Casi como una bienvenida, en la víspera de la reunión virtual que sostuvieron la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la cancillería mexicana envió una nota diplomática al gobierno norteamericano, demandando que no se canalicen más recursos de sus programas de ayuda a grupos que fueron calificados en esa misiva como opositores.
La nota enviada al gobierno norteamericano caracteriza a la organización “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad” como un virtual partido opositor más que como parte de la sociedad civil.
El organismo, dedicado a investigar, difundir y combatir hechos de corrupción en los gobiernos desde que se fundó durante la administración de Peña Nieto, ha sido profundamente impopular entre los funcionarios públicos pues ha puesto en evidencia hechos de corrupción a nivel federal y estatal.
Como muchas organizaciones, requiere de financiamiento que obtiene entre empresas mexicanas y fundaciones, así como organismos internacionales.
No sabemos si en la reunión entre la vicepresidenta de EU y AMLO hubo alguna alusión a ese caso. Es probable que no, ya que el equipo de la vicepresidenta Harris tiene la encomienda del presidente Biden de atender los temas relativos a la migración y no a las relaciones globales entre los dos países.
Sin embargo, la queja del gobierno mexicano fue enviada y su homólogo de Estados Unidos tendrá que responder.
Es probable que, como muchas veces en el lenguaje diplomático, la respuesta sea elusiva y no diga ni que sí ni que no.
A Biden no le conviene generar un conflicto diplomático por un recipiente del financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), pero hay la certeza de que tampoco va a aceptar que el gobierno mexicano le imponga sus criterios respecto a las organizaciones que califican para recibir apoyo de los norteamericanos. Si la USAID hiciera caso a los gobiernos, quizás la mitad de los organismos financiados serían excluidos.
El episodio es un ejemplo del nuevo tono que tendrán las relaciones entre ambos países. La luna de miel con Trump habrá quedado muy atrás y ahora las relaciones serán más complicadas.
El financiamiento reclamado por el gobierno en su nota fue otorgado en el periodo de Trump y durante ese lapso no hubo ningún cuestionamiento, aunque los datos que se han mostrado públicamente estaban en manos del SAT.
¿Por qué se hace el reclamo ahora?
Porque AMLO quiere empezar a mover las piezas de la relación bilateral de una manera diferente.
Sabe que el gobierno y el Congreso de EU van a ser menos complacientes que la administración anterior y es probable que respalden los reclamos de empresas norteamericanas que se están quejando de que algunas reformas legales, como la de hidrocarburos o la eléctrica, están violando diversas cláusulas del TMEC.
Igualmente, las críticas a las acciones en materia de combate al crimen organizado probablemente vayan a subir de tono.
Con todo, creo que el presidente Andrés Manuel López Obrador va a tener el cuidado de no construir una narrativa respecto a un presunto intervencionismo de Estados Unidos.
Sabe que, si la economía mexicana se está recuperando este año, en buena medida es por el empujón de nuestro vecino. Sin el impulso exportador y remesas, quizás seguiríamos estancados.
López Obrador va a seguir “pintando su raya” y rechazando opiniones críticas que provengan de Estados Unidos, pero al mismo tiempo no caerá en la retórica del “intervencionismo yanqui”, que podría ser una amenaza para la economía.
Es decir, la relación entre ambos gobiernos va a moverse en una línea delgada e inestable.
Seguramente se van a buscar las convergencias, como la referida en cuanto a la necesidad de promover el desarrollo para frenar la migración. Pero se van a mantener las diferencias, como la visión de EU de que faltan acciones del gobierno en el combate a las organizaciones criminales.
El gobierno de Biden enfrenta uno de sus temas más urgentes a la crisis migratoria. Y, está tratando de distanciarse de la estrategia del muro, la vigilancia y la expulsión, que caracterizaron al gobierno de Trump. Pero, el problema es muy complejo y puede salirse de control fácilmente.
De hecho, la percepción de que, tras el triunfo de Joe Biden iba a ser posible un acceso más fácil y rápido a Estados Unidos, fue uno de los factores que motivó el crecimiento de las corrientes migratorias.
La realidad es que las cosas aún no cambian, salvo quizás la actitud de la patrulla fronteriza y la paralización de todas las actividades de construcción del muro en la frontera.
Sin embargo, no hay puertas abiertas para que llegue a Estados Unidos quien quiera, en la búsqueda de asilo político o simplemente de alguna fuente de ingreso.
Ese tema marcará diferencias importantes entre los dos gobiernos, ya que todo indica que EU no ve con simpatía la intención de promover el desarrollo en Centroamérica con programas al estilo de “sembrando vida” y que más bien, busca condiciones para que sea la inversión privada la que genere crecimiento y empleo en esas naciones.
El otro punto que está por romperse en el tejido de las relaciones que han mantenido estos dos países: México y Estados Unidos, está vinculado al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Existen diversos grupos empresariales, sobre todo en el ramo energético, que buscarán usar las vías que ofrece el Tratado para reclamar las modificaciones legales en las áreas eléctrica y de hidrocarburos, que, a su juicio, rompen algunos compromisos fijados en el Acuerdo.
Si bien los mecanismos de resolución de controversias no son ágiles, los propósitos de dar más poder a Pemex, a CFE y a la secretaría de Energía, van a abrir una vía de litigios que va a estar presente en la relación comercial de los dos países por mucho tiempo.
El otro aspecto que va a generar ruido en las relaciones con el vecino del norte es el intento del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de acercarse a China y Rusia.
El presidente Vladimir Putin ya tiene la invitación formal para acudir a las festividades realizadas por los 200 años de consumación de la independencia en México. Más allá de que se ve difícil que acuda, el gesto fue simbólico del intento de estrechar lazos con Rusia.
La provisión de vacunas chinas y rusas está siendo usada con el propósito de jugar a la diplomacia del Covid, es decir, apoyar a gobiernos que requieren vacunas, a cambio de tener más presencia en la región.
Tal vez por esta razón, el gobierno de Biden ha tomado la decisión de aumentar la escala de la vacunación y eventualmente permitir la exportación de las vacunas que hoy se están aplicando en Estados Unidos.
Veremos si esa estrategia funciona.






