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Los nómadas digitales están transformando la vivienda en Medellín

Medellín impulsa un modelo turístico que mezcla lujo, comunidad y diseño arquitectónico. Las nuevas “viviendas turísticas” redefinen la ciudad y atraen a nómadas digitales de todo el mundo.

Coliving en Medellín
Coliving en Medellín Cool Living en el barrio Laureles de Medellín. ( Edinson Arroyo)

Comer en los barrios más exclusivos de Medellín es ser sorprendido por el sonido de los taladros. La mayoría de los edificios en construcción son “viviendas turísticas”, un estilo emergente que combina elementos de hotel boutique, espacio de co-living y departamento tipo estudio.

Estas propiedades de renta a corto plazo están dirigidas a los nómadas digitales que han llegado a Colombia desde otros países de América Latina, Europa y Estados Unidos a partir de la pandemia por Covid-19.

La mayoría son visitantes menores de 45 años que permanecen desde algunas noches hasta varios meses. Según la consultora Growth Lab —propiedad de la desarrolladora local Trazos Urbanos— se han construido, o están en construcción, unas 90 “viviendas”, con costos que van desde proyectos de un millón de dólares con unas cuantas unidades hasta torres de 100 millones levantadas por grandes desarrolladores.

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Medellín Nuevo alojamiento en construcción en el barrio El Poblado de Medellín. (Edinson Arroyo)

Las “viviendas” comparten características clave: amplias habitaciones privadas con baño y cocina; internet rápido; áreas comunes; y, con frecuencia, actividades en el lugar. Con tarifas a partir de unos 50 dólares por noche, ofrecen una relación de precio y comodidad difícil de encontrar en otras ciudades globales. También reflejan una visión urbanista ambiciosa de sus arquitectos, muchos de los cuales se formaron en la época de la transformación urbana de Medellín.

“Queremos alguien que pueda disfrutar el lugar —nuestra cultura, el trópico y nuestra ecología local— de manera más consciente”, dice Federico Mesa, arquitecto y codirector de Plan:B, firma que concluye la construcción de su tercera “vivienda”, Entre Muros, un inmueble de 22 unidades en el barrio El Poblado, dentro de una mansión restaurada que perteneció a un magnate textil.

“Sabemos que este tipo de turismo —y de turista— existe”.

Aunque los espacios de co-living y los departamentos con servicios son comunes en polos nómadas como Barcelona o Ciudad de México, las “viviendas” de Medellín suelen construirse desde cero y se regulan como hoteles. Representan la última expresión de un cambio de identidad a largo plazo para la ciudad, otrora conocida como la capital mundial del asesinato. A inicios de los 2000, con apoyo del gobierno nacional, Medellín emprendió un ambicioso esfuerzo por diseñar y construir su salida de la violencia brutal de los carteles en los años 80 y 90. Jóvenes arquitectos como Mesa compitieron por dejar huella en parques icónicos, complejos deportivos deslumbrantes y bibliotecas monumentales en barrios de ladera antes dominados por pandillas del narco.

Ese proceso de renovación urbana, junto con la mayor seguridad, el clima templado y un peso débil, atrajo cada año a más visitantes. “Un día nos dimos cuenta de que no teníamos camas”, recuerda Mesa. Para cubrir la demanda, residentes locales empezaron a rentar sus departamentos en Airbnb, lo que disparó los precios de renta y agravó problemas de larga data con el turismo sexual y de drogas. Para 2023, podían verse volantes contra extranjeros en las calles de la ciudad.

Con el turismo extranjero en ascenso como fuente clave de ingresos para Colombia —el sector generó unos 10 mil millones de dólares en 2024, casi tres veces lo que el país exportó en café—, los funcionarios electos han intentado mitigar los efectos negativos sin frenar la llegada de visitantes. Desde 2020, el país impuso límites estrictos a las rentas de corta estancia en edificios residenciales, y en Medellín se idearon incentivos para canalizar los nuevos desarrollos hacia zonas menos propensas a la gentrificación. El hecho de que las “viviendas” sean operadas y atendidas de manera profesional, a diferencia de la mayoría de los Airbnbs, ayuda a desalentar el turismo sexual y de drogas, aseguran las autoridades locales.

