Migración, narco y racismo... cuando la realidad 'encarna' la ficción
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Migración, narco y racismo... cuando la realidad 'encarna' la ficción

COMPARTIR

···
menu-trigger

Migración, narco y racismo... cuando la realidad 'encarna' la ficción

bulletEn 'Sabrás que fue la vida'de Jill Begovich, la migración transfronteriza, pero también la rural-urbana, así como el narcotráfico o el racismo son un reflejo del estado de la humanidad.

Mauricio Mejía
12/11/2018
Sabrás que fue la vida es la novela más reciente de  Jill Begovich.
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

México es el lugar ideal para que la realidad supere la ficción. La periodista Jill Begovich sabe que el país atraviesa un momento convulso del que no puede hacerse a un lado. Admite que no puede sacarse a la reportera que lleva dentro. Por eso su más reciente novela, Sabrás que fue la vida (Planeta), es un libro que bien podría suceder en el papel o en un barrio de la Ciudad de México.

La migración, el narcotráfico o el racismo son el trasfondo para hablar sobre la condición humana como una experiencia social, en la que todos los seres humanos están expuestos a rebasar los límites de su entorno, aunque la vida se les vaya en ello.

La escribí hace cuatro años y llega en el momento que tiene que llegar. Es producto del timing y del destino, igual que se cruzan los destinos de estas tres mujeres de las que hablo en el libro. Tristemente se trata de temas muy actuales y que incluso han alcanzado su punto más álgido en los últimos 50 años. Hablo sobre la violencia de género y la migración. El año pasado surgió el movimiento #MeToo, y si bien hay opiniones controvertidas al respecto, creo que ha servido para visibilizar el problema de la violencia contra la mujer. Es una novela pertinente si observamos lo que ahora pasa en nuestra frontera sur. Es curioso: siempre nos habíamos sentido víctimas de ser extranjeros en el norte, pero ahora nos vemos en el espejo, y descubrimos que de esa aparente situación de víctimas, resultamos victimarios.

De verdad que ha sido cruel. En ese libro hablo de la migración transfronteriza, pero también de otra que casi nunca hablamos y es igual de cruel: la rural-urbana. En las colonias donde se desarrolla la novela, en la Ciudad de México, en la alcaldía Miguel Hidalgo, hay altos niveles de población indígena, y hablo sobre cómo convive una mujer otomí, que es uno de los personajes protagonistas, con una chavita de clase media que va a la Ibero y con una señora, ahora que el término muy en boga, fifí, un ama de casa rica, con mucho evento social. Cómo se juntan estas tres historias, es algo que sólo puede suceder en la Ciudad de México.

Creo que este libro es una ficción muy real. No me puedo quitar el periodista que traigo colgando, ni cuando escribo una novela. Estoy hablando de algo que sucede todos los días, en todas las casas: el luto, la pérdida, las adicciones, las enfermedades mentales, que son un tabú, todavía; el narcotráfico, la migración. No fue difícil entrelazarlos porque están ahí, los vivimos todos los días.

La disciplina es esencial. La constancia es una cosa, pero la disciplina es a veces no tener ganas de escribir y hacerlo aunque a las dos horas se borren 15 cuartillas que no sirven para nada. Es la diferencia entre escribir una novela y un ensayo. En un ensayo siempre hay material de apoyo para resurgir de un lugar en el que no puedes avanzar, pero en la novela lo traes todo en la cabeza, tienes que defenderte y hacer análisis profundo de todos tus miedos y emociones, de tus ganas y tus deseos.

Placeholder block

Un par de botellas de vino me ayudaron en los momentos más difíciles. Porque es más sencillo desnudar el alma frente a un extraño, que cuando desnudas tus miedos frente a ti mismo y los plasmas sobre el papel. Finalmente todas las novelas de todos los autores tienen datos autobiográficos. Todas. Y te das cuenta que está ahí y lo van a leer, y se van a preguntar: ¿esto sí será de Jill? ¿Esto se lo inventó? ¿Tendrá trastorno obsesivo-compulsivo? Sí, pero ya lo superé. De verdad que escribir es una terapia. Este libro me salvó de tres años de terapia.

 No, eso no se hace.

Guardé la novela en un cajón durante seis meses. Muchos escritores me recomendaron esto: aunque ya la hayas leído cinco veces y creas que está perfecta, no la mandes a publicar, mejor déjala añejar para ver si envejece bien. Después de medio año la abrí, le puse tres acentos, dos comas y la volví a guardar otros seis meses en lo que buscaba quién podía leerla. Las novelas deben añejarse, como los buenos vinos, creo yo.