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Fregate Island, el turismo de lujo como herramienta de conservación

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Fregate Island

En medio de una industria que busca redefinir su papel frente a la crisis climática, existen casos que plantean una narrativa distinta: la posibilidad de que el turismo de alto valor funcione como un mecanismo de conservación ambiental y, al mismo tiempo, como un modelo de negocio viable.

Desde Fregate Island, en Seychelles, esta lógica se pone a prueba. Anna Zora, gerente de Conservación y Sostenibilidad del destino, resume este cambio de paradigma con una postura que contrasta con la visión más crítica que predomina en el sector: “Como muchos conservacionistas jóvenes, alguna vez vi el turismo como una causa importante de destrucción ambiental. Con el tiempo, me di cuenta de que también puede ser un aliado poderoso”.

El modelo de Fregate Island se basa en la premisa de que el turismo, cuando es gestionado bajo criterios estrictos, puede financiar directamente la conservación.

A diferencia de destinos masivos, donde el volumen de visitantes presiona los ecosistemas, este tipo de propuestas apuesta por menos densidad pero mayor poder adquisitivo, lo que permite generar ingresos suficientes para sostener programas ambientales de largo plazo.

En este contexto, la biodiversidad deja de ser únicamente un valor ecológico para convertirse en un activo estratégico, pero también en un riesgo crítico.

Zora lo explica desde una perspectiva sistémica: “Todas las especies son prioritarias. La naturaleza es un equilibrio delicado: si un elemento se altera, todo el sistema se ve afectado”.

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Anna Zora

En el caso de la isla, este principio adquiere una dimensión aún más contundente, ya que existen especies endémicas cuya desaparición no tendría reemplazo.

“Tenemos especies únicas de Fregate, si desaparecen aquí, desaparecen del mundo”, advierte, en referencia a organismos como el escarabajo de Fregate, el caracol enid o la tarántula miniatura. Bajo esta lógica, la conservación deja de ser un componente reputacional para convertirse en una condición operativa del negocio.

El funcionamiento del modelo también descansa en otro elemento poco visible pero determinante: la continuidad. En una industria donde muchos proyectos ambientales dependen de esfuerzos aislados o coyunturales, Fregate ha apostado por institucionalizar sus procesos.

“Uno de los logros más importantes ha sido construir consistencia, un programa sólido y estructurado que cualquiera pueda retomar en cualquier momento”, señala Zora. Esto se traduce en sistemas claros de monitoreo, reportes y gestión, respaldados por datos accesibles y protocolos definidos.

A nivel individual, este enfoque también ha permitido avances inéditos. Zora destaca ser la primera persona en documentar el comportamiento de caza de las tortugas gigantes, así como eventos de desove de coral en Seychelles, hallazgos que refuerzan el valor científico del modelo y su potencial más allá del turismo.

No obstante, este tipo de propuestas también evidencian las limitaciones estructurales del sector. Para la especialista, una parte de la industria hotelera sigue operando bajo una lógica superficial.

“Ha habido avances, pero desafortunadamente muchos siguen siendo superficiales. Cuando veo mensajes como ‘somos un hotel sostenible, por favor apague la luz’, queda claro que estamos lejos de la verdadera sostenibilidad”, apunta.

El problema, sostiene, es de fondo: “La sostenibilidad real requiere cambios sistémicos, no solo mensajes. Hay demasiado discurso y poca acción”.

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