Financial Times

¿América Latina ahora mira hacia la derecha?

La región saturada por gobernantes populistas de izquierda en esta década ve como han abandonado sus cargos, algunos de manera penosa.

Uno por uno, los populistas de izquierda que llegaron al poder en América Latina en la década de 2000, se han ido. En el caso de Hugo Chávez la causa fue el cáncer, para Cristina Fernández de Kirchner de Argentina fueron las elecciones y para Dilma Rousseff de Brasil fue un proceso de destitución. En el caso de Rafael Correa, líder de la "revolución ciudadana" de Ecuador, fue una ley que le impidió servir un cuarto mandato consecutivo, aunque todavía podría volver, al estilo de Putin, en elecciones futuras.

Es tentador ver el fin de un ciclo en la historia de América Latina en las debilitadas fortunas políticas de estos dirigentes de izquierda, con mayor razón aún después de que su abanderado en Cuba, Fidel Castro, también se ha ido. Daniel Ortega, exlíder de la guerrilla sandinista, está aún firmemente a cargo de Nicaragua tras una aplastante victoria electoral en noviembre. Pero de los restantes miembros del club, Evo Morales en Bolivia está luchando una batalla cuesta arriba contra el retiro después de perder un referéndum que le habría permitido postularse de nuevo. Nicolás Maduro se basa en la represión para mantener su endeble dominio sobre la colapsada Venezuela.

Para aquellos que asumieron el manto de las anteriores revoluciones de América Latina, las elecciones de Ecuador representan otra prueba de la evolución del entorno político del continente. Los resultados no concluyentes de la primera ronda — el sucesor favorito de Correa, Lenín Boltaire Moreno, enfrentará una segunda vuelta contra el ex banquero Guillermo Lasso el 2 de abril — deberían servir como advertencia para ambas partes del espectro ideológico.

En la mayoría de los estados (con excepción de Venezuela) las instituciones democráticas son lo suficientemente sólidas como para mantener a raya a los populistas autoritarios que esperan apropiarse de todos los poderes del estado. Ciertamente, Correa sigue siendo popular. Pero si su estrella, y la de su movimiento, se ha desvanecido es en parte debido al estilo intimidatorio.

Los orígenes sociales y económicos del romance del continente con el populismo izquierdista son fáciles de entender. Fueron en gran parte una reacción a la situación hiperoligárquica previa. La actual ola de desencanto con el populismo izquierdista es también fácil de entender. La corrupción y el libertinaje han cobrado un alto precio, sobre todo en Venezuela. Ecuador, donde el partido gobernante está manchado por acusaciones de corrupción, no ha sido la excepción.

Correa fue un administrador más eficiente que la mayoría de sus contrapartes izquierdistas. El gasto social, la inversión en infraestructura y el aumento de los sueldos del sector público y la contratación han contribuido a reducir la tasa de pobreza drásticamente, pasando del 41.5 por ciento en 2004 al 24.5 por ciento en 2015.

Sin embargo, una vez que el ciclo de los productos básicos cambió, afectando el precio del petróleo de Ecuador, la financiación de estos programas se agotó rápidamente. El país recurrió a los préstamos. Así, al igual que la reducción de la pobreza y el mejoramiento de la infraestructura son parte del legado de Correa, también lo es el endeudamiento con China, por la suma de 17 mil millones de dólares.

No obstante, es demasiado temprano para que los políticos de centro-derecha que se han beneficiado con el cambio de marea en Argentina, Brasil, Perú y quizás ahora en Ecuador descorchen el champán. En Brasil, el gobierno de Michel Temer está enredado en el mismo escándalo que causó la destitución de su predecesora izquierdista. En Argentina, Mauricio Macri está pagando un precio muy alto de popularidad por los dolorosos ajustes que ha puesto en marcha.

La actual generación de populistas de izquierda ha sido reemplazada, en su mayor parte, por tecnócratas de centro-derecha. Aunque ésta podría no ser una situación estable. La ira contra la corrupción aún no se ha agotado. Otra ola populista, de derecha o izquierda, nunca está lejos. Las elecciones de Ecuador tal vez muestren que el romance del continente con la izquierda se está desvaneciendo. Pero aún no ha muerto.

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