Hollywood volvió a burlar a la muerte. Los primeros siete meses y fracción de 2026 reavivaron la confianza de la industria, no solo en las películas, sino también en el acto de ir al cine. La venta mundial de boletos aumentó 15 por ciento respecto al año pasado y va camino a registrar su mejor resultado anual desde 2019. Cinco películas superaron los mil millones de dólares, y Spider-Man: Brand New Day estuvo cerca de alcanzar esa cifra tan solo en su primer fin de semana. Con nuevas entregas de Dune y Avengers en puerta, el grupo podría crecer a siete, la segunda cifra más alta de la historia.
Los éxitos provienen de territorios tanto conocidos como nuevos: una epopeya homérica (The Odyssey) y ciencia ficción sobre alguien perdido en el espacio (Project Hail Mary), secuelas familiares de gran presupuesto (Toy Story 5) y terror de bajo costo (Backrooms), películas originales (Obsession) y relanzamientos cargados de nostalgia (The Devil Wears Prada 2). Prácticamente todos los grandes estudios han conseguido un éxito importante, y uno de los mayores triunfos provino de una producción independiente distribuida por sus propios creadores (Iron Lung). Estos resultados recuerdan a muchos la famosa máxima del guionista William Goldman: “Nadie sabe nada”. Lionsgate no anticipó que su película biográfica sobre Michael Jackson superaría los mil millones de dólares en taquilla, ni Amazon previó que Project Hail Mary se acercaría a los 700 millones de dólares.
“Cualquiera que diga que esperábamos que hiciera lo que terminó haciendo está mintiendo”, afirma Courtenay Valenti, directora de cine de Amazon MGM Studios, sobre el éxito de taquilla protagonizado por Ryan Gosling. “Lo que me encanta del negocio del cine es que lo inesperado puede suceder”.
Aunque este verano no ha resuelto todos los problemas de la industria –la asistencia todavía está más de 20 por ciento por debajo de los niveles previos a la pandemia–, la sucesión constante de éxitos se siente distinta de fenómenos culturales aislados como Top Gun: Maverick, de 2022, o el doble fenómeno Barbenheimer del verano siguiente. Para entender este momento, Bloomberg Businessweek consultó a los expertos –directivos de estudios, productores, agentes de talento, cineastas, analistas y cinéfilos empedernidos– sobre las lecciones más importantes del año en que volvimos al cine.
Estas son nueve lecciones que Hollywood ha aprendido
1. Los jóvenes todavía quieren ir al cine
La industria cinematográfica, como el resto de la sociedad, teme perder contacto con la siguiente generación. Los teléfonos inteligentes y las redes sociales han dificultado llegar a los jóvenes y les han dado nuevas formas de entretenerse. Louis B. Mayer, de MGM, nunca tuvo que competir con TikTok y YouTube, mucho menos con Fortnite o Roblox.

El boom de los videojuegos, los podcast y, en particular, los videos cortos durante la pandemia alarmó a Hollywood respecto de los hábitos de consumo cultural de niños y adolescentes. “Existía toda esta narrativa de que los jóvenes ya no iban” al cine, afirma Peter Kujawski, presidente de Focus Features, la división de cine especializado de NBCUniversal.
Sin embargo, cada vez hay más indicios de que los cines han vuelto a conquistar sus corazones, sus mentes y sus carteras. La mayoría de los estadounidenses nacidos después de 2013 –también conocidos como generación Alfa, un grupo criado con dispositivos móviles que se vio especialmente aislado durante la pandemia– prefiere ver una película en la pantalla grande, según un informe de la firma de seguimiento de la industria National Research Group Inc. La generación Z, integrada por personas de entre 14 y 29 años, representa ahora 40 por ciento de todos los asistentes al cine en Estados Unidos, de acuerdo con el proveedor de datos de la industria Rentrak, 6 por ciento más que en 2022.
Y no se trata solo de las películas. Los jóvenes hacen fila para asistir a conciertos, espectáculos de comedia y otros eventos en vivo. Quieren salir de casa. Buscan experiencias colectivas. Los cines y los estudios están aprovechando el auge de esta economía de experiencias.
2. La nueva generación de cineastas e historias está en internet
The Mandalorian and Grogu recaudó apenas 82 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá durante su primer fin de semana, el peor estreno en la historia de la franquicia Star Wars. Una semana después, la venta de boletos se desplomó 70 por cienro, lo que la encaminó a convertirse en el primer gran fracaso del verano. En lugar de rendirse, Hollywood estaba ocupado celebrando el desempeño extraordinario de dos películas de terror con presupuestos mínimos: Obsession y Backrooms.
