados durante más de un año. Ese consenso, sin embargo, tendrá que ponerse a prueba frente a una Fed que acaba de iniciar un ciclo restrictivo, lo que podría tensionar el balance de Banxico entre sostener el diferencial de tasas y no frenar de más una economía que ya muestra señales de desaceleración.

Por otro lado, el mercado deberá digerir hasta tres incrementos adicionales que algunos analistas ya proyectan para lo que resta de 2026 por parte de la Fed, un escenario que, de concretarse, mantendría al peso bajo presión estructural durante los próximos meses y pondría a prueba qué tan sólidos son, en realidad, los fundamentales que lo han sostenido en los meses más recientes.

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