Monterrey

Marco Pérez: CFE, electrizante y costosa incompetencia

El regreso del monopolio en la energía.

Por más que se le quiera buscar el lado amable, o las supuestas “virtudes” de la nueva administración pública federal y de los funcionarios de primer nivel que ha nombrado el Presidente López Obrador, en las empresas productivas del estado, Pemex y CFE, (por mencionar solo un par de ejemplos), la verdad es que ni como otorgarles el beneficio de la duda.

Si bien de manera constante eluden confrontar las copiosas críticas a sus desempeños, aludiendo siempre que tienen “otros datos”, la terca realidad se encarga de poner en evidencia su pésimo desempeño, y ni aun así, admiten sus errores.

La nota de esta semana, fue la demanda del Banco de Inversión Goldman Sachs, contra la CFE, reclamando el pago de $400 millones de dólares a través de un arbitraje internacional, por operaciones financieras derivadas que la empresa CFE Internacional se niega pagar.

Como sabemos, durante la crisis energética del pasado mes de Febrero, ocasionada por una inusual onda fría en Estados Unidos, que disparó los precios “spot” del gas natural en Texas, a niveles exorbitantes, aun y cuando solo fueron por solo unos cuantos días, fue extremadamente mal manejada por los funcionarios de la CFE en México, al grado de que algunos especialistas incluso calificaron como “de kínder”, las pifias cometidas en esta empresa productiva del estado.

De hecho, se estima que el costo final de esta mala administración de la crisis, rondará entre los $1.5 y los $2.0 miles de millones de dólares, lo que es verdaderamente inaceptable y motivo de renuncia para el Sr. Bartlett y su equipo directivo, e incluso motivo para fincarles responsabilidades administrativas.

Ya basta de que literalmente se “tiren a la basura” los escasos recurso públicos con los que cuenta el estado para sus labores propias, situación que inició con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, decisión que al día de hoy nos ha costado más de $133 mil millones de pesos, y que nos seguirá costando aún más, a medida que se tengan que liquidar las deudas contratadas por el Fideicomiso “privado”, que ahora su pago está a cargo de la SHCP, y cuyo costo futuro no quiere aceptar ni reconocer el gobierno federal, pero igual tendrá que pagar, con los impuestos de todos nosotros.

Cualquier persona que tome un curso básico de economía, aprenderá que los monopolios no son la mejor alternativa para proveer bienes o servicios, ya que la ausencia de competencia, hace innecesaria la minimización de costos, además de que los precios se pueden determinar en niveles muy por encima de los que se justificarían con base a su costo de producción, por lo que son los consumidores los que vienen sufriendo las consecuencias, altos costos y baja calidad, regularmente.

Regresarle a la CFE el monopolio en la generación de la energía eléctrica que se consume en el País, a través de las reformas que lo sitúan como proveedor “preferente”, sin importar el costo de generación, para garantizarle que todas sus plantas puedan operar, a pesar de sus evidentes y marcadas ineficiencias y altos costos, lo vamos a pagar todos los mexicanos, a través de mayores tarifas, de manera inevitable.

Lo peor de todo esto, es que ni así, se puede garantizar que la CFE vuelva a operar con números negros, ya que se empeñan en hundirla más, y como muestra, está la decisión tomada por el Sr Bartlett, de regresarles a los trabajadores de esta empresa, los antiguos beneficios laborales en materia de retiro, que con tanto esfuerzo y negociación se les habían reducido, en la pasada reforma energética, lo que inexorablemente elevará el pasivo laboral de la CFE, a niveles impagables, daño económico por el que debe responder también esta administración.

De hecho, ni con todos los cuantiosos subsidios, (todos ellos extra-presupuestales) y al margen de lo aprobado por los Diputados, han podido resarcir el costo económico de los errores cometidos.

En el caso de Pemex, a pesar del fuerte repunte que se tuvo en el precio del crudo durante el primer trimestre del año, la deuda de corto plazo siguió aumentando de manera importante, a una tasa de 83 por ciento, y la verdad, está resultando carísima esta deficiente nueva administración.

Es urgente parar esta sangría.