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El súper peso y sus aliados inesperados: bonos de EU y yen japonés

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Cortesía cliente. (living the dream - stock.adobe.com)

Una intervención destinada a fortalecer al yen puede terminar apoyando indirectamente al peso si estabiliza las condiciones para mantener operaciones de carry. —

El mercado cambiario recibió en agosto dos señales poco convencionales de intervención de las autoridades financieras de las principales economías: por un lado, el Tesoro de Estados Unidos decidió ampliar de manera sorpresiva sus recompras de bonos de largo plazo; por otro, Japón y Estados Unidos coordinaron acciones para contener la depreciación del yen. Aunque se trata de operaciones distintas y con objetivos diferentes, ambas han tenido un punto de conexión para México, pues han modificado las condiciones globales de liquidez, tasas de interés, dólar y apetito por riesgo, favoreciendo al peso mexicano.

El primer episodio ocurrió el 19 de agosto, cuando el Tesoro estadounidense anunció que duplicaría, de $2,000 a por lo menos $4,000 millones de dólares por operación, las recompras de bonos con vencimientos de entre 10 y 30 años. El programa comenzará el 9 de septiembre y estará vigente durante el resto del trimestre de financiamiento. La intención declarada es mejorar la liquidez en los segmentos largos del mercado de deuda.

La noticia tuvo una reacción inmediata en los mercados. El rendimiento del bono estadounidense a 30 años, que había alcanzado niveles máximos de varios años, disminuyó, mientras el dólar perdió terreno frente a otras monedas. El índice del dólar llegó a caer alrededor de 0.8% durante esa jornada. Para el peso, el efecto fue especialmente favorable: el 19 de agosto cerró en 16.9466 pesos por dólar, con una apreciación diaria de 0.70%, rompiendo nuevamente la barrera psicológica de 17 pesos y alcanzando su mejor nivel desde mayo de 2024.

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Cortesía cliente. (The Little Hut - stock.adobe.com)

El mecanismo es financiero. Si disminuyen los rendimientos de los bonos estadounidenses de largo plazo, se reduce parcialmente el atractivo relativo de los activos denominados en dólares. Esto puede favorecer una recomposición de portafolios hacia monedas de mayor rendimiento, particularmente aquellas utilizadas en estrategias de carry trade. El peso mexicano, por su liquidez y por el diferencial de tasas que todavía mantiene frente a Estados Unidos, se encuentra entre las divisas que pueden beneficiarse de estos flujos.

Sin embargo, el efecto no debe interpretarse como una solución permanente al problema del mercado de deuda estadounidense. La recompra representa una intervención relativamente pequeña frente al tamaño del mercado de bonos y no elimina las preocupaciones sobre el déficit fiscal, el endeudamiento y las presiones inflacionarias. De hecho, después de la reacción inicial, los rendimientos volvieron a subir y el dólar recuperó parte del terreno perdido.

El segundo episodio tiene un mecanismo distinto, pero una conexión importante con el peso. A principios de agosto, Japón y Estados Unidos realizaron una intervención conjunta para respaldar al yen después de que la moneda japonesa se acercara a 164 unidades por dólar. El yen llegó a fortalecerse hasta alrededor de 158 por dólar. Se trató de una acción excepcional, ya que la primera intervención conjunta de ambos gobiernos desde 2011.

Aquí entra en juego el carry trade. Durante años, las bajas tasas de interés japonesas convirtieron al yen en una moneda de financiamiento. Los inversionistas podían endeudarse en yenes a bajo costo y colocar los recursos en activos con mayores rendimientos, como los denominados en pesos mexicanos. Mientras el yen permaneciera débil y estable, la estrategia resultaba atractiva.

Pero una apreciación abrupta del yen aumenta el riesgo cambiario de estas posiciones y puede provocar su cierre. En teoría, esto debería generar ventas de activos mexicanos y presiones sobre el peso. Sin embargo, el episodio tuvo una lectura diferente para los mercados: al reducirse el riesgo de una depreciación desordenada del yen, también disminuyó temporalmente la posibilidad de una reversión abrupta del carry. Esto ayudó a mantener el atractivo de monedas de alto rendimiento como el peso. De hecho, analistas señalaron que la intervención conjunta de Japón y Estados Unidos incrementó el atractivo del carry trade ante la expectativa de que el yen pudiera volver a debilitarse.

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Cortesía cliente. (Miha Creative - stock.adobe.com)

Hay, por tanto, una aparente paradoja. Una intervención destinada a fortalecer al yen puede terminar apoyando indirectamente al peso si estabiliza las condiciones para mantener operaciones de carry. Pero si Japón consigue cambiar de manera permanente la tendencia del yen —por ejemplo, mediante nuevas intervenciones o mayores tasas del Banco de Japón— el efecto podría ser el contrario y provocar una reducción de posiciones en monedas emergentes.

La conclusión es importante: las intervenciones en Estados Unidos y Japón no fortalecieron directamente al peso, pero sí modificaron variables que determinan su precio. La recompra de bonos del Tesoro contribuyó inicialmente a debilitar al dólar y reducir los rendimientos largos, mientras la intervención sobre el yen redujo temporalmente el riesgo de una dislocación del carry.

El reto hacia adelante será determinar cuánto de la fortaleza del peso responde a estos factores financieros y cuánto a fundamentos más permanentes. Mientras continúen los diferenciales de tasas y el apetito por riesgo, el peso puede mantenerse fuerte. Pero si las autoridades estadounidenses o japonesas intensifican sus intervenciones, si cambian las expectativas de tasas o aumenta la volatilidad global, el mismo mecanismo que hoy favorece al peso podría convertirse rápidamente en una fuente de presión.

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