Monterrey

¿Dinero o Poder?

OPINIÓN. ¿Lo más difícil? Ceder el poder. Y es que, aún y cuando los predecesores no cuenten con un ingreso fijo o no posean inversiones suficientes como para vivir cómodamente de sus rentas, el dinero suele ser el mínimo de los problemas.

Aunque usualmente los procesos sucesorios son una excelente oportunidad para reinventar los negocios e involucrar a las siguientes generaciones, también suelen ser un dolor de cabeza para los fundadores o generaciones al mando.

Y es que, un proceso sucesorio implica: 1) formar e informar a los miembros de la siguiente generación para que sean buenos operadores y/o accionistas, 2) compartirles conocimiento tácito que a veces ni siquiera tenemos codificado, 3) otorgarles beneficios económicos acorde a las labores que realizan, y lo más importante, 4) enseñarlos—vía prueba y error—a que puedan tomar decisiones por ellos mismos.

En pocas palabras, la sucesión nos compromete a cederles, poco a poco, información, experiencia, dinero y poder. En ese orden.

¿Lo más difícil? Ceder el poder. Y es que, aún y cuando los predecesores no cuenten con un ingreso fijo o no posean inversiones suficientes como para vivir cómodamente de sus rentas, el dinero suele ser el mínimo de los problemas; lo realmente retador es que le otorguen la confianza "a otros" para que tomen decisiones sobre el patrimonio que tanto tiempo y sacrificio les costó construir: "A estas alturas, prefiero el poder; dinero ya tengo".

¿Por qué? Muy fácil, porque el trasmitir poder conlleva riesgo e impacta la autoestima personal. Regalar dinero es fácil; entregar el poder es lo complicado. Dicen que el dinero va y viene. El poder no: O lo tienes o no lo tienes.

El poder es la capacidad de tomar decisiones sobre algo (empresa/patrimonio) y de otorgar recompensas y castigos (a colaboradores/miembros de la familia). Es la prerrogativa que tienen los predecesores para hacer que las cosas sucedan, y representa para ellos, un símbolo de posesión/dominio que integra su propia personalidad. Por ello, resulta tan difícil desprenderse de él.

Por ende, la transmisión de poder de una generación a otra es, sin lugar a dudas, el acto más grande de amor, confianza y solidaridad que existe en la familia empresaria. Y es que, en este proceso, se está poniendo a prueba el genio de negocio y la autoestima de quien entrega la estafeta—volviéndolo vulnerable.

Para minimizar esta vulnerabilidad, y prevenir un potencial y nada descabellado "golpe de estado" una vez que hayan otorgado poder, es recomendable que en paralelo, y mientras están cediendo la operación, el dinero y el poder, los predecesores realicen otras funciones, como por ejemplo:

1) Iniciar solos, o con algún miembro de siguiente generación que tenga la ilusión de emprender, un nuevo negocio donde puedan tomar decisiones, implementar y enseñar—especialmente a los hijos más chicos.

2) Dejar la operación del negocio familiar al sucesor(es); poner reglas claras sobre los objetivos a lograr y evaluar el desempeño. Si las metas no se cumplen habrá que corregir y guiar desde la trinchera—no regresar al campo de batalla.

3) Asistir con voz y voto a las reuniones del Consejo de Administración o del Comité Técnico del Fideicomiso. Contratar asesores que impulsen el gobierno familiar-empresarial y las buenas prácticas corporativas.

4) Entender que la siguiente generación puede (y debe) asumir riesgos. Están en la edad de hacerlo. Obviamente, estos deben ser controlados—medirlos.

5) Promover causas sociales y empresariales a nombre de la familia y/o empresa.

Y Usted…¿Qué prefiere ceder primero?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

También lee:

whastapp