Monterrey

Sara Lozano: Sí tengo miedo

Sí tengo miedo de vivir en México.

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Sara Lozano

La cifra de personas desaparecidas crece. Las muertes de activistas por la tierra, el medio ambiente o las mujeres están al alza. Los terrenos rurales bajo el discreto dominio del crimen organizado no te permiten tener animales, motos, tractores porque un día van a desaparecer.

Todos lo saben, los más cercanos te advierten para cuidarte.

La policía extorsiona, tiene sistematizado el moche de las antialcohólicas incluyendo transferencias bancarias y códigos para que no vuelvan a detenerte en el siguiente municipio.

Y si denuncias, no pasa nada.

Me he acostumbrado a no salir de noche si la reunión está a más de 3 kilómetros de mi casa si voy sola. Verifico el entorno antes de bajarme del carro incluso en estacionamientos privados. Además de la cerradura hay cadenas y travesaños en las puertas a mi casa.

Sí tengo miedo de vivir en Monterrey, de ir a paseos campestres de fin de semana, de salir a cenar con amigas, de viajar en carretera, de cruzar la frontera. Es impresionante la tranquilidad que recupero en cuanto cruzo el puente internacional.

No es este gobierno ni este congreso, es la falta de rigor político y ético de generaciones de presidentes, gobernadores y legisladores en México, de empresarios nacionales e internacionales, de la ventaja económica de coexistir con criminales siempre que estén organizados, que usen el cuello blanco aunque estén en procesos penales, civiles o administrativos.

La justicia en México tiene muchos vericuetos y pueden pasar décadas antes de que saques a la mafia de posesionarios de tu propiedad, de los defraudadores bancarios, de los padres desobligados.

Violadores, feminicidas, ecocidas se regodean frente a las víctimas bajo el amparo de un amigo juez. Es aterradora la parsimonia con que a veces aparece la justicia.

A la gente normal, la masa que sobrevive día a día con ganas de salir adelante, se le cobran impuestos como si fueran deudores alimenticios, se les persigue/condena por delitos cuestionablemente probados, se les explota con la medicina privada, con los préstamos informales y las multas fantasmas.

No sólo tengo miedo, también estoy muy enojada.

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