Backrooms, dirigida por Kane Parsons, un gamer de YouTube de 21 años, consiguió el mayor fin de semana de estreno en la historia de la distribuidora independiente A24. Obsession, dirigida por el youtuber Curry Barker, de 26 años, es la película más exitosa que Focus Features haya estrenado. Desde entonces, ambas superaron los 375 millones de dólares en taquilla, por encima de Mandalorian, cuya producción habría costado 165 millones de dólares (Backrooms costó alrededor de 10 millones de dólares; Obsession, menos de un millón de dólares). La élite de Hollywood celebró la llegada de Parsons, Barker y Mark Fischbach, director de Iron Lung, como el inicio de una nueva era de cineastas: nacidos en internet, pero decididos a llenar las salas.
Aunque a lo largo de los años han surgido de YouTube numerosos cineastas, comediantes y músicos, tres películas exitosas en rápida sucesión obligaron a todo Hollywood a reconsiderar dónde busca talento e ideas. “No le hemos ofrecido al público joven lo que quiere”, afirma el productor Jason Blum, cuya compañía produjo tanto Obsession como Backrooms. “No quieren la propiedad intelectual que todos nosotros amamos. A mí me encanta Star Wars, pero los jóvenes de 20 años quieren algo diferente”.
La industria debe tener cuidado de no excederse en su reacción. No todo lo que es popular en YouTube está listo para convertirse en un largometraje, pero es innegable que estos cineastas saben cómo comunicarse con el público joven de su generación. “Hay un mercado sin explotar entre las generaciones Z y Alfa, con una cultura propia de propiedad intelectual”, afirma Roy Lee, productor de los éxitos del año pasado A Minecraft Movie y Weapons.
3. Hollywood tiene que dejar de exprimir las franquicias hasta agotarlas
Cuando NBCUniversal se dio cuenta de que su nueva película de Shrek no estaría lista para este verano, adelantó la tercera cinta de los Minions para llenar el espacio. Parecía una apuesta segura. Las seis películas anteriores de Despicable Me, incluidas dos centradas específicamente en los Minions, habían recaudado en conjunto casi 6 mil millones de dólares. Es una decisión de la que el estudio podría arrepentirse. Minions & Monsters debutó con 36 millones de dólares en Norteamérica, el peor estreno de cualquier título de Despicable Me, y ha perjudicado a una de las franquicias más confiables de Hollywood.
La industria pasó los últimos 10 años tratando de replicar la gestión de Bob Iger en Disney. En lugar de apostar por costosas películas originales, construyó un flujo de productos con marcas ya reconocidas provenientes de Marvel Studios, Pixar y Lucasfilm. Marvel perfeccionó el modelo al integrar todo en el Universo Cinematográfico de Marvel, y posteriormente todos los demás estudios intentaron crear el suyo.
Incluso algo bueno puede llegar a ser excesivo. La versión de acción real de Moana, de Disney, se estrenó menos de dos años después de la cinta animada Moana 2, aunque retomaba exactamente la misma trama y las mismas canciones de la película animada original; se perfila para ocasionarle al estudio pérdidas superiores a 100 millones de dólares durante su paso por los cines. Supergirl, la decimotercera película de DC Studios en los últimos siete años, registró una de las recaudaciones más bajas en la historia de la franquicia. Incluso Marvel ha demostrado que puede equivocarse. “Si te preguntas: ‘¿No será demasiado pronto?’”, afirma Joel Lubin, codirector del grupo cinematográfico de Creative Artists Agency, “probablemente sea demasiado pronto”.
4. La próxima ola de nostalgia está en los primeros años de la década de 2000
Aunque el agotamiento de las franquicias ha llevado a los estudios a reevaluar sus prioridades, los títulos de un periodo en particular están demostrando ser terreno fértil para nuevas versiones: los primeros años de la década de 2000. Una nueva versión de acción real de Lilo & Stitch, estrenada originalmente en 2002, superó los mil millones de dólares el año pasado. La sexta entrega de Scary Movie –y la primera en más de una década– es la más taquillera desde la original. The Devil Wears Prada 2, de Disney, generó cerca de 700 millones de dólares en la taquilla mundial, más del doble de lo que recaudó la primera película en 2006. Y NBCUniversal tiene grandes expectativas para Focker-in-Law, la cuarta entrega de la franquicia Meet the Parents. Las películas que originalmente conectaron con los millennials y sus padres ahora sirven de materia prima para los millennials y sus hijos de la generación Alfa, sin olvidar a quienes estuvieron ahí la primera vez y que ahora son abuelos.
