Monterrey

José de Jesús García: Satisfacción con la vida

Hace tiempo que encontré una definición de felicidad con la cual me siento a gusto.

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José de Jesús García

En mis pláticas acerca de la felicidad, invariablemente toco el tema de la definición de la misma. En broma y en serio, casi siempre señalo que si hacemos un recuento de las definiciones que hay en la sala, seguramente encontraremos más definiciones de felicidad que asistentes. Y la verdad es que todos tenemos al menos una definición personal de lo que es la felicidad.

En el mundo de los investigadores, la situación no es muy diferente. De hecho, he visto como a lo largo del tiempo, los gurús de la felicidad van adaptando su definición de acuerdo a lo que les va pareciendo más adecuado. Y tienen razón, ya que la ciencia de la felicidad está avanzando a pasos firmes y nuevos hallazgos nos permiten mejorar los conceptos que teníamos previamente.

Definir la felicidad no es un asunto trivial. Si coincidimos con el enunciado aristotélico de que la felicidad es el fin último del hombre, saber con precisión qué quiere decir este concepto reviste mucha relevancia. Sucede lo mismo con la definición de la misión de la empresa: si no la tengo clara, no sé hacia dónde debo de dirigir los esfuerzos de la organización.

En lo personal, hace tiempo que encontré una definición de felicidad con la cual me siento a gusto. Para mí, en un principio, la felicidad es estar satisfecho con la vida. Este concepto lo conocí casi al inicio de mis estudios de felicidad y me pareció muy adecuado. De hecho, en ese tiempo, este concepto lo utilizábamos para justificar su validez para hacer comparaciones entre países. El concepto de felicidad puede ser muy diferente de acuerdo al país que analizamos, pero si consideramos la satisfacción con la vida, estaremos de acuerdo en que, sin importar la cultura o el país del que hablemos, la gente tendrá una idea más o menos similar del concepto.

Con el tiempo, fiel a mi conducta de investigador de felicidad, le agregué a mi definición tres ámbitos de la satisfacción con la vida. Decir simplemente que estoy satisfecho con la vida me pareció algo limitado y fue entonces que le adicioné estos tres ámbitos. De ese modo, la definición de felicidad que uso en mis pláticas es la siguiente: Una persona feliz es aquella que está satisfecha con lo que tiene, con lo que hace y con lo que es.

La lógica detrás de la inclusión de los tres ámbitos radica en la necesidad de complementar el concepto de la tenencia de bienes materiales.

Con frecuencia hemos sido testigos de que hay gente que tiene muchos bienes materiales y no la consideramos feliz. Nos preguntamos cómo es posible que haya quienes tienen un buen trabajo o un gran negocio, que tienen casas, carros y que van de vacaciones a donde quieren y aun así no se ven felices.

Lo hemos dicho y lo reiteramos: el bienestar material es apenas un elemento de nuestro bienestar integral y no es suficiente para brindarnos la felicidad que deseamos. Hace falta que tengamos también bienestar físico y bienestar emocional. Por lo general, el bienestar material nos da la oportunidad de tener bienestar físico o buena salud. Tenemos los recursos para comer bien, para hacer ejercicio y para ir al doctor cuando se requiere. El asunto se complica cuando entra en la ecuación el bienestar emocional.

Lo que hacemos y cómo lo hacemos tiene muchas implicaciones para nuestro bienestar en general y en particular, para nuestro bienestar emocional. Lo que hacemos es vital para nuestra salud mental y por ende, para nuestro bienestar emocional.

Podemos tener un trabajo excelente en términos de remuneración, pero el estrés, el tipo de actividades o la relación con el jefe y los compañeros de trabajo pueden ser detractores de nuestra tranquilidad y nos pueden evitar el disfrutar de la vida.

Sucede algo similar con lo que somos. Con frecuencia no nos agrada la posición que tenemos en la empresa o en la sociedad y eso nos causa conflicto. Aspiramos a un reconocimiento por nuestra trayectoria o nuestras capacidades y cuando no se nos otorga, la felicidad se ausenta de nuestras vidas.

Es así como llegamos a la definición de felicidad que sostiene que para ser feliz requerimos de estar satisfechos con lo que tenemos, con lo que hacemos y con lo que somos.

Por definición, la satisfacción llega cuando alcanzamos nuestras aspiraciones. Si lo que deseamos no llega, tendremos un sentido de insatisfacción y no seremos felices. Inevitablemente, esta insatisfacción estará presente en nuestras vidas con más frecuencia de la que quisiéramos.

¿Qué podemos hacer? Si no se puede lograr todo lo que se desea, la alternativa que tenemos es moderar nuestras aspiraciones. Y esto no quiere decir que seamos conformistas; más bien, quiere decir que hemos elegido disfrutar lo que tenemos y buscar vivir en un estado de satisfacción más que de insatisfacción.

Hace algunos días hablaba en este espacio de la vida sencilla. Quienes la practican, tienen sus aspiraciones bien definidas y acorde con sus posibilidades. Quienes, por el contrario, aspiran a una vida con muchas y muy complicadas aspiraciones, por lo general batallarán más para ser felices. Y en muchos de los casos, estas aspiraciones complicadas se derivan de confundir lo que deseamos con lo que necesitamos.

En suma, la felicidad está al alcance de todos.

La decisión es nuestra.

El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida.


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