En el ámbito empresarial existen dos tipos de conflictos: los relacionales y los funcionales. El conflicto relacional es aquel que incluye un componente emocional. El conflicto funcional, el que se basa en un choque de ideas u opiniones.
Si bien el conflicto relacional es peligroso porque en medio de la exaltación no hay reflexión—se hiere y daña al otro sin pensar en las consecuencias—una dosis de conflicto funcional bien manejado puede promover la creatividad, la toma de decisiones consensuadas y aunque cueste creerlo, la armonía.
Las discusiones constructivas ayudan a desarrollar la resiliencia y la unidad. No obstante, desarrollar la capacidad de diferir productivamente requiere no sólo defender los puntos de vista de forma lógica, sino también ceder sin perder la determinación (humildad) y aprender de la experiencia (conciencia).
Así pues, la pregunta del millón es ¿Cómo podemos fomentar y mantener discusiones familiares-empresariales constructivas? Aquí les comparto mis 6 recomendaciones:
1. Aprende a discutir “en familia”.
La familia es el primer lugar donde aprendemos a reñir y a negociar. Y aunque la mayoría de las familias prefieren evadir las discrepancias, aprender a tener discusiones constructivas requiere práctica. Así que, antes de pensar en trabajar juntos, los miembros de la familia deben aprender a discutir juntos—de forma productiva. Tener espacios donde cada integrante defienda sus puntos de vista de manera civilizada y dé retroalimentación positiva ayudará a cultivar esta habilidad.
2. Presta atención a las críticas.
Cuando hablamos de familias empresarias, detrás de una discusión, hay siempre una petición. Justamente por eso, es esencial prestar atención a las críticas (opiniones). Y es que, de nada servirá ganar el argumento (por cansancio o indiferencia) si el desacuerdo de fondo no se soluciona. Silenciar las críticas, o ignorarlas, transformará un conflicto funcional intenso en un conflicto relacional profundo ¡Ojo!
3. Cuida tus expresiones.
Si realmente queremos construir a partir de una discusión, debemos evitar los descalificativos. Se trata de atacar el argumento, no a la persona. Además, habrá que prestar atención al lenguaje no verbal. Los aspectos no verbales pueden llegar a representar hasta el 93% de la comunicación. No se trata de con quién estamos discutiendo, sino de cómo lo estamos haciendo.
4. Busca los tonos grises.
Los seres humanos tendemos a clasificar las cosas en dos categorías. Es lo que se llama, sesgo binario. Por eso, para poder evaluar una situación, debemos tener no dos, sino varios puntos de vista. Incrementar la complejidad nos obliga a encontrar los matices o, dicho de otra forma, los tonos grises. Y es que, cuando sólo tenemos dos opiniones divergentes, nuestro cerebro se obsesiona con la propia postura y nos impide reevaluar las cosas.
5. Enfócate en la excelencia, no en ganar.
La finalidad de una discusión familiar-empresarial no debe ser ganar, sino definir cómo haremos funcionar mejor nuestra relación y el negocio. Para ello, hemos de definir en qué estamos de acuerdo y en qué no; plantear la discrepancia como un debate de ideas y centrarnos más en el cómo (forma de hacer) que en el por qué (causa-efecto). Cuando discutimos los porqués, nos involucramos con nuestra postura. Cuando nos enfocamos en el cómo reevaluamos nuestras ideas.
6. Elige bien tus batallas.
Aunque discutir civilizadamente debe convertirse en una tradición familiar, elegir bien las batallas (discrepancias) es un arte. Y es que, no se trata de coincidir siempre, sino de evitar que un intercambio de opiniones se salga de control y se transforme en un infierno emocional, o sea, en un conflicto relacional. Por eso, a veces, estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo también es sano—de hecho, se denomina tolerancia.
En resumen: Discutir no tiene porque ser una experiencia negativa. Un debate bien llevado puede ser muy productivo. Y es que, la ausencia de conflicto familiar-empresarial no simboliza armonía, al contrario, es señal clara de indiferencia y apatía. Así que… ¡Cuidado!
La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.