5. Ser cinéfilo vuelve a estar de moda
En las semanas previas al estreno de Sinners el año pasado, Eastman Kodak Co. publicó un video en el que el director Ryan Coogler hablaba de un tema decididamente poco atractivo: los formatos cinematográficos. Explicó los distintos tipos de película, desde el Super 8 hasta el formato grande de 70 milímetros, antes de abordar los detalles más específicos de las relaciones de aspecto. El video se volvió viral y resultó ser una pieza de mercadotecnia más eficaz que cualquier tráiler. La respuesta en internet anticipó el éxito de la película. Sinners recaudó 371 millones de dólares en todo el mundo y posteriormente obtuvo cuatro premios Oscar.
The Odyssey, de Christopher Nolan, demostró que este interés por el tamaño de la pantalla y el tipo de película no es una casualidad. Los aficionados gastan cientos de dólares y cruzan fronteras estatales para verla en el mejor formato posible. “Lo comparo con la primera vez que vi en persona una escultura de Miguel Ángel”, dijo Sergio Estrada a Bloomberg News. El profesor de 34 años, originario de El Paso, Texas, condujo hasta Tempe, Arizona, para ver la película en Imax de 70 mm y gastó alrededor de 500 dólares entre boletos, gasolina y un alojamiento de Airbnb.
Con tanta competencia por la atención del público, la forma más sencilla de convencer a alguien de salir de casa o contratar a una niñera es hacer que la película se sienta como un acontecimiento imperdible. Nolan y Coogler han revivido la tradición del director convertido en estrella y han apostado por algo que pocas personas tienen en casa: una pantalla absolutamente gigantesca. El prestigio de Imax se ha disparado a medida que cineastas de renombre promueven sus ventajas y los aficionados se entusiasman con sus aspectos técnicos, mientras los estudios compiten por filmar en ese formato y reservar las salas de la compañía para sus películas.
6. Hollywood finalmente encontró el periodo de exhibición adecuado
Los propietarios de cines y los estudios cinematográficos pasaron la última década debatiendo cuál debía ser el “periodo de exhibición” adecuado entre el estreno de una película en salas y su disponibilidad para verla en casa. Antes de la pandemia, los propietarios insistían en que una película permaneciera en exclusiva en los cines durante al menos dos meses y, por lo general, cerca de tres. Los estudios consideraban que este enfoque era anacrónico, sobre todo porque Netflix Inc. estrenaba cada año decenas de películas directamente en su plataforma de streaming. Pero los propietarios de las salas se negaban a ceder.
Durante la pandemia, con los cines cerrados, los estudios se sintieron con libertad para experimentar. NBCUniversal comenzó a ofrecer películas para compra en casa apenas 17 días después de su estreno en salas. Warner Bros. Discovery Inc. lanzó toda su programación en su plataforma de streaming al mismo tiempo que esas películas debutaban en los cines.
Sin embargo, durante el último año los estudios llegaron a un consenso en torno a un periodo de 45 días, que ha demostrado ser lo suficientemente largo para que quienes realmente quieren ver una película se den tiempo de hacerlo, pero no tanto como para que los estudios tengan que gastar millones adicionales en volver a promocionar el título cuando llega a las plataformas de streaming.
7. El público quiere finales felices
Meses antes del estreno de Michael, varios medios publicaron reportes sobre conflictos entre los cineastas y los representantes del legado del astro pop Michael Jackson. Estos últimos no querían que la película profundizara en las acusaciones de abuso infantil contra el cantante, lo que obligó al director Antoine Fuqua y al productor Graham King a rehacer el tercer acto. El resultado fue una película biográfica bastante convencional que evitaba cualquier aspecto escandaloso, lo que generó aún más artículos sobre cómo los cineastas habían sacrificado su visión. Al público no le importó. Solo quería ver a Jackson hacer el moonwalk sobre el escenario. Michael es ahora la película biográfica más exitosa de la historia.
Podría parecer difícil extraer alguna lección de esto. Las películas biográficas sobre músicos han sido populares desde hace mucho tiempo, y Jackson es el artista con mayores ventas de todos los tiempos. Sin embargo, la mayoría de los grandes éxitos de este año, desde The Odyssey y Project Hail Mary hasta Michael, comparten una visión del mundo esencialmente optimista, así como un elemento clásico del viejo Hollywood: el final feliz. En una época marcada por la guerra, la inflación, la creciente desigualdad y la incertidumbre sobre el futuro, el público anhela historias que le ofrezcan una escapatoria esperanzadora.