Entre Muros, Medellín
Entre Muros El desarrollo Entre Muros. (Edinson Arroyo )

Los Patios Cool Living, una torre de ladrillo con 51 habitaciones, abrió en 2023 en el frondoso barrio de Laureles. En una tarde de junio, una brisa atravesaba el vestíbulo donde los huéspedes tecleaban en sus computadoras y jugaban ping-pong. “Esa corriente está pensada”, comenta el arquitecto Juan David Botero de Planta Baja, firma que también diseñó una “vivienda” de 100 habitaciones a pocas cuadras. Como otros arquitectos locales de su generación, Botero considera que el aire acondicionado debe reducirse al mínimo, privilegiando la ventilación natural, la abundancia de plantas y materiales frescos como el concreto pulido.

Como muchos de sus colegas, Botero diseñó primero un proyecto público antes de entrar en la hospitalidad: el Museo Casa de la Memoria, dedicado a las víctimas de la violencia urbana de Medellín. Algo de esa influencia puede sentirse en Los Patios. Aunque cuenta con lujos como bar en la terraza, tienda de regalos y alberca, sus habitaciones y atrios están pintados en homenaje a los elaborados murales de los barrios periféricos más duros. En el vestíbulo, un manifiesto proclama el espíritu de la ciudad como: “SIEMPRE CONSTRUYENDO NUEVO Y VOLVIENDO A EMPEZAR”.

Todas estas propiedades, incluidas las más lujosas que cobran 200 dólares por noche, venden a los huéspedes la oportunidad de sentirse parte de una comunidad auténtica. Aunque la mayoría de los nómadas globales se queda menos de un mes en cada lugar, las “viviendas” insisten en colocar la palabra living en sus nombres, como para distinguir la experiencia de un simple “alojamiento”. Algunas atienden nichos específicos, con decoraciones atractivas listas para Instagram y cabinas de grabación para creadores de contenido, o barras de jugos para los más orientados al fitness.

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Coliving en Medellín Espacios en Los Patios Cool Living. (Edinson Arroyo)

“El bienestar es lo que está marcando ahora”, señala la arquitecta Paola Álvarez. Tras diseñar un hotel spa en Laureles, su firma, Bassico, desarrolla MedellINN, un proyecto que originalmente se concibió como un hostal tradicional y ahora se está reconvirtiendo en un oasis para huéspedes preocupados por la salud, en particular mujeres que buscan estancias más largas e inmersivas.

“El negocio de los hostales está muriendo. Nadie quiere estar tan cerca después del Covid, y ahora se necesita un toque de lujo para competir”, asegura Joel Goleburn, expropietario de hostales cuyo proyecto de cuatro unidades de “vivienda” y coworking —CHCW House, diseñado por Plan:B— abrió en 2024. Con su techo ondulante de varas de bambú suspendidas, acabados en madera clara y una dramática escalera en espiral, “simplemente se siente acogedor”, dice Goleburn, quien añade que nunca ha tenido que anunciarse: los clientes encuentran la propiedad en Booking.com y otras plataformas.

Anuncios en busca de inversionistas —ya sea para adquirir unidades individuales o participaciones de proyectos— se multiplican en medios locales y redes sociales. Los desarrollos pequeños y medianos atraen capital de inversionistas locales y estadounidenses con lazos en Colombia, mientras que los más grandes han captado fondos asiáticos y europeos. Las tasas de ocupación rondan el 70 por ciento, en línea con el sector hotelero de Medellín en los últimos años. Y a diferencia de los arrendamientos tradicionales, en los que los inquilinos gozan de fuertes protecciones, aquí los administradores pueden desalojar huéspedes cuando lo consideren necesario.

Los nómadas digitales son quizá el cliente ideal para desarrolladores y diseñadores, pero representan menos del 10 por ciento del millón de visitantes extranjeros que recibe la ciudad cada año. Los edificios atraen también a locales, desde empleados reubicados hasta hombres recién divorciados. “Lo que atrae a los nómadas atrae a mucha gente”, señala Andrés Giraldo, director de Growth Lab.

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Billar Los espacios incluyen mesas de billar. (Edinson Arroyo)

¿Ayudarán estas nuevas propiedades a contener la gentrificación? Es como pasa en la Ciudad de México, donde los visitantes de larga estancia y turistas han desplazado a residentes de varias colonias, y se han realizado protestas en demanda de una respuesta del Gobierno. En Medellín, las “viviendas” “deberían ayudar a reducir la presión sobre los edificios residenciales”, dice el urbanista Daniel Madrigal, quien ha trabajado con autoridades y desarrolladores locales en los últimos años para gestionar el auge turístico. Pero la ciudad tendrá que seguir adaptándose a medida que los visitantes continúen llegando, advierte. “He estado en muchas reuniones últimamente, y parece que estamos lejos de ver el final de esto”.

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