Algarabía

Los vericuetos del género: A qué se debe el sexismo en la lengua

Lo masculino o femenino en la lengua no tiene nada que ver con lo masculino o femenino en la identidad de género.

Cada lengua es reflejo de la cultura que la habla, por eso encontramos que hay lenguas de distinto tipo, de diferente índole y propósito, de diversa factura y corte.

En este sentido, cada uno tiene características determinadas dadas por la idiosincrasia y la manera de ver el mundo de los diversos grupos humanos.

Los sistemas lingüísticos se diferencian unos de otros porque la cultura que los creó y que los usa es diferente.

El género es un concepto meramente gramatical que no tiene nada que ver con el sexo. La palabra «género» viene del latín generus, que quiere decir: «clase o tipo a que pertenecen personas o cosas».

Lo masculino o femenino en la lengua no tiene nada que ver con lo masculino o femenino en la identidad de género.

Clase nominal

La clasificación de la clase nominal en masculino, femenino y neutro es engañosa. Que en el sustantivo silla rija al género femenino: la silla blanca, la silla alta, la silla negra, no quiere decir que sea mujer, ni mucho menos.

En general, los límites de los géneros o las clases de palabras son muy arbitrarios, aunque cada lengua tiene los suyos. En este sentido, términos como masculino, femenino y neutro deben ser entendidos como etiquetas o clasificaciones necesarias para el orden y la memorización de los hablantes.


Los sustantivos epicenos

Son aquellos que tienen forma idéntica para ambos géneros. Las palabras testigo y grande pueden estar en masculino o femenino. Lo importante de este concepto es que nos ayuda a dejar claro que no siempre el sexo determina diferencias de género hablando, por supuesto, en términos gramaticales; es decir, que aunque la palabra catarina sea femenina, no significa que sea hembra, puede ser que hablemos de un macho; tampoco decimos «la sapa», «el rano», «el balleno», o «el hormigo».

El género puede significar muchas cosas: números, colores o clasificaciones propias de cada idiosincrasia lingüística. Por ejemplo, en el japonés existe un clasificador que designa todo «lo que es largo» o «con forma de cable o bat».