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Resolvamos dudas: ¿qué tan seguro es vacunar a los niños contra el COVID?

Vacunar a los niños reducirá las tasas de contagios y ayudará a reducir el riesgo de complicaciones a más largo plazo.

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El Reino Unido decidió vacunar a los niños de entre 12 y 15 años contra el COVID-19, pero planea administrarles una sola dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech. Algunos se preguntarán por qué no simplemente hace lo que están haciendo la mayoría de los países: aplicar las dos dosis que el ensayo de Fase III demostró tienen una eficacia del 100 por ciento para prevenir la infección. Sin embargo, esta no es la primera vez que el Gobierno del primer ministro Boris Johnson manipula las dosis de vacunas. Por ejemplo, en adultos, el Reino Unido apostó por extender el intervalo entre ambas dosis, hasta por 12 semanas, en contraste con otros países que lo hicieron de tres semanas para la vacuna Pfizer-BioNTech y cuatro semanas para la versión de Moderna.

Esa decisión previa, de la que inicialmente fui crítico, fue reivindicada no solo por la caída de hospitalizaciones y muertes, sino también por el hallazgo de que un intervalo extendido es potencialmente más efectivo para prevenir infecciones. Creo que esta última decisión sobre los niños tiene mucho sentido y podría ser un modelo a seguir para otros.

En primer lugar, una sola dosis es más segura que dos para los niños. Hay datos precisos de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos que sugieren que, para menores de entre 12 y 15 años, el riesgo de inflamación cardíaca poco común, conocida como miocarditis y pericarditis, asociada con las vacunas contra el COVID-19 se produce la mayoría de veces después de una segunda dosis de vacuna de ARNm. La incidencia fue menor entre mujeres. También hay evidencia que sugiere que la vacuna Moderna tiene un riesgo potencialmente mayor de inflamación del corazón que la vacuna de Pfizer-BioNTech.


Segundo, incluso una sola dosis tendrá eficacia. Sabemos, por los ensayos de Fase III de las vacunas, que tras la primera dosis esencialmente se aplana la curva de infección. Aproximadamente diez días después de la primera dosis de cualquier vacuna, ya existe un impacto muy significativo en las tasas de infección en las personas inmunizadas. Si bien no está claro cuánto tiempo dura esa protección para la vacuna Pfizer-BioNTech, el Reino Unido puede confiar en la evidencia que ha recopilado con su campaña de vacunación, que utilizó un intervalo de ocho a 12 semanas entre la primera y la segunda dosis de las vacunas Pfizer-BioNTech y AstraZeneca. Los resultados arrojaron una reducción de entre 55 y 70 por ciento en el riesgo de infecciones sintomáticas para ambas vacunas contra la variante alfa del virus.

Una sola dosis también es eficaz contra la variante Delta durante unos meses, según datos de Canadá, Reino Unido y Qatar, con una reducción del riesgo de infección de entre un 58 y un 76 por ciento. Si bien la mayoría de estos datos provienen de programas de vacunación para adultos, el impacto sobre el riesgo de infección no debería ser diferente en una cohorte más joven.

Los niños son los menos propensos a estar en peligro por el virus. Las tasas de hospitalización asociadas con una infección por COVID-19 son las más bajas entre los jóvenes de 12 a 15 años, de igual forma que la tasa de mortalidad, según datos de los CDC de Estados Unidos. Aun así, vacunar a los niños reducirá las tasas de contagios y ayudará a reducir el riesgo de complicaciones a más largo plazo, incluso de infecciones leves, como el síndrome inflamatorio multisistémico, raro pero devastador, que, como su nombre indica, implica una hiperinflamación grave de varios factores órganos críticos al mismo tiempo.

Incluso si el efecto de una sola dosis dura solo unos pocos meses, proporcionará una cobertura significativa durante el invierno mientras continúa reduciendo el riesgo de transmisión viral a otros grupos de edad más vulnerables. Además, ayudará a evitar el potencial de infecciones por múltiples virus con SARS-CoV-2 y otros de tipo respiratorios. Esto debería conducir a menos ausentismo y otras interrupciones en el aula. Y, quizás el beneficio social más tranquilizador, los padres podrán tener un poco de tranquilidad después de meses de educación en casa.

La opinión del articulista no coincide necesariamente con la de Bloomberg. Ni con la de El Financiero.