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¡Viva Fernando VII!: ¿Por qué dijo eso Miguel Hidalgo en el ‘Grito’ de Independencia?

En Dolores se hicieron sonar las campanas de la iglesia de la que Hidalgo era cura, para convocar a los habitantes a empuñar las armas contra el virreinato de la Nueva España.

El “Grito de Dolores” fue el llamado a la sublevación que lanzó el cura Miguel Hidalgo y Costilla la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en el poblado de Dolores, Guanajuato, lo que marcó el inicio de la Guerra de Independencia de nuestro país.

En la población de Dolores se hicieron sonar las campanas de la iglesia de la que Hidalgo era cura, para convocar a los habitantes a empuñar las armas contra el virreinato de la Nueva España. Todos los mexicanos sabemos que es la celebración cívica más importante. Lo leímos año con año en la escuela primaria y secundaria.

Hidalgo liberó a los presos de la cárcel y encarceló a los enemigos de la Independencia. Había llegado con apenas una docena de hombres y logró reunir a 300, armados sobre todo con piedras, palos, machetes y algunas escopetas.


Miguel Hidalgo tomó como pendón la imagen de la Virgen de Guadalupe a la que, según los historiadores, le puso la inscripción siguiente: “Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII y muera el mal gobierno…”.

¿Por qué Fernando VII?

Definitivamente no imaginamos al ‘Padre de la Patria’ aclamando al rey de España, el entonces líder de la nación de la que nuestro país quería independizarse. Sin embargo, esa es la realidad básicamente porque Hidalgo no buscaba la independencia. Lo que deseaba era que la Nueva España fuera autónoma, no independiente.

“Con la abdicación de Carlos IV, al trono de la corona española, a favor de los franceses, en 1808, se generó en la Nueva España un sentimiento de vacío de poder, al desaparecer la autoridad legítima del rey español. Este hecho hizo que las autoridades de la Nueva España, como el Ayuntamiento de la Ciudad de México, declararan que correspondía al pueblo la formación de un gobierno temporal y provisional, que ante la falta de monarca y de gobierno, la soberanía residía en la propia Nueva España, principalmente en los cuerpos que llevaban la voz pública”, relata una investigación del Gobierno de México titulado La Independencia de México.

Ordenado sacerdote en el año de 1803, Miguel Hidalgo se hizo cargo de la Parroquia de Dolores, Guanajuato, en donde mejoró las condiciones de sus feligreses, casi todos indígenas, enseñándoles a cultivar viñedos, cría de abejas y a dirigir pequeñas industrias de loza y ladrillos.


En el año de 1809 se unió a una sociedad secreta formada en Valladolid, cuyo fin era reunir un congreso para gobernar la Nueva España en nombre del rey Fernando VII y en su caso, obtener la independencia del país.

“Hidalgo realmente no buscaba la independencia, sino era partidario de una especie de autonomía, en total acuerdo con la tradición española al respecto. Miguel Hidalgo simplemente buscaba que la Nueva España tuviera un gobierno regional propio, pero para ello era indispensable que se conservara la legitimidad del gobierno, cuya cabeza era Fernando VII”, relata por su parte el historiador e investigador Héctor Fernando Guzmán.

Para lograr la Independencia de México hubo dos movimientos diferentes. Un movimiento social y político, encabezado por personajes como Miguel Hidalgo y José María Morelos que inició en 1810, recuerda el doctor Alfredo Ávila Rueda, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

El objetivo de la lucha, sin embargo, era la independencia total de España. Hidalgo fue tomado prisionero en marzo de 1811 y fusilado –tras ser excomulgado- en julio del mismo año. La Independencia se consumó el 27 de septiembre de 1821, con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. La guerra insurgente unió a criollos con mestizos e indígenas.

Con información del Gobierno de México y del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.