8. Nadie sabe nada
Pese a todo el optimismo, todavía hay muchas razones para no reaccionar de manera exagerada ante unos cuantos meses buenos. La recaudación se ha recuperado, en buena medida, por el aumento en el precio de los boletos y la popularidad de formatos premium como Imax. La asistencia a los cines continúa a la baja, y la participación de Hollywood en la venta de boletos en China, que alguna vez fue considerada el siguiente gran mercado, ha caído más de 50 por ciento desde la pandemia.
Solo una comedia estrenada este año ha recaudado más de 100 millones de dólares: The Sheep Detectives, una película poco convencional y costosa. Y pese a todo el revuelo en torno a Obsession, las películas originales han enfrentado dificultades. A pesar de sus excelentes críticas, Hoppers, de Pixar, figura entre las cinco películas menos taquilleras en la historia del estudio.
Los directivos de los estudios y los propietarios de cadenas de cines todavía debaten si las películas son una forma de entretenimiento masivo –¡boletos baratos para todos!– o una experiencia más exclusiva y especial. Esta última opción implicaría que la gente fuera menos veces al cine cada año, pero pagara más por esa pantalla gigantesca –y por algunas palomitas de edición especial–.
Lo peor que Hollywood podría hacer es caer en el fatalismo. Aunque ir al cine nunca volverá a ocupar el lugar central en la sociedad que tenía hace 50 o incluso 20 años, 2026 ha demostrado que el público responde cuando los estudios se arriesgan. Gastar 200 millones de dólares en una película sobre un hombre varado en el espacio con una roca es una gran apuesta. También lo es darle a Nolan 250 millones de dólares para realizar la primera película filmada exclusivamente con cámaras Imax. “Al final del día”, afirma Valenti, de Amazon, “solo necesitamos haber acertado más veces de las que nos equivocamos”. Quizá la lección más importante para Hollywood sea sencilla: hacer cosas geniales.
9. México y Hollywood de la mano
La pantalla grande vuelve a estar de moda, no solo en Estados Unidos, sino también en México. Para Cinépolis, el dato más revelador de 2026 no se limita a la recuperación de la taquilla: ir al cine volvió a ser un plan atractivo, una experiencia compartida y, en palabras de uno de sus ejecutivos, nuevamente “cool”.
La recuperación combina una cartelera favorable con el redescubrimiento de la experiencia colectiva. Después de años de consumir entretenimiento en celulares, tabletas y televisores, parte del público vuelve a valorar la escala de la pantalla grande, la potencia del sonido y la posibilidad de reaccionar junto con otros espectadores. “La gente está asistiendo a las salas, está viviendo una buena experiencia, está desconectándose”, afirma Miguel Rivera, vicepresidente global de Programación de Cinépolis.
En México, este renovado interés coincidió con una oferta especialmente diversa de estrenos en 2026. El terror sigue siendo un imán para el público de entre 15 y 25 años y ha conservado una fortaleza particular desde los años más difíciles de la pandemia. Además, México suele ubicarse como el segundo mercado más importante para este tipo de producciones. Rivera destaca otro rasgo de su audiencia: la asistencia de mujeres es ligeramente superior.
La animación y el cine familiar, géneros tradicionalmente sólidos en América Latina, también aportaron títulos que el público consideró imperdibles. A ellos se sumaron películas respaldadas por creadores de contenido capaces de convertir millones de seguidores en compradores de boletos. La producción mexicana más popular del año en Cinépolis ha sido ¿Quieres ser mi... novia?, protagonizada por Juanpa Zurita, quien construyó su popularidad con videos en YouTube y otras redes sociales.
Un impulso adicional para el mercado mexicano provino de fuera de Hollywood: los partidos del Mundial de futbol. “El cine se posicionó como el segundo mejor lugar para poder ver el Mundial si no estabas en el estadio porque podías estar en un ambiente, digamos, tipo tribuna, con una pantalla enorme y viviendo un ambiente de fiesta”, dijo Rivera a Bloomberg Businessweek México.
La lección para Cinépolis es que la recuperación no consiste en volver al modelo anterior, sino en ofrecer al público suficientes razones para salir de casa. El cine vuelve a estar de moda porque ya no se vende únicamente una película, sino una experiencia que merece compartirse.




