CDMX

De la protesta a los museos: La relación entre el arte y el movimiento feminista en la CDMX

Con motivo del 8M, museos y galerías de la capital prestaron sus instalaciones para la difusión de expresiones feministas.

Las reivindicaciones de los movimientos feministas se han vuelto ineludibles. Desde lo más banal, como los productos revestidos de etiquetas moradas; pasando por lo simbólico, como las pintas en los estatuas contiguas a la gran Catedral; hasta lo más profundo como la paulatina despenalización del aborto, el feminismo se ha posicionado como un tema que no puede seguir siendo ignorado.

En marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, distintos recintos dedicados al arte se unieron a la conmemoración y prestaron sus instalaciones para albergar algunas de las muchas expresiones artísticas que han surgido desde la lucha contra el patriarcado.

A un lado de las aguas verde olivo del lago de Chapultepec, en la Casa del Lago, la artivista transfeminista Julia Antivilo trabajó en la curaduría de la exposición ¡En la calle y en la historia! Un retrato de una lucha de más de cuarenta años del movimiento feminista en México.

Se toma como punto de partida 1979, año en que las integrantes del Movimiento Nacional de Mujeres (MNM) crearon una emblemática corona luctuosa decorada con objetos utilizados para abortar.

“Tomando como hito ese instante, viendo esta conjunción, a lo largo de investigaciones y de quehaceres dentro del arte feminista ves esta constante, esta desobediencia creativa que le llamo yo, en la cual todas las marchas son muy performáticas. Se expresa descontento, rabia, pena, todos los sentimientos que nos mueven al estar resistiendo este sistema de opresión y lo manifestamos en diferentes creaciones”, dice la curadora Julia Antivilo.

Otro acontecimiento relevante del año 1979 fue una cena mundial simultánea(International Dinner Party) organizada por Suzanne Lacy y Linda Pruess con el objetivo de dar a conocer las redes de organizaciones feministas y promotoras del desarrollo de la mujer de todo el mundo.

El evento rindió homenaje a la artista Judy Chicago, autora de la instalación conocida como The Dinner Party a través de la cual se reconoció a mujeres destacables que habían sido borradas de la Historia.


Partiendo de este “performance masivo”, Antivilo y sus compañeres se preguntaron de qué forma podían manifestar, protestar o hacer visible a las protagonistas de la historia tanto social como cultural de México.

Fue así que en los muros del recinto se colocaron fotografías de los archivos de Ana Victoria Jiménez y de Producciones y Milagros Agrupación Feminista, ambas dedicadas al resguardo de la memoria de las diferentes etapas del movimiento; desde finales de los setentas pasando por las marchas del #24A en el 2016 y las derivadas del feminicidio de Lesvy Berlín.

“Ahí está esa relación, (entre el arte y la protesta), siempre ha sido muy hermanada, la creatividad es la búsqueda de cómo manifestarse. El arte es una forma de pedagogía. Se nos ha enseñado a través de las representaciones de las mujeres, con las alegorías de la construcción del Estado como la libertad, la independencia y la patria, aunque no estén las mujeres ahí en cuerpo presente”, afirma la artivista.

“La subversión de esa mirada encuentra una buena mancuerna en el movimiento feminista, en la creatividad del feminismo para mostrar las diferentes formas en que se puede luchar y decir diferentes mensajes”, añade.

Fernanda Ramos, la responsable de la exposición Indicios de una revuelta artística feminista exhibida en el Museo de Arte Moderno, concuerda con Antivilo en la necesidad de mostrar las otras narrativas que han sido invisibilizadas.

“Las instituciones y los espacios de poder nos han contado historias sesgadas a partir de la construcción de un canon. Uno de los cuestionamientos más fuertes de la exposición es qué otras lecturas podemos encontrar sobre nuestras historias y corporalidades disidentes”, sostiene.

Para Ramos resulta importante volver la mirada al pasado para dar un recuento de cómo, desde el inicio de la segunda ola del feminismo en los años setenta, las mujeres siguen reclamando su lugar en la esfera pública.

Las obras de artistas como Lorena Wolffer, Lourdes Grobet, Nina Höchtl, Herminia Dosal, Yolanda Benalba, Magali Lara, Grita Grieta Mía, Sofía Echeverri, Rebeca Monroy, Lucero González, entre otras, se reunieron para mostrar el transcurso histórico de una lucha por la representación en los espacios públicos.

“Hay una necesidad de contar una historia que a veces pasa inadvertida y que trata de cómo las mujeres han tenido espacios de representación en el arte y que muchas veces no han sido los museos los que les han dado esas voces sino que ellas mismas se han buscado sus espacios”, comenta la curadora.

Es el caso de Archivo: El Tendedero de Mónica Mayer, presentado por primera vez como una pieza de arte participativo en el espacio público y luego en la exposición de Nuevas Tendencias de 1977-1978 en el Museo de Arte Moderno.

La pieza invitaba a las mujeres a participar y confesar cómo se vivía el acoso en el transporte público en la capital. El proyecto fue retomado después por alumnas de universidades como una forma de denuncia anónima en contra de agresores y perpetradores de la violencia de género.

Esto demuestra cómo las disidencias artísticas “trascienden las instituciones mismas, las prácticas creativas no son propias ni únicas de los museos, ni de las galerías sino que son prácticas que suceden en el espacio público. Tanto el arte como los activismos están cuestionando el papel de las mujeres en la sociedad y buscando una transformación social y política”, enfatiza Ramos.

La arquitecta y ceramista Irina Calderón materializó esta idea en el espacio creativo de Laguna, ubicado en el 172 de la calle Doctor Erazo, en la colonia Doctores.

Como Directora de Cultura y Comunicación del recinto, coordinó una exposición junto con María Muñoz alrededor del concepto de sororidad nombrándola Quizá quiso decir sonoridad.

“Empezando por el nombre hay sarcasmo, poca gente conoce o entiende la palabra sororidad, cuando la hemos dicho nos ha pasado a muchas mujeres que dicen, ¿qué? ¿sonoridad?, sono ¿qué?”, confiesa Calderón.

En las salas industriales iluminadas por el cálido tono de la resolana, se encuentran las creaciones de Azul de Metileno, Daniela Huerta, Fabiana Comas, María José Romero, María Muñoz, Mariana Dussel, Maya Monge y Sofía Ortiz, cada una con propuestas diferentes que van desde pintura, fotografía hasta video performance.

A tres horas de inaugurada la exposición, Calderón celebraba que las personas preguntaran por la palabra sororidad y conversaran en torno a su significado.

“Ya me he topado con 10 personas que no conocían la palabra sororidad que hoy ya la conocen, para mí eso ya está siendo un éxito. Así se comparte la información, me da mucho gusto que la gente empiece a conocer más esta palabra y que entiendan lo que significa”, comenta.

Para ella como para las otras dos curadoras, las expresiones artísticas son medios utilizados por el movimiento feminista que sirven para presentar realidades distintas, cuestionar las dinámicas establecidas y así poder transformarlas en pos de mejorar las condiciones de las mujeres.

“Yo creo que justo es con fuerza, con dignidad y con aplomo seguir presentándonos tal cual como somos y seguir diciendo lo que decimos con todas sus letras hasta que les quede claro”, subraya.